Haz clic
   
Portada
 

Frente a la palmera,
sube con mojada melena
sin aceite en la cintura
brilla con dulzura,
su figura morena.

Corre hacia arriba desnuda
con el llamado del cielo,
abre con su colmillo un gran agujero

a la altura de mi cuello.

Succiona mis ideas
las metaboliza inmediatamente,
sólo toma lo que necesita

y deja que caiga entre espinos y ciruelas.

Busca de nuevo siluetas,
como un armadillo en otoño,
retazos de recuerdos,
para que pueda alimentar su alma.

Cae rendida en cuclillas,
tiene veinte silencios en su espalda,
el peso vence su cuerpo
y se desparrama desmayada
(con un halo de esperanza).

Recoge su cabello negro,
entre mis manos agrietadas,
gime como pariendo
y brota de sus poros una savia.

Siento cómo mi piel se quema
y me abraza desesperada,
siempre esperé que muriera
sin que yo me enterara.

Mis manos gotean como cera
y se alimenta otra vez,
se levanta erguida y bella,
con la silueta perfecta,

moldeada entre agua y arena.

Conozco sus ojos (hasta ahora),
respira mi silencio y me consume.

Con solo tocarme me ata de nuevo
a su cintura,
se eleva,

se pierde,

me atrapa
y me ama.

 
 
Fuente: Ensayo sobre el sueño. Francisco Ucán-Marín. Campeche, Cam., 2001. 106 págs.