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Imponen ceniza. Llaman a convertirse y creer en el Evangelio

Nota del 8 de marzo de 2014.
 

Miércoles 5 de marzo de 2014. Con un llamado a convertirse y creer en el Evangelio, comenzó su mensaje el párroco José Luis Canto, al imponer a cientos de calkinienses la Cruz de Ceniza, dando con esto el inicio de la Cuaresma, auxiliado por ministros, seminaristas y acólitos. En su homilía de este Miércoles de Ceniza, Canto Sosa exhortó a los fieles católicos a hacer oración, ayuno y limosna, los tres ejes fundamentales para iniciar una buena Cuaresma y de esta manera acompañar a Jesús en su recorrido hasta el calvario, que culminará con el domingo de pascua o de resurrección.

 
 

Al inicio de la ceremonia tradicional, el siervo de Dios bendijo las cenizas y un ministro le impuso a él la primera ceniza para  después imponer la ceniza a los presentes.

Cabe mencionar que cientos de calkinienses abarrotaron el recinto en diferentes imposiciones durante el día: a las 8:00 a.m., 10:00 a.m., 12.00 i.m., 5.00 p.m. y 7:00 de la noche.

 

Homilía de Miércoles de Ceniza. Reflexión: Los ejes de la Cuaresma

 

La oración, ayuno y limosna constituyen los ejes de la Cuaresma, que unen a modo de cruz la tendencia hacia arriba, la verticalidad de la adoración, a la horizontalidad de la fraternidad, y ambas se necesitan mutuamente, como queda reflejado en el precepto del amor en sus dos vertientes de amor a Dios y a los demás. Veremos cómo están en relación con las tres tentaciones que el demonio presenta a Jesús y que leeremos el próximo domingo, que engloba todas las tentaciones, como estos tres medios de santidad engloba el antídoto para toda tentación, cada uno de los medios para cada una de las tentaciones (la oración para los bienes placenteros, el ayuno para la soberbia, la caridad para el afán de tener). También en otro momento veremos que la caridad, reducida a "propina", sin Dios "deja de ser un acto fraternal y se reduce a un gesto tranquilizador que no cambia la mirada sobre el hermano ni hace sentir la caridad de prestarle la atención que se merece”. El ayuno, por otra parte, queda limitado al cumplimiento formal, que ya no recuerda en ningún momento la necesidad de moderar nuestro consumismo compulsivo ni la necesidad que tenemos de ser curados de la "bulimia espiritual". Finalmente, la oración -reducida a estéril monólogo- no llega a ser auténtica apertura espiritual, coloquio íntimo con el Padre y escucha atenta del Evangelio del Hijo.

La religión de los fariseos o de los hipócritas es una religión triste, legalista, moralista, de una gran estrechez de espíritu. Por el contrario, la Cuaresma cristiana es la invitación que cada año nos hace la Iglesia a una profundización interior, a una conversión exigente, a una penitencia humilde, para que dando los frutos pertinentes que el Señor espera de nosotros, vivamos con la máxima plenitud de alegría y el gozo espiritual de la Pascua" (Manuel Valls).

Recordemos las palabras del Papa Emérito Benedicto XVI, que nos dirigió en su mensaje en la cuaresma de 2007. Nos hablaba de la caridad, oración y ayuno, como armas espirituales para combatir el mal. Son los tres aspectos señalados en el Evangelio que acabamos de leer. Con la procesión penitencial hemos entrado en el austero clima de la Cuaresma y, al introducirnos en la celebración eucarística, acabamos de orar para que el Señor ayude al pueblo cristiano a "iniciar un camino de auténtica conversión para afrontar victoriosamente, con las armas de la penitencia, el combate contra el espíritu del mal" (oración Colecta).

Llamado a la conversión
Dentro de poco, al recibir la ceniza en nuestra cabeza, volveremos a escuchar una clara invitación a la conversión, que puede expresarse con dos fórmulas distintas: "Conviértete y cree en el Evangelio" o "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás". Precisamente por la riqueza de los símbolos y de los textos bíblicos y litúrgicos, el miércoles de Ceniza se considera la "puerta" de la Cuaresma. En efecto, esta liturgia y los gestos que la caracterizan forman un conjunto que anticipa de modo sintético la fisonomía misma de todo el período cuaresmal. En su tradición, la Iglesia no se limita a ofrecernos la temática litúrgica y espiritual del itinerario cuaresmal; además, nos indica los instrumentos ascéticos y prácticos para recorrerlo fructuosamente.

 "Conviértanse a mí de todo corazón, con ayunos, con lágrimas, con luto en su corazón". Con estas palabras comienza la primera lectura, tomada del libro del profeta Joel (Jl 2, 12). Los sufrimientos, las calamidades que afligían en ese período a la tierra de Judá impulsan al autor sagrado a invitar al pueblo elegido a la conversión, es decir, a volver con confianza filial al Señor, rasgando el corazón, no las vestiduras. En efecto, Dios -recuerda el profeta- "es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas" (Jl 2, 13).

 
 
 
 
 
Texto y fotos: Carlos Fernández Canul / Homilía: Pbro. José Luis Canto Sosa