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Santiago
Canto Sosa
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Creyó la estatua que su brillo de mármol o de bronce daba lustre a los jardines.
Creyó en el discurso del poeta, del político indiscreto que a veces la saludaba con su mano abierta.
Creyó la ingenua estatua que la luna se posaba en ella para absorber su prestigio de héroe cotidiano.
Y creyó en la libertad la pobre estatua que aún recibe la saliva de los pájaros "a la hora exacta del crepúsculo".
_______________________________ Fuente: Canto Sosa Santiago. Los cantos de Uno. Ayuntamiento de Calkiní. Ediciones Nave de Papel. 1997. 52 pp. |
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JULIO
DE 2002
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Grupo Génali (Géneros Narrativo y Lírico) |