A
través de grupos de personas afines, portando ramos
de flores y banderolas, y escoltados de instrumentos musicales
(percusiones y aliento metal), llevan sus ofrendas y súplicas
a la figuración que ha estado presente, desde siglos
atrás, en el templo de San Luis Obispo.
Sobre
este asunto, el Dr. Eduardo Baeza García escribió en
el Mensajero # 9, hoja dominical de la Parroquia , del 20 de
octubre de 1996, que “el Cristo de la Misericordia que se venera
en Calkiní, el Cristo de San Román en Campeche,
y el Cristo de la Salud de Hecelchakán, forman la trilogía
de la crucifixión en nuestra entidad, que simboliza
la transmutación del antiguo suplicio infamante en la
cruz de la redención de la humanidad.”
En
párrafos posteriores dice que “el Cristo de la Misericordia
de tamaño natural, está colocado en la parte
central al fondo de la capilla anexa. La misericordia, atributo
divino, por el cual otorga el perdón, la clemencia,
es según Santo Tomás de Aquino, el doctor Angélico,
la más grande de las virtudes, puesto que se identifica
con la suprema verdad.”
En
algunos libros de autores regionales, se mencionan el origen
y la leyenda de este personaje del santoral local: En la
revista “Cal-k'in”,
No. 2, de Julio-Diciembre de 1992, Carlos Fernández
publicó una breve historia, de la cual transcribo algunas
líneas: “Se cuenta que la Imagen del Cristo de la Misericordia
llegó a estas tierras calkinienses, junto con la del
Cristo Negro de San Román (en la ciudad de Campeche),
al igual que el de las Ampollas que se venera en la Catedral
de Mérida, Yuc. (algunos historiadores eclesiásticos
opinan que también el Cristo que se venera en Chumayel,
Yuc), y que juntos formaron la “Trilogía de la Crucifixión ”.
Tres Cristos hermanos que llegaron a la Península hacia
el año 1565, o sea hace ya 428 años. Encontramos
en las tres imágenes varias semejanzas: a) Los tres
Cristos son negros. Sólo el de Calkiní es más
claro. b) Posiblemente, fueron traídos por los frailes
franciscanos, después de la Conquista. c) Estos Cristos
han visto gran parte de la historia peninsular. d) A los tres
se les hace su fiesta casi juntos (al de San Román,
en septiembre, y al de Mérida como al de Calkiní,
en el mes de octubre, en fechas que coinciden).”
Las
manifestaciones hacia este santo se llaman Novenarios; antes,
se rezaban rosarios, durante nueve noches, en la iglesia
principal. Con el aumento de la población y el surgimiento
de nuevos empleos, se crearon más agrupaciones y barrios,
que ampliaron el devenir de estandartes y flores desde la casa
elegida hasta el templo, y viceversa, bajo estallidos de “voladores” e
hiladas de bombas que atraían a niños y jóvenes
a compartir la caminata y el esbozo de cada “gremio”. Al principio
fueron pocos; en la actualidad son 34. Entre los más
antiguos o populosos están: Ferrocarrileros; Artesanos
y Campesinos; Carretilleros y Cargadores; Abastecedores; Agricultores,
Canasteros; Acción Católica; Abastecedores; Taxistas;
y los de la mayoría de las capillas y barrios, como
San Miguel Kucab, San Luisito, La Purísima Concepción
, San Ignacio de Loloya, San Luis Obispo y Fátima. En
este año 2000 se anexó al extenso número
el de los Maestros.
Sobre
este tipo de celebraciones profano-religiosas, José Domingo
Uc Chi, en su libro Leyendas y Tradiciones del Camino Real,
compila datos relatados por Lázaro Tuyub Chí,
de Tepakán: “...los gremios son las convivencias y mayordomías
que en común acuerdo habían distribuido en forma
equitativa los productos de las parcelas de la misma organización.
(...) Son una organización de origen muy antiguo y su
directiva es renovable cada año, esto lo deciden las
reuniones llamadas “Conjuntas”. La función de la directiva
es organizar y recolectar fondos económicos para costear
las festividades anuales. ...Las actividades comienzan en la
madrugada del primer día, en los preparativos del recibimiento
de las promesas que generosamente ofrecieron con anterioridad,
tanto en lo económico como en aves, marranos o especies,
que como van llegando se les atiende, si es de mañana
se les ofrece un desayuno con atole nuevo y tamalitos de holoch,
conocidos como tobilitos; si es para la cena se les sirve una
buena ración de sabroso mondongo.
En
el segundo día en la madrugada se toca ‘la alborada'
o ‘mañanitas' al santo patrono del lugar con la música
tradicional de la charanga, quienes tocan hasta cuatro piezas
acompañados con
los voladores o cohetes tronadores.”
En
dos cuartillas, Uc Chi explica los procedimientos por los
que pasan los encargados de los “gremios”; habla de cómo
hacen su recorrido por las calles, llevando los ornamentos
necesarios; de cómo se elevan globos de papel de china,
que recordamos haber visto levantar sobre las casas de la ciudad;
de cómo van los “voladores” de luces y paracaídas
ante los ojos de la gente mirando el cielo.
Esto
nos recuerda también cómo perseguíamos
a los “toritos petates” en la plazoleta donde ahora está el “Parque
de la Fuente ”, frente a la Parroquia. En el atrio de ésta,
timbaleros, trompetistas y saxofonistas golpeaban y soplaban
sus artefactos, mientras alguno que otro chiquillo era perseguido
por las reses incendiarias, en hombros de algún “espontáneo”,
perteneciente al comité organizador.
Parte
de la fiesta en honor al Cristo de la Misericordia se ha
convertido en una feria de juegos eléctricos, en
una exposición y venta de cachivaches, dulces y antojitos;
de correrías por la ciudad; en un afán de alejarse
de la realidad agobiante; y en una alegría súbita
por encontrar a los amigos, que pocas veces salen de su casa
o de sus ocupaciones rutinarias.
Es
una feria que, a través de la cotidianidad imaginativa,
se puede describir como: El mes de octubre presagiando
día de muertos;/ el mes de fuego en las entrañas
de los parques;/ la feria de Dios y la del hombre...
Calkiní,
Campeche, 1-15 de octubre de 2000 |