Puesto
que no preveo que la energía atómica
llegue a ser una gran bendición hasta dentro
de mucho tiempo, he de decir que de momento
es una amenaza. Albert Einstein.
El
16 de octubre del presente año (2003),
en el Instituto Tecnológico Superior de Calkiní
y con motivo de su segundo aniversario, se llevó a
cabo la inauguración de un mural cuyo autor es el pintor
calkiniense Sergio Cuevas Avilés. (Nota
relacionada)
La
temática central es la sociedad y el cerebro. El mencionado
autor detalla la interpretación de su obra: “De
izquierda a derecha en la parte baja de la obra se inicia
el tema con una caña de maíz, planta ligada
íntimamente al destino del hombre americano, en el
desarrollo de la misma se ve como la mazorca en forma de crótalo
de cascabel (connotación religiosa derivada de las
culturas mesoamericanas y en nuestro caso de la cultura maya)
de la cual emergen las branquias y crecen hacia lo alto, dando
pié a la representación simbólica de
tres cabezas, la primera abriendo el corte esquemático
del cerebro; interpretado en este proyecto plástico,
como la frontera indómita de las ciencias, una mujer
al centro y un hombre, ambos jóvenes, material humano
con potencial suficiente y necesario para consolidar el progreso
y desarrollo de un pueblo, un estado, una nación y
en las raíces de la planta de maíz y hacia la
derecha se puede apreciar la figura del papiro, celoso portador
de los secretos más íntimos representados por
los jeroglíficos mayas; sedente de un piso conformado
por la piedra tallada y junto al desarrollo de una escalinata,
figura que simbólicamente tiene que ver con la elevación
del espíritu hacia las cimas del conocimiento y del
saber.
En
el centro del mural y también en corte esquemático
la figura del cerebro rodeado por los triángulos de
luz divina fuente de todo conocimiento y al centro el ojo,
que se ofrece como la fuente natural de percepción
de todos los fenómenos naturales que surten y enriquecen
la vida del ser humano. Se ve como la mano del creador, de
manera oferente y en cuya palma descansa un tintero y libros,
sirven de base para la representación del hombre en
su infinita comunicación con el átomo y su estructura
molecular adyacente que en aras de la eternidad conforma y
confirma la existencia humana”.
Asimismo,
se puede apreciar que para destacar los puntos cardinales,
se hace uso de la simbología utilizada por nuestros
antepasados mayas: Zac (Blanco) para el Xamán (Norte),
Kan (Amarillo) para el Nohol (Sur), Chac (Rojo) para el Likín
(Este), Ek (Negro) para el Chikín (Oeste).
Uno
de los aspectos que llama la atención es el título
de la obra presentada: Sin Vaho.
Durante
la exposición de motivos, realizada por el Director
General del Instituto C.P. Javier García González,
éste mencionó que había pedido al autor
del mural le permitiera poner el título a la citada
obra. Y mencionó que: En el Popol Vuh, Libro del Consejo,
se lee: “Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucutah,
Iqui Balam, fueron los primeros hombres creados y formados
sólo por un prodigio del Creador, el Formador, los
progenitores, Tepeu y Gucumatz, eran hombres buenos y hermosos
que hablaron, conversaron, vieron y oyeron, anduvieron y agarraban
las cosas.
Dotados
de inteligencia alcanzaron a conocer todo lo que hay en el
mundo, la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra,
así como las cosas ocultas.
Grande
era su sabiduría, sus conocimientos llegaban hasta
los bosques, las rocas, los lagos, los mares, las montañas
y los valles, alcanzaron a conocerlo todo; lo que no fue del
agrado del Creador y el Formador –no está bien
lo que dicen nuestras criaturas, nuestras obras; todo lo saben,
lo grande y lo pequeño- dijeron. Y así celebraron
consejo nuevamente los progenitores: - ¿Qué
haremos ahora con ellos? ¡Que su vista sólo alcance
lo que está cerca, que sólo vean un poco de
la faz de la tierra! No está bien lo que dicen. ¿Acaso
no son por su naturaleza simples criaturas y hechuras nuestras?
¿Han de ser ellos también dioses? ¿Y
si no procrean?
-
Refrenemos un poco sus deseos, pues no está bien lo
que vemos. ¿Por ventura se han de igualar ellos a nosotros
sus autores que podemos abarcar grandes distancias, que lo
hacemos y vemos todo?
Esto
dijeron el Corazón del Cielo, Huracán, Chips-Caculhá,
Raxá-Cuculhá, Tepeu-Gucumatz, los progenitores,
Ixpiyacoc, Ixmacané, el creador y el formador. Así
hablaron y cambiaron la naturaleza de sus obras, de sus criaturas.
Entonces
el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre
los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla
sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo
pudieron ver lo que estaba cerca, sólo lo que era claro
para ellos.
Así
fue destruida su sabiduría y todos los conocimientos
de los cuatro hombres, origen y principio de la raza quiché.
Así
fueron creados y formados nuestros abuelos, nuestros padres,
en el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra...”
El
mural nos transmite que por medio de la ciencia, la juventud
y el género humano, se van apropiando de los conocimientos
necesarios para forjarse un futuro mejor, o sea, se van quitando
la venda de los ojos; por medio de la ciencia el hombre mejora
su calidad de vida; por medio de la ciencia la humanidad descorre
los misterios de la creación.
La
ciencia puesta al servicio de la comunidad. La ciencia para
una vida más digna. La ciencia para redimir al género
humano.
Pero...
¡Cuidado! La ciencia en manos criminales, perversas
y sin escrúpulos parecen darle la razón a los
progenitores: ¡No está bien que el hombre concentre
tanto poder en sus manos!
Igual
que el insolente Ayax de Oileo parece que los seres humanos
están empeñados en develar los misterios de
su creación “a pesar de los dioses”. Y
tal vez, al igual que al hijo de Eriopis, los dioses castiguen
a la humanidad precipitándola en el fondo de la vorágine
del caos de la destrucción total.
¿Será
necesario poner nuevamente un hasta aquí a su altanería?
¿Será necesario poner nuevamente un hasta aquí
a su soberbia?
¿Será necesario poner nuevamente un hasta aquí
a su arrogancia?
¿Será necesario poner nuevamente un hasta aquí
a su impertinencia?
¿Será necesario poner nuevamente un hasta aquí
a su desplante de superioridad?
¿Será necesario darle nuevamente un castigo
que le haga recordar la fragilidad de su existencia?
Los
progenitores, Tepeu y Gucumatz, están preocupados.
Sus creaciones no tienen límites a sus audacias. Están:
Sin Vaho.