Hoy
el amor deambuló por las calles de mi ciudad.
Cayó al suelo bajo la mirada atónita de niños,
Cayó bajo la lengua hiriente del sol
y nadie intentaba detener a las serpientes de los látigos
que mordían la espalda del Redentor.
Vociferantes voces vidriosas
de soldados romanos
calaban los oídos de este pueblo pecador
que desea purgar sus culpas
en estos días de ruda y albahaca.
El Hijo de Dios hoy estuvo en mi ciudad
y todos, como Pedro,
lo negamos cuando un gallo cantó
tres veces antes de decir:
Señor, perdón, Señor.
Luego todo calló
mientras a lo lejos
se diluía en el río del viento
un lastimero: “Perdona a tu pueblo, Señor”…
Hoy el amor estuvo en mi ciudad
y aún no sabemos dónde está. |