Calkiní, 27 de mayo de 2005
 
Rostros de la violencia hacia las mujeres. Por Teresita Durán Vela
 
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La historia de las civilizaciones, la cultura de algunos pueblos y reportes de estudios realizados en los últimos años, señalan que la discriminación y violencia hacia la mujeres, va en aumento; tan es así, que la violencia en su contra, representa una violación a sus derechos humanos. La violencia contra las mujeres, se extiende a todas las edades, clases sociales y comunidades. En este momento en algún ejido, poblado o ciudad de nuestro Estado; alguien del sexo femenino está siendo víctima de violencia, alguien atenta contra la dignidad de su género, alguna persona está violando los derechos humanos de las mujeres, ¿Acaso ser mujer es condición de discriminación o violencia?

 

¿Por qué la violencia hacia las mujeres está aumentando en los últimos años? Estas preguntas, tienen su origen en las circunstancias que hoy en día, experimentan un mayor número de mujeres en la familia y fuera de ella; niñas, jovencitas, mujeres adultas expuestas a ambientes agresivos que deterioran la armonía familiar; viviendo situaciones que dañan su desarrollo personal; vivencias desagradables -a veces dolorosas- que dejan cicatrices imborrables en la memoria y en el alma.

En la Convención de Belem Do Pará, celebrada en junio de 1994, se definió la “Violencia contra la mujer” como “…Cualquier acción o conducta que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado. Así, como aquella que sea perpetrada o tolerada por el Estado”; con base a estas ideas, ningún pueblo está exento de la práctica de la violencia contra la mujer; pues bien sabemos que todos los días, en alguna parte del mundo, niñas, jovencitas, mujeres adultas y ancianas, son víctimas de abusos físicos, golpes, humillaciones, maltrato y abandono, pareciera que la violencia contra ellas, no se detiene; incluso en muchos casos, viven la violencia como un estado natural de su entorno. La búsqueda de la equidad, se ha convertido en una exigencia social que reclama el derecho a la dignidad y la lucha contra la no violencia; por ello, la necesidad de un cambio de actitudes, hacia un mejor trato de condiciones, con oportunidades iguales para todas las personas, dando prioridad a las mujeres; por eso, la cultura contra la no violencia hacia las mujeres y la cruzada por la equidad de género, son dos antorchas vivas para luchar y defender los derechos humanos.

Hoy, es tiempo de mirar alrededor, reconocer que muchas mujeres están viviendo con temores, riesgos, amenazas, problemas emocionales, abuso físico, inseguridad y violencia; muchas de ellas, sufren en silencio, dolor e impotencia al no poder defenderse, no saber qué hacer, ni a dónde ir para solicitar ayuda; por eso, en esta cruzada contra la no violencia, la defensa de la dignidad y el respeto a los derechos humanos de las mujeres; es razón suficiente para trabajar unidos en la creación de mejores espacios y condiciones para promover la cultura de una vida sin violencia y la equidad de género; también, es necesario fortalecer la función educativa de la familia, impulsar el concepto de familia como fuente de valores; construir familias como el mejor espacio para compartir sentimientos y valores; porque una vida en familia sin violencia, es una oportunidad para educar y formar a las niñas y niños con modelos positivos, en donde reine el amor, la paz y el respeto; estas intenciones, más las voluntades y compromisos de los gobiernos en todos sus niveles, serán los motores para impulsar una vida sin violencia, para que las mujeres y sus familias, vivan en una sociedad más humana.

Considero, que las voces unidas de las mujeres harán eco, romperán el silencio, fortalecerán los ideales y quitarán los rostros de la violencia; porque como dice Kofi Annan “ …las mujeres son capaces de colaborar entre sí y de conocerse a través de las barreras y las brechas que las separan”, por esa razón, no podemos asumir actitudes de pasividad, conformismo y de expectación; la voz de las mujeres debe escucharse en todos los espacios posibles, para romper el silencio de aquellas que son víctimas de violencia, porque la denuncia de una mujer, es el eco del silencio de muchas mujeres; la voz de una mujer, expresa el sentir de muchas; hoy, por la amiga, hermana, vecina, compañera o paisana; mañana, quizá sea por ti.

Entre todos, podemos construir los caminos para una vida sin violencia, invito a hombres, mujeres, funcionarios, abogados, religiosos, profesionistas, educadores, niños, jóvenes, padres y madres de familia, a no ser protagonistas ni espectadores de escenas de violencia; sean prudentes, tolerantes, no usen la fuerza para maltratar, ofender u obligar a alguna persona a realizar actos que lastimen su integridad; ante todo, el respeto al prójimo, a su dignidad humana.

Somos parte de una sociedad en constante cambio, necesitamos de todos para tener otras realidades; transformar sueños, para construir el mejor sitio para vivir en este planeta; ¡únase a una vida sin violencia!

 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán. 26/05/2005.