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Ordenan a cinco nuevos Diáconos
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| Nota
del 10 de noviembre de 2011. |
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El lunes 7 de noviembre de 2011 fueron ordenados cinco nuevos Diáconos en la Santa Iglesia Catedral de Campeche.
La ceremonia litúrgica inició a las 5:00 p.m., con la procesión solemne compuesta de seminaristas de Secundaria, de Preparatoria, de Curso Introductorio, de Filosofía y de Teología, así como 40 Presbíteros, tres Diáconos, el Vicerrector del Seminario, el Vicario General y el Sr. Obispo de Campeche.
El Coro entonó “Pueblo de Reyes” cuando entró la procesión a la Santa Iglesia Catedral.
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Después del saludo del Sr. Obispo Ramón Castro Castro, siguió el Acto Penitencial y el Gloria. A continuación, se leyó la Primera Lectura (Jer 1, 4-9) en la que Jeremías evoca su vocación, el llamado de Dios que quiere consagrarlo para ser profeta de las gentes; su excusa no vale porque el Señor le promete estar con él. El diácono es también un elegido, un consagrado y un enviado de Dios para transmitir su palabra.
Después el Salmo Responsorial 23 recordó que el diácono debe ser de la “clase de hombres” que busca al Señor. Luego, en la Segunda Lectura, se consideró un texto (Hech 6, 1-7) que narra el origen del orden diaconal como un servicio de caridad desinteresada.
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Después del canto del Aleluya, un diácono proclamó el Evangelio (Jn 15, 9-17) que recuerda: <<No son ustedes los que me han elegido a mí, soy Yo quien los ha elegido a ustedes>>. Estas palabras recuerdan que la vocación no es un derecho, sino un privilegio nacido de la caridad de Cristo Buen Pastor, así el discípulo de Jesús debe convertirse en conciencia iluminada para los demás sin olvidar nunca que la luz nos viene del Padre y es puro don, simplemente, es gracia.
Seguidamente, el Pbro. Próspero Huchín Sánchez, Vicario General y encargado de la Casa Ars, dio inicio a la Liturgia de la Ordenación con la elección de los candidatos; al ir llamándolos por su nombre y presentándolos al Sr. Obispo Don Ramón Castro Castro, como dignos para recibir el Orden del Sacerdocio en el Grado del Diaconado, a: Mario Fernando Haas Cohuó (de Nunkiní), Wenceslao Tucuch Huchín (de Cayal), Javier Eloir Can Trejo (de Calkiní), Leonel Virgen Zacarías (de Veracruz) y Lázaro Hernández Que (de Tabasco).
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El Sr. Obispo hizo en la homilía un llamado a los candidatos al Diaconado a realizar un servicio a Dios y a la Iglesia, a dar testimonio de Cristo, a predicar la Palabra de Dios y a tener opción preferencial por los pobres, enfermos y necesitados. En varias ocasiones, Mons. Castro Castro cuestionó a los candidatos si estaban todavía dispuestos a ofrecer su vida al servicio de Dios.
Terminada la homilía, el Sr. Obispo pidió a los candidatos manifestar ante el pueblo de Dios su voluntad de recibir el ministerio del Diaconado por la imposición de sus manos y la gracia del Espíritu Santo; de desempeñar, con humildad y amor, el ministerio de diáconos como colaboradores del Orden Sacerdotal y en bien del pueblo cristiano; de vivir el ministerio de la fe con alma limpia y proclamar esta fe de palabra y obra, según el Evangelio y la tradición de la Iglesia; de observar durante toda la vida el celibato, ante Dios y ante la Iglesia, por causa del Reino de los Cielos y para servicio de Dios y de los hombres; de conservar y acrecentar el espíritu de oración, tal como corresponde a su género de vida, y fieles a este espíritu; celebrar la Liturgia de la Horas diariamente, junto con el pueblo de Dios y en beneficio suyo y de todo el mundo; de imitar siempre en su vida el ejemplo de Cristo, cuyo Cuerpo y Sangre servirán con sus propias manos; y de prometer obediencia y respeto a él, Obispo actual de Campeche, y a sus sucesores. |
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Al finalizar el interrogatorio y habiendo recibido respuestas aprobatorias de parte de cada uno de los candidatos al Orden de los Diáconos, Mons. Ramón Castro sentenció: <<Que Dios mismo lleve a término esta obra buena que en ustedes ha comenzado>>.
Seguidamente, los cinco candidatos al Diaconado se postraron en el suelo y el Obispo, Presbiterio, Consagrados y Consagradas y todo el pueblo, puestos de rodillas, entonaron la Letanía de los Santos para invocar la protección y ayuda de los santos, a toda la Iglesia triunfante, para que intercedan por los cinco elegidos que también quieren amar a Jesucristo y a su Iglesia, así como ellos amaron radicalmente a Dios y al prójimo.
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Concluido el canto de las Letanías de los Santos, el Sr. Obispo Ramón se puso de pie y con las manos extendidas dijo: <<Señor Dios, escucha nuestras súplicas y confirma con tu gracia este ministerio que realizamos; santifica con tu bendición a estos siervos tuyos que juzgamos aptos para el servicio de los santos misterios. Por Jesucristo, nuestro Señor>>.
Luego, el Obispo, estando sentado en la sede episcopal, impuso en silencio las manos sobre la cabeza de cada uno de los ordenandos como iban acercándose a él y se ponían de rodillas y, después, extendiendo las manos por una oración consecratoria pidió a Dios la efusión del Espíritu Santo y de sus dones apropiados al ministerio del Diaconado para el cual los candidatos son ordenados.
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Concluida la Plegaria de Ordenación, Mons. Ramón Castro se sentó y los ordenandos se dirigieron hacia los lugares donde se encontraban sus padres y familiares, fueron revestidos por sus padrinos con la estola diaconal y la dalmática, signos simbólicamente eficaces que les recordarán cuando los usen que están actuando como ministros de Cristo y de la Iglesia y que todo orden está atravesado por la vocación al servicio.
Después, los ordenandos -ya con sus vestiduras diaconales- uno por uno se fueron acercando al Obispo y se fueron arrodillando ante él. Entonces el Sr. Obispo les fue entregando uno por uno el Libro de los Evangelios, diciéndoles: <<Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero; esmérate en creer lo que lees, enseñar lo que crees y vivir lo que enseñas>>.
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Al terminar esta oración, el Obispo Ramón les dio el saludo de la paz, como deseo de unidad, de oración y acto de fe en la presencia de Cristo y en la comunión que Él construye, como un compromiso de fraternidad antes de acudir a la Mesa del Señor. Los diáconos presentes también se acercaron a los nuevos diáconos a darles este signo de comunión y fraternidad. A este signo y momento muy emotivo se le unió todo el pueblo santo de Dios reunido en la Catedral de Campeche, prodigando un fuerte aplauso a los nuevos diáconos Mario Fernando, Wenceslao, Javier Eloir, Leonel y Lázaro.
A continuación se realizaron las ofrendas y se fue desarrollando la Santa Misa con el prefacio, la consagración, la doxología, el Padre nuestro, el saludo de paz y la Comunión. Después de que los diáconos recibieron la Santa Comunión de parte del Sr. Obispo, en su condición de diáconos, es decir, de servidores, repartieron el Cuerpo y la Sangre de Cristo a los fieles empezando por sus familiares.
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Después de la Comunión y antes de la bendición final, el diácono Javier Eloir, en representación de los nuevos diáconos, dirigió unas palabras llenas de gratitud a Dios, al Obispo, a los Sacerdotes, a las Religiosas, a sus familiares y a todas las personas que colaboraron en su formación sacerdotal. Un fuerte y cariñoso aplauso rubricó el mensaje del diácono Javier Eloir.
Al concluir la Celebración Eucarística, a las 7:00 p.m., los nuevos diáconos se quedaron en la nave central de la Iglesia Catedral para compartir su alegría con todos los fieles que deseaban felicitarlos por el don que Dios les ha concedido. Posteriormente, en el estacionamiento del Seminario Mayor “San José” se ofreció un convivio, donde se tuvo la oportunidad de seguir agradeciendo a Dios todo lo que está concediendo a la Diócesis de Campeche. Cabe mencionar que el convivio fue amenizado por el grupo musical “Voces y Guitarras” de Calkiní. |
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| Fuente:
texto de José Luis Canto Sosa, 09/11/2011 // Fotos: Oficina Parroquial |
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