Calkiní, 16 de noviembre de 2006
 
La Escuela Preparatoria por Cooperación "Nunkiní", precursora del COBACH
 

Por Andrés Jesús González Kantún

En septiembre de 1985, en el poblado de Nunkiní, abrió sus puertas por primera vez la Escuela Preparatoria Estatal por Cooperación, con una plantilla de maestros voluntarios y generosos, los cuales sin recibir sueldo alguno se ofrecieron a participar en ella, con la única finalidad de apoyar a una generación de jóvenes rurales que no tenían los suficientes recursos económicos para poder continuar sus estudios de educación media superior en la cabecera municipal.

Prof. Andrés Jesús González Kantún
 

Los maestros comprometidos laboraban, en su mayoría, en la Escuela Secundaria Técnica No. 15 de la misma población, donde había germinado la idea de fundar una escuela preparatoria en apoyo a los mismos alumnos que egresaban del plantel. Dicha chispa (la idea inicial nació del director de la escuela) fue acogida con regocijo por el personal docente, y no la permitieron diluirse, por lo que se acordó una primera reunión en la ciudad de Calkiní en el domicilio del maestro Marcial Sosa Cabrera, para organizarse. Ahí se formularon las estrategias más adecuadas para darlas a conocer -en su momento- al gobernador del estado de esa época, Ing. Eugenio Echeverría Castellot.

Esta enorme responsabilidad de gestoría para el reconocimiento de la escuela recayó, en un principio, en el director de la escuela, Prof. Benito Rodríguez Cahuich, que con el apoyo del personal docente, el presidente de la junta municipal (Prof. Wilbert Euán Moo) y comisarios de los poblados aledaños, iniciaron los primeros trámites ante el gobierno del Ing. Echeverría Castellot, pero lamentablemente no se obtuvo ninguna respuesta favorable, debido a que éste concluía su mandato constitucional.

Sin embargo, se decidió abrir el primer grupo con la intención futura de formalizar los estudios. De modo que se propuso darle forma a la administración dirigente. En un consenso del personal docente se eligió al maestro Miguel Pech Pérez, originario de Dzitbalché, la dirección provisional de la escuela, pero no se mantuvo debido a otros asuntos de su incumbencia, y en su lugar se le encomendó el cargo al profesor Jorge A. Magaña Flores, actual director del CONALEP “Dzitbalché”, quien con renovados bríos y mucha voluntad se encargó de gestionar ante el gobierno estatal del C. Abelardo Carrillo Zavala, la oficialización de los estudios de los nuevos alumnos. A él se debe, sin lugar a dudas, la consolidación de la escuela como una institución educativa reconocida por la SEP.

MAESTROS FUNDADORES
Prof. Marcial Sosa Cabrera
Prof. Sebastián Naal
Prof. Anselmo Ordaz Vera
Prof. Miguel Pech Pérez
Prof. Celso Chan Balán
Dr. José Estrada Mijangos
Prof. Jorge A. Magaña Flores (Director)
Profa. Fidelia Sanguino Briceño
Prof. Andrés Jesús González Kantún (último director)

La EST No. 15 fue la encargada de cobijar a los primeros 29 estudiantes de Educación Media Superior. Pero en el segundo año, por problemas internos que alteraron los ánimos de los docentes de la escuela tuvo la necesidad de trasladarse a otro local, la escuela primaria “Felipe Carrillo Puerto”, situada en el barrio San Román, en donde egresó la primera generación (1985-1988). Los directores de esa escuela, que fueron varios, se portaron a la altura de las circunstancia. El primero fue el Prof. Tirso Collí (+), y el segundo Santiago Uc Ac.

Sólo faltaba un detalle: ponerle nombre (un requisito indispensable, exigido por la SEP, para su consolidación). Así que se convocó a los padres de familia para deliberar sobre el asunto. En la presencia de la Directora de Educación Estatal del Gobierno del Estado, en ese entonces la Profa. Iliana Illescas Uribe, se tomó el acuerdo de ponerle el nombre de Nunkiní, aunque se propuso otro, el de Fernando Soto Angli, pero no fraguó en el espíritu de los presentes y se prefirió el primero.

Posteriormente, por insuficiencia de aulas el plantel se cambio a la escuela primaria “Miguel Hidalgo”, ubicada en el centro de la población, en donde se evaporaron sus últimas exhalaciones de vida. Ahí se trabajó en completa armonía, gracias al buen tino del maestro Abelardo Sánchez Carrillo, quien fungía como director.

Una vez oficializados los estudios de los alumnos, se decidió tramitar ante las autoridades gubernamentales la construcción de un edificio propio, que cobijara a los jóvenes bachilleres. A punto estuvo de consumarse si no se hubiera interpuesto una jugarreta del destino. Era tanta la seguridad de la edificación que un día la Directora de Educación Estatal, Profa. Iliana Illescas Uribe, acudió jubilosa a la comisaría ejidal del pueblo a informar la buena noticia a los padres de familia, pero sus palabras vertidas con sinceridad se las llevó el viento debido a una injusta decisión del gobernador Abelardo Carrillo Zavala, pues éste se olvidó a propósito del compromiso que había contraído con el pueblo, ya que el director de otra institución hermana (en Atasta), carente también de un edificio propio, le prometió inscribir su nombre, si le construían la escuela, así que el presupuesto destinado para el local se trasladó hasta aquel lugar del eterno mosquitero hematófago.

Esa promesa no cumplida del mandatario provocó entre la comunidad escolar y el pueblo en general una tristeza enorme, y más al percatarse todos que pudo más el seductor halago de un director de escuela para satisfacer el ego del gobernador en la obtención de un propósito en contraste con el trabajo realizado por otro, durante mucho tiempo, en el intento de lograr el mismo objetivo, pero sin resultados positivos. Si embargo, el gobernador para atenuar en parte el agravio le concedió al colegio un pequeño subsidio económico para apoyar a los maestros que carecían de sueldo y para los gastos de administración.

Finalmente, fue en el gobierno del Ing. Jorge Salomón Azar García (1991-1997), después de la enésima demanda, cuando se convirtió en realidad aquel sueño truncado alguna vez, aunque no estuvo muy fácil, pues se recurrió al apoyo tanto de maestros como de padres de familia, autoridades municipales y ejidales.

En la primera gira de trabajo del gobernador en la Junta Municipal de Nunkiní, el Prof. Gerardo Uc Gamboa (presidente del lugar) le comunicó al director de la preparatoria (el autor de este texto) el calendario de visita para el poblado. De manera que le sugirió que le preparara, en coordinación con todos los alumnos y padres de familia, una bienvenida impactante para plantearle la necesidad urgente de la construcción de un edificio. Cuando el mandatario acudió al pueblo se le presentó la solicitud, previo obsequio de un petate multicolor, obra de la artesana doña Salús (Felipa Salustiana Tzeek Naal), pero en esa ocasión fue un fracaso rotundo, pues se tuvo la impresión de haberlo contrariado, ya que contestó en los términos siguientes:

-¿De modo, jovencitos, que necesitan un edificio?, me parece una excelente petición, así que les voy a cumplir su deseo, pero con la siguiente condición: díganle a su director que se organice con ustedes y salgan por todo el pueblo a recordarle a los campesinos que aquel apoyo dado para el campo por el gobierno federal se debe devolver y qué mejor destinarlo en una obra tan generosa como la construcción de un edificio escolar ¡así que abusados y a cobrar! ¡Nos vemos!

La concurrencia quedó asombrada por aquella salida tan fuera de tono y dicha sarcásticamente. ¿Cómo se atrevía el gobernador a solucionar un problema a través de terceras personas que no tenían nada qué ver con aquel asunto? Era obvio que no se le iba a seguir la corriente, habría que tener más paciencia y esperar otra mejor oportunidad. Aunque aquella actitud desalentadora y grosera de su parte era justificable, pues el gobierno anterior no había podido conseguir que los campesinos cubrieran sus adeudos de apoyo para el campo. Por eso él en el inicio de su gobierno quiso convencer, como nadie lo había hecho, al pueblo para que cumpliera con ese compromiso, pero nunca lo logró. Sin embargo, pensó que canalizando esa deuda a una obra de beneficencia, el pueblo de Nunkiní reaccionaría favorablemente, pero se equivocó. Los apoyos para el campo que acostumbra dar el gobierno pocas veces se recuperan.

Un alumno de la misma institución, a pesar de haber sido testigo de la conducta arisca del gobernador, quiso probar suerte y se le acercó para solicitarle una bicicleta para su transporte.

-¿Así que quieres una bicicleta?
-Sí señor.
-¿Y cuántos kilómetros recorres diariamente?
-10, de Santa Cruz Ex Hacienda hasta este lugar.
-¡Ah!, son muy pocos, no vale la pena gastar en un vehículo. Benito Juárez para asistir a Guelatao lo recorría diariamente a pie y eran muchos más kilómetros que la distancia a tu pueblo, de manera que no lo necesitas. ¡Haz ejercicio, no seas flojo!

Así inició su período el gobernador, tumbando caña, pero a finales de su gobierno cambió radicalmente su carácter. Había aprendido que a un pueblo se le debía tratar con humildad y saberlo escuchar.

El tiempo voló y la historia se repitió, otra gira de trabajo, pero en esta ocasión era una visita relámpago y sin dársela a conocer a nadie. Sólo por la agudeza política y por el amor a su tierra, el presidente de la Junta Municipal, Prof. Gerardo Uc Gamboa, obtuvo la secreta información, la cual hizo llegar al director de la escuela para que intentara nuevamente otra entrevista. Esta vez la suerte estaba de parte de la comunidad escolar, porque el terreno ya adquirido quedaba en el paso de la caravana de las autoridades; era cuestión de astucia y determinación para cerrarle el camino y recordarle de nueva cuenta aquella solicitud pendiente en resolver. Así se actuó.

Se invitó a los padres de familia, a los amigos del pueblo, a los alumnos y maestros quienes se apostaron a la vera del camino en espera de la comitiva. Cuando se asomaron los adelantados del contingente, el primero que se acercó a dialogar fue el presidente del Honorable Ayuntamiento de Calkiní, Prof. Abelardo Mayor Cuevas, quien se sintió extrañado por la presencia de tanta gente, pues en verdad ni él sabía lo que se había tramado. Se le informó del motivo de la conglomeración y no tuvo más remedio que acomodarse a las nuevas circunstancias.

El gobernador, al observar la inusitada presencia de una gran cantidad de personas, se acercó diciendo:

-Amigos de Nunkiní, no es necesario que me planteen de nuevo el motivo de este singular encuentro, yo ya me lo imagino, muy claro me lo han manifestado en múltiples ocasiones. Pues bien, les voy a mandar construir el edificio de su escuela, pero con la siguiente condición: que a cambio de una preparatoria estatal, ésta se transforme en otra de diferente modalidad, ¿les parece?

La muchedumbre no titubeó ni un instante y aceptó la proposición.

El gobernador continuó:

–A este pueblo le conviene un Colegio de Bachilleres, pues en este tipo de escuelas tanto el gobierno estatal como el federal comparten responsabilidades de patrocinio económico, mantenimiento y administración; una escuela con estas características podría gozar de muchas prerrogativas como una infraestructura de calidad en materiales, y un personal docente y administrativo; en otras palabras, tendrá en mi gobierno la suficiente fuerza para apoyarlos, ¿están de acuerdo? –reiteró.

Ahora, la respuesta de la gente fue más fuerte, y prorrumpió en un estruendoso aplauso de satisfacción.

Por fin, el pueblo de Nunkiní le había roto al gobernador su carapacho de invulnerabilidad, que había demostrado en un principio. Ahora, era otra historia; una bella historia hecha realidad. La Preparatoria Estatal por Cooperación “Nunkiní” tendría su propio edificio.

El cambio de modalidad de una escuela a otra traía sus propias consecuencias en contra de los fundadores y eso lo sabían todos, ¿pero a quién le importaba esas especulaciones en esos instantes? Lo importante era el bienestar de los futuros alumnos aun a costa de la desaparición de la preparatoria, como finalmente sucedió.

Con esa propuesta del gobernador se anunciaba el descanse en paz de la escuela, aunque era doloroso reconocerlo había que aceptarlo; era un cambio muy necesario si estaba de por medio mejores perspectivas de mejoramiento para las futuras generaciones. Valía la pena, pues los alumnos iban a ser favorecidos en todas sus necesidades como en el pago mínimo de colegiatura, la oportunidad de obtener becas de apoyo, maestros de tiempo completo, en fin, una andanada de beneficios que les proporcionaría más calidad en sus estudios y una permanencia placentera.

Finalmente, se construyó el edificio escolar, pero los primeros inquilinos no fueron los alumnos de la preparatoria, aunque ganas no les faltaron. Ni tampoco fue ocupado por el COBACH.

Fue a principios de septiembre de 1996 cuando se inaugura enfrente del palacio del pueblo el inicio de un nuevo modelo de estudios, el COBACH de Nunkiní.

La última generación de la escuela preparatoria (décima, 1994-1997) y la primera generación del COBACH convivieron un año en la escuela primaria en un ambiente de plena fraternidad, en un espacio en el cual se mezclaron los hermanos mayores con los menores. La dirección de ambas modalidades estuvo a cargo del mismo director.

A finales del gobierno del Ing. Jorge Salomón García le cupo el honor de inaugurar el edificio escolar en la tierra del petate y la sandía. A él se le debe la construcción del edificio escolar y la implantación de esa nueva modalidad.

Cuando se hubo instalado la nueva escuela (segundo año de la primera generación) en el edificio que actualmente ocupa, el director por motivos de incompatibilidad (trabajaba en turno matutino en la EST No. 3 de Calkiní) ya no pudo continuar porque se exigía tiempo completo.

En una ceremonia emotiva, en el frente del Palacio Municipal, en junio de 1997, la Escuela Preparatoria Estatal por Cooperación “Nunkiní” se despide por última vez de la comunidad nunkiniense, habiendo cobijado en sus aulas, durante 12 años de ininterrumpida actividad, a 333 alumnos; 10 generaciones de jóvenes campiranos que con bastante sacrificio lograron consumar sus anhelados sueños para continuar sus estudios, ya que la escuela preparatoria les dio su tiempo, espacio y oportunidad para vislumbrar un futuro más prometedor para labrarse un porvenir como profesionales, en la medida de sus aspiraciones, en la dura tarea por la supervivencia.

Una Escuela Preparatoria Estatal por Cooperación que surgió y se sostuvo por un breve tiempo, gracias al apoyo desinteresado de las autoridades de todas índoles, docentes, padres de familia, amigos y pueblo en general, pero cuando intuyeron las ventajas que proporcionaría una nueva escuela, aunque de diferente tipo, no titubearon en permitir su creación, porque sabían que los únicos beneficiados serían los hijos de Nunkiní y de lugares cercanos.

Cierto, la escuela preparatoria ha concluido ya su misión benefactora para la que fue creada y con ella se fue todo un caudal de recuerdos, ilusiones, pesares varios, incubados en los corazones de todos aquellos alumnos que se pasearon y se rompieron la cholla estudiando en sus aulas y que siguieron un camino por diferentes rumbos en la búsqueda de sus aspiraciones más deseadas o tal vez flaquearon y se rezagaron. De igual manera, se fueron también aquellas personas que desinteresadamente cooperaron, sin descanso, durante 12 años en la formación de los jóvenes a quienes les entregaron el corazón y la savia excelsa del conocimiento. Para éstos no hay medida alguna para agradecerles el favor de su prestancia docente a favor de los hijos de Nunkiní.

Mención especial merece de igual forma el Sr. Fidencio Suárez Chi, pues en su calidad de presidente de los padres de familia cooperó en la organización de festividades para agenciarse parte de los recursos económicos para la obtención del terreno en donde se construyó la escuela. Él fue quien convenció al dueño original (Sr. Ermilo Cahuich) para que cediera sus derechos. Este bohemio nunkiniense merece otro reconocimiento de parte de quien escribe.

Finalmente, el COBACH de Nunkiní será siempre la heredera póstuma de una escuela que nació para morir, pero sabe que ese sacrificio de la hermana mayor no fue estéril.

 
Fuente: Texto proporcionado por Andrés Jesús González Kantún / Foto: Santiago Canto Sosa; 27 de octubre de 2006.