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(20 de febrero de 2005)
 
Sin Vaho. (El por qué de un nombre...) // Iván Turriza Pinto
 

Puesto que no preveo que la energía atómica
llegue a ser una gran bendición hasta dentro
de mucho tiempo, he de decir que de momento
es una amenaza. Albert Einstein.

El 16 de octubre del presente año (2003), en el Instituto Tecnológico Superior de Calkiní y con motivo de su segundo aniversario, se llevó a cabo la inauguración de un mural cuyo autor es el pintor calkiniense Sergio Cuevas Avilés. (Nota relacionada)

La temática central es la sociedad y el cerebro. El mencionado autor detalla la interpretación de su obra: “De izquierda a derecha en la parte baja de la obra se inicia el tema con una caña de maíz, planta ligada íntimamente al destino del hombre americano, en el desarrollo de la misma se ve como la mazorca en forma de crótalo de cascabel (connotación religiosa derivada de las culturas mesoamericanas y en nuestro caso de la cultura maya) de la cual emergen las branquias y crecen hacia lo alto, dando pié a la representación simbólica de tres cabezas, la primera abriendo el corte esquemático del cerebro; interpretado en este proyecto plástico, como la frontera indómita de las ciencias, una mujer al centro y un hombre, ambos jóvenes, material humano con potencial suficiente y necesario para consolidar el progreso y desarrollo de un pueblo, un estado, una nación y en las raíces de la planta de maíz y hacia la derecha se puede apreciar la figura del papiro, celoso portador de los secretos más íntimos representados por los jeroglíficos mayas; sedente de un piso conformado por la piedra tallada y junto al desarrollo de una escalinata, figura que simbólicamente tiene que ver con la elevación del espíritu hacia las cimas del conocimiento y del saber.

En el centro del mural y también en corte esquemático la figura del cerebro rodeado por los triángulos de luz divina fuente de todo conocimiento y al centro el ojo, que se ofrece como la fuente natural de percepción de todos los fenómenos naturales que surten y enriquecen la vida del ser humano. Se ve como la mano del creador, de manera oferente y en cuya palma descansa un tintero y libros, sirven de base para la representación del hombre en su infinita comunicación con el átomo y su estructura molecular adyacente que en aras de la eternidad conforma y confirma la existencia humana”.

Asimismo, se puede apreciar que para destacar los puntos cardinales, se hace uso de la simbología utilizada por nuestros antepasados mayas: Zac (Blanco) para el Xamán (Norte), Kan (Amarillo) para el Nohol (Sur), Chac (Rojo) para el Likín (Este), Ek (Negro) para el Chikín (Oeste).

Uno de los aspectos que llama la atención es el título de la obra presentada: Sin Vaho.

Durante la exposición de motivos, realizada por el Director General del Instituto C.P. Javier García González, éste mencionó que había pedido al autor del mural le permitiera poner el título a la citada obra. Y mencionó que: En el Popol Vuh, Libro del Consejo, se lee: “Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucutah, Iqui Balam, fueron los primeros hombres creados y formados sólo por un prodigio del Creador, el Formador, los progenitores, Tepeu y Gucumatz, eran hombres buenos y hermosos que hablaron, conversaron, vieron y oyeron, anduvieron y agarraban las cosas.

Dotados de inteligencia alcanzaron a conocer todo lo que hay en el mundo, la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra, así como las cosas ocultas.

Grande era su sabiduría, sus conocimientos llegaban hasta los bosques, las rocas, los lagos, los mares, las montañas y los valles, alcanzaron a conocerlo todo; lo que no fue del agrado del Creador y el Formador –no está bien lo que dicen nuestras criaturas, nuestras obras; todo lo saben, lo grande y lo pequeño- dijeron. Y así celebraron consejo nuevamente los progenitores: - ¿Qué haremos ahora con ellos? ¡Que su vista sólo alcance lo que está cerca, que sólo vean un poco de la faz de la tierra! No está bien lo que dicen. ¿Acaso no son por su naturaleza simples criaturas y hechuras nuestras? ¿Han de ser ellos también dioses? ¿Y si no procrean?

- Refrenemos un poco sus deseos, pues no está bien lo que vemos. ¿Por ventura se han de igualar ellos a nosotros sus autores que podemos abarcar grandes distancias, que lo hacemos y vemos todo?

Esto dijeron el Corazón del Cielo, Huracán, Chips-Caculhá, Raxá-Cuculhá, Tepeu-Gucumatz, los progenitores, Ixpiyacoc, Ixmacané, el creador y el formador. Así hablaron y cambiaron la naturaleza de sus obras, de sus criaturas.

Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo lo que era claro para ellos.

Así fue destruida su sabiduría y todos los conocimientos de los cuatro hombres, origen y principio de la raza quiché.

Así fueron creados y formados nuestros abuelos, nuestros padres, en el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra...”

El mural nos transmite que por medio de la ciencia, la juventud y el género humano, se van apropiando de los conocimientos necesarios para forjarse un futuro mejor, o sea, se van quitando la venda de los ojos; por medio de la ciencia el hombre mejora su calidad de vida; por medio de la ciencia la humanidad descorre los misterios de la creación.

La ciencia puesta al servicio de la comunidad. La ciencia para una vida más digna. La ciencia para redimir al género humano.

Pero... ¡Cuidado! La ciencia en manos criminales, perversas y sin escrúpulos parecen darle la razón a los progenitores: ¡No está bien que el hombre concentre tanto poder en sus manos!

Igual que el insolente Ayax de Oileo parece que los seres humanos están empeñados en develar los misterios de su creación “a pesar de los dioses”. Y tal vez, al igual que al hijo de Eriopis, los dioses castiguen a la humanidad precipitándola en el fondo de la vorágine del caos de la destrucción total.

¿Será necesario poner nuevamente un hasta aquí a su altanería?
¿Será necesario poner nuevamente un hasta aquí a su soberbia?
¿Será necesario poner nuevamente un hasta aquí a su arrogancia?
¿Será necesario poner nuevamente un hasta aquí a su impertinencia?
¿Será necesario poner nuevamente un hasta aquí a su desplante de superioridad?
¿Será necesario darle nuevamente un castigo que le haga recordar la fragilidad de su existencia?

Los progenitores, Tepeu y Gucumatz, están preocupados. Sus creaciones no tienen límites a sus audacias. Están: Sin Vaho.

 
Fuente: Texto proporcionado por Iván Turriza Pinto