Calkiní, 12 de febrero de 2006
 
El amor abre sus puertas (1984)
 

AL PAN DE TU CARICIA...

Al pan de tu caricia carcelera

vino a morder la lengua de mi piel,

a punto de ser agua, vino, miel,

en esta soledad, sol de madera.

Vino la luna de tu voz... Quisiera

mi pobre corazón, con su pincel,

enamorar tus vértebras sin hiel.

Vino la rosa de tu nombre. Espera,

no acude a mí la risa de morfeo,

ni el hambre alcanza a devorar mi pena.

El agua de tu cántaro, sonora,

se acerca a mi llamado y no la veo;

pero es posible que tu amor de arena

endulce el mar de mi salada aurora.

 

NACE UN CAPULLO BLANCO...

Nace un capullo blanco en mi coraza

de relojardín, ahora detenido.

Por el abrazo de un aroma henchido

nace una flor abierta sin mordaza.

Un caracol de tierra, que te abraza

recoge de tu miel un sol molido.

Con tijeras de tiempo es conducido

mi corazón de enredadera y brasa.

No sé por dónde brota el laberinto

de tu rosarcoiris que se pierde

entre los anchos pliegues de la ropa.

Sólo sé que en tu pecho algún jacinto

espejará su imagen –hoja verde–

cuando en silencio bebas de mi copa.

 

LA TARDE ESTÁ CELOSA...

La tarde está celosa de mi llama

porque en el sol tu mano busca fuego.

No quiere desprender su antigua rama

de luz amarillenta, luz de ciego.

Un cardenal esquivo silba y ama

entre los cántaros de sed en juego.

Después, el ave roja que te aclama

enciende los pabilos de mi ruego.

Mi llama está celosa de la tarde

porque mojó su mecha desde el cielo,

desgaste de mis chispas en la hoguera.

Por eso el pájaro vacila y arde,

sin ánimos, mientras desquita el vuelo

sobre las plantas en tu enredadera.

 

LA NOCHE AVANZA EN MI RELOJ...

La noche avanza en mi reloj de sombra:

desnuda, como siempre, sin cadena;

sin horas tristes, sin dolor de pena;

por eso canto con matiz que asombra.

Nadie me llama sal, nadie me nombra

hombre de plata con mujer de arena.

Abajo de una luz –boca morena–

jamás un eco azul busca mi sombra.

Nocturna soledad viene de prisa

con agujas de tiempo y de ceniza

a ver una mujer en mi costado.

La edad del sol camina entre mis poros,

pero una luna llena de tesoros

me invita su candor azucarado.

 
 
Fuente: Sonetario inconcluso. Santiago Canto Sosa. Ediciones Nave de Papel. Bacalar, Quintana Roo, 1996. 40 pp.