Dulce Heredia Lira
 

 

Iván

ván lleva en su sonrisa
la claridad de una mañana en primavera,
y en sus ojos
el incesante arrullo de un poema.

No dejes que el bramar del tiempo
hiera el vivaz andar de su mirada.

No dejes que tus desalientos
se conviertan en una muralla para su alma.

Iván sabe que el sol vive
en cada palabra que vuela hacia su madre
y él la abriga con cada sonido de aliento.

No permitas que los demonios engendrados por tu carne
habiten en el sinfín de sus recuerdos.

No permitas que el polvo de tus lamentos
opaque el aroma de su risa.

Iván sueña en un mundo
donde los rostros cubren las máscaras
y el tiempo no es más que rocío pasajero.

Iván despierta...
Y con él
nace el alba de nuestros días.

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Fuente: A perpetuidad, libro de cuentos y poemas de próxima aparición.

 
SEPTIEMBRE DE 2002

Grupo Génali (neros Narrativo y rico)