Con esta iniciativa, los países miembros asumieron el compromiso de satisfacer las necesidades de los infantes, establecer medidas preventivas para la salud, garantizar educación, asegurar paz y protección a los mismos derechos.
Esta disposición internacional ha sido tema de reuniones, foros y programas mundiales, sin embargo, la promoción de los derechos aún no se asume cabalmente; un gran porcentaje de niños realiza trabajos fuera del hogar, para apoyar la economía familiar, otros viven en el descuido y abandono de sus padres; unos más, son víctimas de explotación y abuso.
Los avances en materia de promoción de los derechos son lentos; algunas autoridades, sí se interesan por promover su aplicación, asumen la tarea para formar niños sanos, cultivar talentos, proteger su integridad y enarbolar la bandera de la igualdad. Existen naciones en donde la población infantil no representa un sector importante en la sociedad.
Los escenarios de la población infantil en el mundo son tan diversos como los nombres; naciones en guerra, pueblos enteros atemorizados por la crisis alimentaria, atentados; tráfico, venta de bebés y niños, aumentan las redes de prostitución infantil y pederastia. En América Latina, las condiciones de pobreza o culturales, niegan el desarrollo integral de los pequeños; eso representa exclusión. Miles de pequeños son marginados a causa de su origen, condición de salud o simplemente por tener una discapacidad.
Hoy día, existen niños en comunidades indígenas al margen de centros de diversión; niñas realizando actividades domésticas, con la responsabilidad del cuidado de los hermanos menores o entregadas a otras personas para su servicio; es una situación lamentable, que requiere atención. También existe un porcentaje importante de niños que viven en situaciones de riesgo, debido a la violencia familiar que los rodea; bebés abandonados, pequeños rescatados de ambientes altamente peligrosos y niños con discapacidad que no reciben educación, ni atención médica oportuna.
El valor de cada niño no depende de su riqueza; cada uno es tan valioso, por su calidad de ser humano. Cada pequeño es importante y tiene los mismos derechos y responsabilidades; no son objetos, son personas con capacidades físicas, intelectuales, emocionales; tienen habilidades, sensibilidad para percibir el rechazo o la aceptación, y lo más importante, recibir educación, dependen del cuidado de los adultos; las bases para su vida futura, están en las manos de los padres, abuelos, hermanos, maestros, médicos, etc… Tienen el derecho a desarrollar su personalidad, aptitudes y talentos, de participar en las tareas familiares y en las decisiones que afecten sus vidas.
Todos los niños y niñas, vivan en pueblos o ciudades, con sus padres o sin ellos, merecen cariño, atención, alimentación, cuidados, educación; ningún pequeño debe ser excluido de los grupos sociales, así sea por su condición étnica, de salud o económica: todos son iguales.
De frente al siglo XXI y ante un nuevo escenario, es tiempo de redoblar esfuerzos para asegurar una infancia feliz a los pequeños, respetarlos y educarlos con firmeza en valores y hábitos, porque sólo así, se podrá asegurar su desarrollo y crecimiento sano.
Los niños son habitantes de esta sociedad, serán los ciudadanos del mañana; su formación cívica y ética debe ser prioridad en el hogar y en la escuela; su salud, protegida y su alegría alimentada todos los días.
San
Francisco de Campeche, Cam. 14 de noviembre de 2008. |