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(14 de agosto de 2005)
 
"Tierra de la eterna fantasía" // Santiago Canto Sosa
 

Hace algunos días llegó a mi biblioteca un libro editado de manera artesanal; está hecho por las manos del autor, y de sus hijos (quienes ilustraron el contenido de este poema, que habla del Calkiní de todos los tiempos, con dibujos y viñetas de sus plumas adolescentes).

El volumen lleva por título CALKINÍ: TIERRA DE LA ETERNA FANTASÍA; se trata de un Poema Histórico (1441-1998), obra de Iván Turriza Pinto (1956), nacido en este solar cautivante por su memorable cultura.

El volumen está prologado por Fred Jorge Iván Berzunza Chacón, quien aclara: “El trabajo que nos presenta, en versos rimados, aunque no es una perfección literaria, si hablan por sí solos del gran amor que siente por esta su tierra natal, la tierra de los Canul.”

Turriza Pinto (los apellidos crean una metáfora) nos invita a entrar por la puerta por donde los ancestros pasaron, después de haber salido de la destruida Mayapán, hace 559 años, aproximadamente. Recuerda, a través de cuartetos de rimas pareadas, y una cadencia forjada por doce, trece y catorce sílabas, el comienzo del cacicazgo florecido en el Camino Real, ofreciendo, asimismo, pasajes del pretérito local; enaltece los rasgos indígenas y da la pauta a seguir buscando nuevos datos que acrecienten la biografía de Calkiní.

Explica: “Los guerreros se asentaron en este suelo/ al que casi compararon con otro cielo;/ respetuoso hizo plegarias el Ahau Can,/ a este edén terrenal le nombraron: Tuuk Caan.”

Hace un recorrido por los caminos del Mayab, y denota en un lenguaje sencillo, aunque vigoroso en traducciones (302) de vocablos mayas y regionalismos, los aconteceres cotidianos del mestizaje.

La presencia española en nuestro país es vociferada con el mismo tono poético, confrontando imágenes de la estirpe que batalló y que aún lucha por rescatar un idioma y una identidad sin soslayos.

Afirma: “Entonces se desató en Zipatán la guerra/ flechas y arcabuces hacen temblar la tierra,/ los Ah Canul sólo ofrecen sus recios pechos,/ al sucumbir, de la tierra hicieron sus lechos.”

Hace un recorrido lírico por barrios de la localidad, por comisarías y juntas municipales del Calkiní contemporáneo. Menciona una sinopsis del mar en Isla Arena, las cuevas artificiales de Chuc Say, el Nunkiní desbordado por su fe religiosa, los patronos y patronas de los altares católicos; en fin, acuden a su numen momentos de su vida en San Joaquín, “donde cada objeto esconde mágica historia,/ y el pájaro toh habita en la vieja noria.”

Habla de leyendas, sucesos y personajes, integrados en un legajo de 86 cuartillas, cuya portada e interiores promueven el trazo de “variantes de cabeza”, utilizadas en la paginación al pie de las primeros 13 hojas. Al igual, resalta el contenido con puntos y rayas significativos de la numeración maya.

Se sugiere pulir y corregir aspectos, como el uso excesivo de significados adheridos a palabras híbridas; así también el de profusas repeticiones en sonidos al final de verso (rimas agudas), lo cual empalaga el oído y se prefiere descansar los ojos a causa de ese andar a prisa.

Ojalá se realice un tiraje formal de este libro, que circula desde hace varios meses en el municipio de Calkiní, cuyo costo es absorbido por el propio autor, y que va publicando de uno en uno, para regalárselos a sus amigos y familiares con el gusto de dar a conocer, desde otra perspectiva, umbrales de cosas y costumbres de nuestros antepasados, que no debemos seguir eludiendo ante el fluir de los días.

3 de marzo de 2000.

 
Fuente: Los ojos de Ah-Canul. Reseñas, comentarios. Santiago Canto Sosa. Calkiní, Campeche, 2000-2005.