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En toda la geografía nacional, las autoridades federales,
han dedicado abundantes recursos económicos, para el
programa de la celebración del Bicentenario: ¿Por
qué en septiembre aflora el patriotismo? ¿Por
qué en la noche del 15 se nombran ante el pueblo a los
insurgentes de 1810? ¿Por qué el grito es el momento
álguido de la celebración? ¿Sólo
esos días son de fiesta nacional? Sirvan estos cuestionamientos,
para reflexionar.
Desde
la presentación del programa general de las fiestas,
hasta la víspera del festejo principal en Palacio Nacional
y en todos los rincones de la geografía mexicana, el
Bicentenario, ha sido un tema de debate. A diferencia de experimentos
de laboratorio (que se repiten, tantas veces sea necesario),
los sucesos del movimiento insurgente contra los realistas,
se recrean en libros, películas, documentales o programas
de radio; una reconstrucción basada en los anales y crónicas
conservadas, después de doscientos años. Es cierto,
que algunos mexicanos, debaten sobre los hechos, personajes,
acciones y resultados; el principal logro, no se cuestiona,
dejamos de ser colonia española.
Quienes
murieron en batallas sangrientas, entregaron cuerpo y espíritu
para dejar un territorio independiente; hombres y mujeres inspirados
en ideales de justicia y libertad, ofrendaron sus bienes y sus
vidas, para terminar con una época de sufrimiento y opresión,
las conspiraciones surtieron efecto para luchar contra el mal
gobierno. Miles fallecieron, armas, machetes, familias enteras
desaparecieron, realistas e insurgentes combatieron, para que
el 27 de septiembre de 1821, “una ciudad engalanada con
arcos triunfales recibiera entusiasmada al libertador Iturbide,
a Guerrero y al Ejercito Trigarante… era la celebración
de la independencia…” (Zoraida, J. 2004).
Honrar
la memoria de los indios, criollos, peninsulares, insurgentes
y curas que combatieron hace doscientos años, es muestra
de gratitud y reconocimiento a su proceder, para dejar de ser
la Nueva España.
México
es la República donde nací. La tierra de mis abuelos,
el suelo donde aprendí a caminar; donde mis padres construyeron
la casa para vivir. Es la parte de América que me dio
idioma y bandera, la nación que conocí desde pequeña
y me reconoce como ciudadana ante las leyes de otros pueblos
y los ojos del mundo. La libertad es un derecho constitucional.
¿Quién
no se emociona cuando ve su bandera lejos de casa o siente vibrar
en lo profundo del ser las notas del himno nacional? Cuando
te separan fronteras y kilómetros de esta tierra, es
indescriptible expresar los sentimientos. ¡Qué
importa si eres de Chiapas, Guerrero, Campeche o Veracruz! ¡Eres
mexicano! Compartes la misma bandera tricolor y entonas el mismo
canto. Es difícil olvidar, “México, creo
en ti”, “Solamente una vez” o “México
lindo y querido”.
Bien
vale la pena, ver el escudo en una de las caras del peso, el
lado luminoso de este país, ahí está la
síntesis de su pasado y la fortaleza de su presente.
¡Honremos a los héroes nacionales de 1800! Gracias
a ellos, desde hace dos siglos, la independencia es un bien
nacional y la esencia del patriotismo.
¡Celebremos
a la Patria! ¡Viva México, el país donde
nací!
¡Viva
México!
San
Francisco de Campeche, Cam. 10 de septiembre de 2010. |