RETRATOS:
Se
habían conocido en un museo. Él, dispuesto a seducirla;
ella, esperando el embate de la fiera.
El
macho devoró la cara de la diosa. Su rostro fue demolido
a golpes de mirada. Qué sensación en plenitud de
pétalos.
Ella,
en su condición de presa, fue haciéndose débil,
resquebrajando su cintura como una tabla de papel crepé.
Él, dominaba el asunto sin importarle cuánto susurro
al oído de la hembra, quien olía a telarañas.
Por
qué seguir narrando, si aún solteros perduran su
romance desde las paredes.
JULIETA:
La
amada, pletórica de besos, columpia las manos de Romeo;
dispuesta al suicidio en un balcón de la novela. Julieta
de hoy y siempre, calcula el peso de sus brazos con la báscula
reprimida del futuro.
No
hay más bondad que este concilio de rebaños. La
sumisión al acto permanecerá hasta cuando quiera
la mujer.
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