Calkiní, 18 de noviembre de 2009
 
La Convención de los derechos de los niños bajo la lupa
 
 

Por Teresita Durán Vela

Las niñas y los niños son continuidad de la especie, esperanza de un pueblo y presente de la sociedad; representan la parte luminosa de la vida y la alegría en el hogar. Si bien, son manifestación de la humanidad misma, son al mismo tiempo, señal de fragilidad e ingenuidad. Sus necesidades básicas, capacidades psicológicas, destrezas físicas, habilidades sociales, afectivas y espirituales deben ser la prioridad de los gobiernos en sus naciones.

 

Desde hace 20 años, los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas, ratificaron su acuerdo y voluntad política, para asegurar la dignidad y la vida de cada pequeño. El 20 de noviembre de 1989 fue aprobada la Convención de los derechos de los niños, un documento que enfatiza los derechos humanos, desarrollo pleno, protección contra las influencias peligrosas, malos tratos y explotación de los infantes; así como, la plena participación de los menores en la vida familiar, cultural y social de sus comunidades. Tal documento, protege a los niños, pues su esencia se apoya en los principios de no discriminación y el derecho a la vida; lo cual se explicita al considerar al niño como ser humano, individuo, miembro de una familia y comunidad, con derechos y responsabilidades apropiadas para su edad y etapa de desarrollo.

Uno de los temas prioritarios que se describe en la Convención, es la educación; específicamente, en los artículos 28 y 29, se puntualiza el derecho a la educación y el desarrollo al máximo de las posibilidades de los pequeños, respectivamente. En ese sentido, los Estados deben ofrecer enseñanza obligatoria y gratuita, promover el desarrollo integral, inculcar el respeto a los derechos humanos, a sus padres, los valores nacionales y la identidad cultural. El artículo 29, señala “preparar al niño a asumir una vida responsable en una sociedad libre…e inculcar el respeto al medio natural”, para el cumplimiento de tales disposiciones, las autoridades habrán de impulsar políticas basadas en valores y principios que formen al futuro ciudadano y habitante del planeta del tierra, a tener consciencia de la vida, crecer en un ambiente de paz, equidad y justicia.

El XX aniversario de la Convención de los derechos de los niños, es momento oportuno para reflexionar y hacer un balance de la calidad de vida de los menores de edad y peligros que les rodea. Es tiempo de hacer una valoración de la calidad de los servicios que se ofrecen a los niños y sus familias: ¿Cuántos pequeños aun no asisten a la escuela y por qué? ¿Existen programas de alimentación y prevención de enfermedades? ¿Qué servicios médicos ofrece el gobierno para detectar casos de discapacidad? ¿Existen espacios o alternativas educativas para el desarrollo de talentos artísticos o deportivos? Etc… Por otra parte, es urgente mirar la parte oscura de la realidad (casos de violación, maltrato y abusos en general); identificar los focos rojos de pornografía y prostitución infantil y juvenil en los municipios del estado. Es el instante oportuno para detectar puntos de alto riesgo en las zonas marginadas o comunidades con alta incidencia de abuso sexual y explotación laboral en menores. Este vigésimo aniversario de la Convención sirva como ocasión para intensificar campañas de sensibilización y orientación familiar, para que todos los niños asistan a la escuela, reciban atención médica y tengan acceso a espacios para el juego y la diversión. Es momento de reconocer lo que falta por hacer y tomar las decisiones necesarias; dejar de lado las simulaciones por acciones dirigidas a cambiar la vida de los menores y adolescentes, en situaciones de vulnerabilidad.

El aniversario de la Convención es una invitación a redoblar esfuerzos para proteger la salud, educación y prestación de servicios jurídicos y sociales de la población infantil; ofrecer calidad de vida a los menores, equivale a invertir esperanza y responsabilidad en los futuros hombres y mujeres que Campeche necesita para este siglo. Nuestra niñez es campo fértil para sembrar la semilla del progreso; cada educador y padre de familia puede ser el mejor inversionista e la vida de los futuros ciudadanos; si deseamos niños sanos y felices hagamos todo cuanto esté en nuestras manos.

San Francisco de Campeche, Cam. 17 de noviembre de 2009.

 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán Vela; 17/11/09 // Foto: Santiago Canto Sosa; 16/10/09