La
moda nos quiere dar un aire de astronautas. En verdad no
se si para volvernos cósmicos o cómicos.
Así, la Dolce & Galbana, ha abierto la semana de
la moda masculina de Milán con un hombre que viste chaquetones
y pantalones metalizados. La estampa nos viene a pedir de boca,
puesto que es la viva imagen de un mundo que sobrepone el dinero
a cualquier otro bien. La verdad que tampoco nos pintan muy
celeste los futurólogos el año. La proclama ha
comenzado con un aviso alarmante: será el más
caluroso de la historia. Por si acaso, Europa anuncia que pone
en marcha su plan energético para liderar la nueva revolución
industrial c on los objetivos ineludibles de asegurar el suministro
energético, la competitividad de la industria europea
y el freno al cambio climático, marcándose una
serie de fines para los próximos años que buscan
también impulsar la economía del Viejo Continente
y elevar el bienestar, ya veremos si de todos, o si prosiguen
en crecida las desigualdades y la lidia se queda sin liderazgo.
Vamos
de anuncio en anuncio, como de oca en oca, y tiro porque
me revientan algunas noticias. Me parece esperpéntico,
en este universo sideral y en esta tierra metalizada de monigotes,
que nos anuncien drogas que borran los malos recuerdos. Sin
duda, será peor el remedio que la enfermedad. Todas
las huellas vividas, unas veces con la cruz a cuestas y otras
sin ella, al fin y al cabo, contribuyen a hacernos más
fuertes. Una cabeza sin memoria –lo dijo Napoleón Bonaparte-
es como una fortaleza sin guarnición. Personalmente,
me niego a ser expulsado del único paraíso, que
para bien o para mal, nos enriquece la libertad de juicio.
Que cada cual crea lo que quiera y propague lo que estime,
pero que no se deje expropiar una parte de sí; la memoria,
tan necesaria para tener criterio. Desde luego, una ejercitada
memoria es la mejor brújula para el discernimiento.
Ejercer
el juicio significa observarlo todo, lo que nos parece bueno,
menos bueno o diabólico. Seria absurdo, imprudente
y cretino por nuestra parte, dejarnos llevar la libertad de
raciocinio, lo que somos. Al contrario, pienso que hay que
abrir más que nunca los ojos para ver y robustecerse
de recuerdos para emprender con fuerza caminos adecuados. Es
cierto que la vida sería un infierno si todo se recordase.
El secreto está en saber elegir con libertad, no en
que me elija alguien lo que debo olvidar, los horizontes a
los que deseo llegar y los sueños que deseo revivir.
Y en todo caso, quizás como usted lector amigo prefiera
sufrir, pero tener retentiva que es el sello de la sabiduría.
A veces suele dolernos no tener memoria, cuando la verdadera
lástima es no tener pautas personales.
Creo
también que nos hace falta potenciar una adecuada
memoria crítica, capaz de producir juicio, a la luz
de la experiencia que dan los recuerdos, fruto de una autonomía
a la que tenemos derecho todas las personas por el hecho de
estar vivos, lo que también es cierto, exige responsabilidades
a la hora de enjuiciar libremente nuestra específica
vida. En efecto, esas drogas pregonadas no acallan nada, ni
tampoco suprimen las infames vivencias, como cualquier narcótico,
lo que hacen es anularnos y no respetar el ámbito más
reservado de la persona. Una reserva que nos pertenece para
actuar según el dictado de nuestra conciencia, tanto
en las opciones privadas como en la vida social. Cuesta, pues,
entender que el Estado permita estas intromisiones, directa
o indirectamente, que rompen las más puras convicciones íntimas
de cada uno.
A
propósito de las persuasiones, cuenta el poeta alemán
Heinrich Heine, que un amigo le preguntó cuál
era el motivo por el cual no construíamos ahora catedrales
como las góticas famosas, a lo que le contestó: “Los
hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros,
los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar
una catedral gótica se necesita algo más que
una opinión” Es verdad, se precisan convencimientos
comunes. El ejemplo lo tenemos ahora mismo en nuestra propia
casa, una nación dividida por su política antiterrorista.
La paz viste mucho, es muy fácil de pronunciar, pero
es difícil de conjugar. Antes tenemos que tener claro
la elección, el amor o el odio. Si todos vamos en la
misma dirección, utilizando el mismo lenguaje, será más
fácil ponerse de acuerdo y poder armonizar lo que la
venganza puede destruir en un minuto y, en cambio, lo que el
aprecio puede construir para una eternidad.
Es
importante que no falten voces convincentes, amparadas en
la poética sombra de la libertad de juicio, frente
a concepciones o propuestas que bajo engañosos pretextos
pretenden manejarnos a su antojo. Esa publicitada droga, que
propicia el borrón y cuenta nueva con los malditos recuerdos,
quebranta los más innatos principios éticos y
conduce en realidad a un degrado del ser humano y, por ende,
a la sociedad misma. Precisamente, dicen los entendidos, que
una de las causas más importantes que empuja a los jóvenes
y adultos a la experiencia de la droga es la falta de motivaciones
claras y convincentes para vivir, el vacío de valores,
la incertidumbre de que no valga la pena vivir, el sentido
de soledad y de ocultación que se vive hoy en familia,
donde u no de cada diez hogares en España sufre fuertes
problemas de convivencia, según revela un estudio de
la Universidad Autónoma de Madrid. En vista de lo visto,
fugarse para olvidar es toda una tentación, sobre todo
para las personas más débiles.
Cuidado
con los estímulos que llevan trampa. En menos
que canta un gallo nos pueden quitar todo, incluidas las libertades
individuales por las exigencias económicas, y hasta
la libertad de pensamiento, que es la propia madurez humana.
Existen múltiples ejemplos de esta concepción
errónea de la libertad de juicio que, por desgracia,
las estadísticas nos dicen que van en aumento como puede
ser la eliminación de la vida humana por el aborto o
la eutanasia. Cuando se pierde la cordura, la sensatez, la
reflexión, el tiento, la mesura, lo más lógico
es que nos topemos con la insensatez, la sinrazón y
la torpeza. Me niego, pues, a que alguien, sea poder o apoderado,
me robe la libertad de juicio poniéndome en vena la
pastilla del olvido. Antes prefiero volverme granjero de los
científicos británicos y cuidar gallinas capaces
de poner huevos que contienen proteínas útiles
para fabricar fármacos contra el cáncer y otras
enfermedades. Por lo menos soy colono de vida y no colonizador
de esclavos. |