La
realidad no puede ocultarse, la situación es de emergencia;
vale la pena, fortalecer el espíritu de lucha y orgullo
por lo nuestro, lo que somos y dejaremos a las futuras generaciones:
un país en desarrollo, libre de corrupción, secuestros,
asesinatos y pobreza. Un pueblo atemorizado, sediento de paz,
que demanda castigo para criminales, secuestradores y narcotraficantes;
una sociedad que reclama seguridad, familias en conflicto y
desintegradas, a causa de toda forma agresiva que rompe la armonía
social y de convivencia; ahora es cuando la solidaridad y el
patriotismo debe brotar en los mexicanos, trabajar juntos, más
allá de límites naturales, regiones o culturas.
La
grandeza de la nación mexicana está en el valor
de su gente, en el corazón de cada hombre y mujer; en
los valores, costumbres familiares y tradiciones. En cada comunidad
mexicana, cada individuo es valioso, sus acciones y pensamientos
son necesarios, para construir en sociedad, vida digna para
todos. Cada persona tiene inteligencia, voluntad y libertad
para tomar decisiones, reflexionar, trascender y amar; porque
aún cuando el entorno está cubierto por un clima
de violencia bajo un manto de crisis, aflora la esperanza para
volver a caminar sin temores, por las calles; vivir con la garantía
de los valores para conocer la esencia de todo lo que nos rodea.
Una
mirada a la vida cotidiana invita a reflexionar sobre cada acción,
palabra, decisión o actitud; una familia sin hábitos
buenos y valores, forma mujeres y hombres con una percepción
parcial de la realidad. Unos padres insensibles a las necesidades
de sus hijos, crean desconfianza e inseguridad; una juventud
violentada por modelos diferentes a su cultura, asume actitudes
que demuestran insensibilidad a su integridad; una escuela sin
responsabilidad en sus maestros, niega aprendizajes y competencias
para la vida; hoy es tiempo de mirar alrededor para ver de frente
el mañana. En estos tiempos, necesitamos fortalecer la
educación, si se desea una formación de corazones
e inteligencias en las nuevas generaciones, para que amen y
trabajen por su país; y tengan motivos para celebrar
en septiembre, el mes de la Patria.
Quizá
estos no son los mejores momentos de festejos por el día
de la independencia, sin embargo, “Si la patria es pequeña,
uno grande la sueña” (Rubén Darío),
principio que debe sembrarse en la mente de las niñas
y los niños, cultivarlo como valor preciado; para seguir
creyendo en la bandera tricolor con su águila devorando
una serpiente; defender con valentía el legado de Don
Miguel Hidalgo, Allende, Morelos, Doña Josefa Ortiz,
quienes consiguieron Patria y Libertad para todos. Salvemos
con buenas acciones nuestro México lindo; el México
de todos los que habitamos este país, no el México
de unos cuantos, ni de unos líderes; es el México
de nuestros abuelos, padres e hijos, de nuestras familias. El
México de todos, por ese valor, afiancemos el orgullo
y fortaleza, para actuar positivamente a favor de una vida digna,
donde la paz sea un seguro para la integridad y la libertad,
la brújula de la democracia.
En
los albores de este siglo, muy cerca del Bicentenario de nuestra
independencia, nuestro país, puede ser mejor, si todos
participamos. Es tiempo de trabajar unidos por la Patria, por
la única bandera que representa la grandeza de nuestra
República; tiempo de rescatar los valores, para heredar
paz, justicia y libertad a nuestros hijos. Cuando regresas a
los tuyos, parte de lo mucho que consigues, la generosidad se
refleja en tus acciones; volteas y te aferras a seguir adelante,
porque alguien seguramente necesitará de tus manos. Es
tiempo de mirar alrededor, hacer frente con firmeza y responsabilidad,
el mañana de las niñas y niños, ellos son
el centro de nuestra esperanza, el vínculo con el futuro
y la fortaleza de nuestra patria.
¡Mi
regalo para México! No está escondido en ninguna
caja de seguridad, está en las acciones de todos los
días; está envuelto con los valores de la libertad
para tomar decisiones positivas, hacer el bien; tiene la garantía
de la voluntad para actuar con responsabilidad en mi hogar,
en la calle, con los amigos, compañeros de trabajo y
personas con quienes convivo en la ciudad y el pueblo. ¿Y
usted amable lector cuál es su regalo para México
en su aniversario de independencia?
Escribo
estas páginas de esperanza con el aliento de un futuro
mejor, en donde todos, todos - sin exclusiones-, seamos responsables
de la edificación de nuestro presente y futuro. Cada
niño, joven, adulto, anciano, hombre, mujer, sin importar
origen o historia personal, es el arquitecto de los valores
y fortalezas del México del siglo XXI. Cada ciudadano
tiene la oportunidad de hacer algo positivo por su bienestar
y el de sus seres queridos; si bien es cierto que las circunstancias
no han sido las mejores últimamente, es tiempo de redoblar
esfuerzos personales y laborales; no dejemos que la apatía
y el conformismo invadan el entusiasmo.
¡Defendamos
el México que conocimos cuando niños y soñamos
cuando jóvenes! Hagamos del pedacito donde habitamos,
un sitio seguro para los nuestros; para entonces sí,
con fuerza gritemos ¡Viva México!
México,
creo en ti, porque eres el alto de mi marcha,
y el punto de partida de mi impulso,
mi credo ¡Patria!, tiene que ser tuyo,
como la voz que salva,
y como el ancla.
(Ricardo López Méndez)
San
Fco. de Campeche, Cam. 13 septiembre de 2009.
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