Entre
los pintores consagrados, puedo citar a Sergio
Cuevas, César May Tun y Enrique Herrera
Marín. Descuellan en esta labor, jóvenes
como Luis del Rosario, Bartolomé Chan
May, José Santiago Caamal, Fermín
Huchín, Elmer y Arturo Cocom, Marcos
Chab, Francisco Ché Uicab, Leydi Kú
Noh, Jhony Chan Canto, entre otros.
Uno
de estos últimos, no aludido y sí
empecinado en plasmar con su pincel el entorno,
las formas de su terruño, es Jorge Alberto
Anchevida Chan, nacido en esta ciudad el 26
de febrero de 1974, hijo del profesor becaleño
Santiago Anchevida Uc, quien le habrá
enseñado a difuminar imágenes
y colorear la telilla de las cosas.
Al
darse a conocer la convocatoria en que el Ayuntamiento
de Calkiní invitaba al público
a participar en un concurso para crear el escudo
representativo de nuestro municipio, el también
profesor Anchevida Chan se dedicó a conjuntar
símbolos autóctonos y recientes,
trazando en un pliego de luminosidad un espejo
en el que se mire el heredero de una civilización
inmarcesible.
Jorge
Anchevida, en el producto de su estro dibuja
en la parte central un arco hispánico
de piedra, que contempla a un hombre maya emergiendo
de un pozo, y cuyas extremidades superiores,
arboladas, techan el cielo en sinople. En la
parte inferior dos manos sostienen sendas mazorcas
en tributo. Lo que en propias palabras del autor
significa: el arco, el sojuzgamiento de Cal-Kín
ante el invasor español; el pozo, Halim,
fuente de vida; el hombre y sus cuatro ramificaciones
en cada mano, representan a Tzab Canul y sus
ocho hermanos, en la ampliación de sus
dominios; el maíz, fruto de la tierra,
sustento y moldura original de la raza.
En
el contorno, la figura luce estelas mayas con
jeroglíficos e intercalación de
alegorías artesanales: un cántaro,
un sombrero, un libro abierto y una acuarela
simbolizando los puntos cardinales, interpretándose
como el lenguaje antiguo entremezclado con expresiones
actuales de cultura.
Está
enmarcada por un par de pergaminos nombrando
la ciudad y el cacicazgo Ah Canul; de este último
surgen dos ramas de laurel (la victoria sobre
el tiempo), que fluyen en sentido contrario
entre rayos amarillos, cuyos tonos en derredor
semejan un sol que descansa en un arquillo,
simulando la base de un trofeo (el orgullo del
mestizaje frente al porvenir).
Es
así como Jorge Anchevida resulta ganador
absoluto del certamen, el sábado 24 de
abril de 1999, según el acta notarial
resguardada en archivos de la Casa de Cultura,
mereciendo un reconocimiento perenne: su autoría
contribuye a resplandecer el horizonte gráfico
de Calkiní.
Sin
embargo, en charla con algunos amigos, estudiosos
en la materia, surgieron comentarios acerca
de que dicha obra no cumple con todos los requerimientos
de la Heráldica, que utiliza diversos
factores en la estructuración de un verdadero
escudo.
Es
imprescindible impulsar el arte en la amplitud
de sus expresiones cotidianas, en los centros
educativos, instituciones oficiales y, sobre
todo, en el ámbito familiar, como fuente
inagotable y natural de aprendizaje.
Calkiní,
Campeche. 8 de abril de 2000.