“Amo a Dios, al Dios del pesebre, del
Calvario y de la Eucaristía, no quiero
otro tesoro ni otra herencia”.
“Sólo
una cosa es necesaria y esto es lo que aconsejo
por amor de aquel a quien te entregaste como
Hostia Santa y agradable: recorre la senda de
la felicidad con cautela”.
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Durante el tiempo que estuvo enferma y en cama,
Santa Clara hilaba finísimas telas de
las cuales elaboró juegos de corporales
que destinó a distintas Iglesias.
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Y cuando iba a recibir el Cuerpo de Nuestro
Señor, se bañaba en lágrimas,
luego se acercaba estremecida y con mucha reverencia,
a recibir a quien está en el Sacramento
del Altar.
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