Calkiní, 20 de junio de 2009
 
La sabiduría de los Padres
 

¡Felicidades a los Papás!

Esta vez deseo compartir con usted, amable lector, unas ideas inspiradas en la figura del hombre, del ser humano sensible, fuerte, trabajador, proveedor de alimento y cariño: ¡el padre!

Sí, dedicaré unas líneas al luchador incansable, porque en su existencia cada día no tiene 24 horas; vive deseando felicidad y éxito de sus hijos.

 

Papá es símbolo de perseverancia, con su ejemplo demuestra la fortaleza del alma para salir adelante y no conformarse ante las adversidades. Aunque su entusiasmo decaiga momentáneamente, es ingenioso para salir vencedor de las dificultades; íntimo amigo de Mamá y leal compañero en las noches de desvelo. Papá es el hombre indiscutible, basta un abrazo para sentir la sinceridad de su afecto y la transparencia de su espíritu.

Así es un Padre, preciso en sus consejos; firme en sus ideas, no pierde esperanza alguna por el futuro de sus críos. Siempre dispuesto a la defensa y al cobijo en tiempos de desesperación, su mano ruda te levanta cuando caes y te arropa entre sus brazos. Él es el mejor abogado, cuyos honorarios no tienen precio, siempre está vacante, esperando el llamado de auxilio, para llegar a ayudarte. Su vocación de servicio está garantizada.

Nadie como Papá para demostrar valentía en los momentos más difíciles, él está ahí, firme como el roble; esperando volver a la primavera para ver florecer la vida de sus hijos; recordar cada tarde, después de una lluvia de verano, añorando el otoño de su historia y contando los ayeres mientras llega el invierno.

¡Qué más puedo decir de un Padre! Faltan palabras para describir la grandeza de su ser. Las cualidades son innumerables, de sus desaciertos aprendemos lecciones para no tropezar; de sus valores, adquirimos las herramientas y el pasaporte de la vida. Si alguna vez se equivocó o las circunstancias no fueron las mejores, algún ejemplo dejó para no repetir el episodio amargo de su existencia. Si él hiciera un recuento de sus días, seguramente encontrará momentos grises, pero también brillarán los ratos de alegría; porque cada paso, caída o tropiezo significó un peldaño de la escalera, para llegar hasta la cima.

¡Qué importa la edad que tenga ahora! Un Padre es para toda la vida. Si ahora ya es un anciano, ¡no te avergüences de su andar! Recuerda que en su andar ha dejado huellas imborrables que pueden ayudarte a encontrar el camino. Quizá ahora sus fuerzas son escasas, los recuerdos se escapan de su mente, repite y repite algunas cosas; pero espera ilusionado la llegada de sus hijos.

Si este día, Papá está cerca de ti, no dudes en devolverle los abrazos que de niño recibiste; dile cuánto le agradeces la vida y lo que eres ahora. Sé humilde al reconocer la sabiduría con que te educó, acepta los consejos, porque difícilmente encontrarás –en otra persona- la seguridad de sus palabras.

Y cuando el llegue el día de su partida, si desaprovechaste su compañía, no lamentes la despedida ni te esfuerces en llenar tu ausencia con flores y oraciones. Honra a diario a tu Padre.

He aquí unos pensamientos…

Recuerdos (Fragmento)

Miro al caballero de mi infancia,
al protector valiente y amoroso,
siento en su mirada
la recompensa del tiempo
y su paciencia.

Como faro en altamar,
guía los latidos del corazón,
su humildad es la armadura,
su fe, mi fortaleza.

Hoy, el hombre del retrato,
- mi Padre-
ha vuelto a sonreír.

San Francisco de Campeche, Cam. 19 de junio de 2009.

 
 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán; 19 de junio de 2009 / Foto modificada por Santiago Canto Sosa; junio de 2009