Calkiní, 23 de julio de 2012
 
 

Por Andrés Jesús González Kantún

A pesar del tiempo transcurrido de la desaparición del antiguo mercado municipal de Calkiní (1942-1983), aún se conserva intacto, en la mente de la gente grande y generaciones cercanas, el recuerdo romántico de aquel inmueble histórico que fue protagonista de innumerables vivencias colectivas y en especial del que escribe. Acontecimientos tradicionales y festivos que calaron muy hondo en el ánimo de los calkinienses. Veamos por qué:

Antiguo Mercado Municipal de Calkiní (década de 1960)
 
Mercado Municipal y Prolongación de la avenida Héctor Pérez Martín (que comenzaba en la calle 15). Década de 1960
 

Fue un paradero ineludible para visitantes foráneos y locales y un espacio de entretenimiento infantil para los niños que salían de clases de la escuela Mateo Reyes, mientras no se daba cuenta el extinto don Juan “Chiquito”, quien para cuidar el edificio debía batallar con los niños para bajarles la energía, restañando en zigzagueantes lengüetazos un chicote manejado con endemoniada habilidad. Este entrañable personaje murió accidentalmente a causa de gases nocivos cuando limpiaba un pozo en la casa de la familia Pinto.

A veces, cuando no se presentaba esta miniatura al cuidado del mercado, acudía en su lugar otro señor llamado Germán Cach, también desaparecido, para continuar con la misma tarea, y que a falta de un látigo usaba su estremecedora voz. Una voz contundente y ronca, pero más persuasiva por los aspavientos de sus molinos de vientos que eran sus brazos y sus manos que por la claridad del mensaje, ya que no dominaba el idioma español. Este hombre se caracterizaba por su vestimenta: camisa y pantalones blancos, paliacate rojo al cuello y rústicas alpargatas. Para completar su minúsculo salario se dedicó al oficio de sobador y a la acupuntura los cuales le dieron mucho prestigio.

Estos dos rústicos hombres, sin proponérselo, colaboraron en el futuro de algunos niños, pues al no permitirles jugar por las calles los indujeron en el camino del estudio. Una actitud  intuitiva y meritoria, ya que teniendo el oficio de policías, mal pagados, no los comprometía a cargar con una responsabilidad propia de los padres y maestros.

Ese mercado fue centro permanente de comercialización obligatoria, por necesidad, para todas las amas de casa y de aquellos considerados mandilones.

Fue un rincón infalible para encontrar todo tipo de especias para sazonar  los alimentos, y un espacio apropiado para  satisfacer, con seguridad, el paladar más exigente.

De igual manera, el mercado fue asiento habitual de la palabra llana que en giros traviesos se transformaba en gritos, picardía y chisme, y que en un barullo ascendente terminaba por convertirse en una monumental torre de Babel, principalmente en los domingos de compra.

Y, finalmente, se transformaba en un lugar festivo en donde se celebraban aquellas inolvidables pachangas de los matarifes en los gremios de octubre, así como el ajetreo tradicional de Todos los Santos.

 
Arquerías a un costado del Mercado Municipal. Década de 1970
 

Ese mercado antiguo también que fue testigo de innumerables acontecimientos en la vida rutinaria del pueblo cakiniense y por haber sido abastecedor imprescindible del alimento, bien merece un espacio en la historia municipal para que las generaciones venideras valoren el pasado de su pueblo.

Nació al aire libre, sin cobija ni nada, en el ágora de tierra apisonada por el andar constante de la gente. Se encontraba situado  frente a un muro grueso, que venía de la ex abadía y remataba en la arteria principal (calle 20) y entre un callejón donde se ubicaba la bien surtida y enorme tienda de don Sixto Berzunza (dentro o afuera del local se acostumbraba a exhibir los carteles que anunciaban las funciones de cine del teatro de su propiedad, Minerva), mientras en el mercado se expendían productos agrícolas, alimentos y otros enseres instalados en improvisados muestrarios. La carne se vendía en el lugar que ocupaban las antiguas arquerías, ahora fantasmas del pasado.

Durante las fiestas de Carnaval, las autoridades municipales acostumbraban a cercarlo con madera para convertirlo en una plaza taurina y por las noches de lunada corrían en un juego incansable de fuegos pirotécnicos un sin fin de toros petates.

En el gobierno municipal de don Juan Bautista Loeza Matos (1940-1941), al advertir esa precaria situación de infuncionalidad no quiso mantenerse indiferente y luchó con arrojo ante las autoridades estatales para conseguir la construcción de un edificio para el mercado. El 25 de abril de 1940 se iniciaron los trabajos y el 7 de agosto de 1942 fue inaugurado por el gobernador del estado, el Lic. Héctor Pérez Martínez. Los albañiles fueron los hermanos Blanqueto (Chumín y Rubén).

El diseño era sobrio: un cajón rectangular con techo de concreto de dos aguas de leve inclinación en cuya empalme se levantaban dos paredes con orificios que la recorrían a todo lo largo y que sostenían el techito; una fachada orientada hacia el sur (frente al costado del Palacio Municipal) con una puerta enorme casi al ras del alero y una ventana por cada lado, pero ya sin el muro de contención. En el costado este, tres  puertas, y en su contraparte una y como ventanas unos cuadriláteros rellenados con unos caños de material. En su interior, lo reforzaban tres filas de columnas. Doce ventanas, seis  puertas con barrotes de metal, enormes y corredizas, fueron suficientes para la claridad y ventilación.

En el costado oeste, calle de por medio, aquellos muros limítrofes del ex claustro sirvieron como paredes de sostén para construir una serie de edificios en el siguiente orden: en el lugar de las arquerías se construyó un sencillo galerón con techo de lámina de asbesto para acomodar a distintos venteros que ya no cabían en el mercado (obra construida por el Prof. Prof. Pastor Rodríguez Estrada, en 1971-1973). Alineaban esa parte el Sr. Luciano Gamboa, el inolvidable peluquero y contador de cuentos, don justo Estrada y su competidor, don Pastor Avilez y por último, el comerciante de maíz don Pedro Naal. Estos inmuebles, envejecidas por el tiempo, fueron remozados durante el gobierno del Sr. Rubén Uribe Avilés y convertidos en oficinas públicas: Servicio Postal Mexicano, de reclutamiento militar y la Profeco. Últimamente se agregaron los baños públicos. De igual manera aquel espacio, anexo del mercado viejo, fue deshecho y convertido en tienda del ISSSTE con arquerías (parte del convento) evocando la arquitectura de tiempos pasados.

 
Otra vista de la fachada del Mercado Municipal (década de 1980)
 

En el costado oriente (la calle 20), una calle de dos carriles, seccionada por un angosto camellón en donde se intercalaron postes de luz eléctrica con hermosas flores.

Mientras el mercado se mantuvo activo le dio cabida a una variedad de venteros, organizados en secciones: en el costado oeste se hallaban los carniceros (los de la primera generación) cuyos nombres se mencionan: Marcelino Balam, Virgilio Rodríguez (el rey de los chanchames), Heliodoro Cuevas, Gualberto Cuevas, Tino Mijangos, Gonzalo Rodríguez a. pochote, Adolfo Mijangos, Rodolfo Rodríguez, Alberto Cuevas, Edesio Loeza a. Cabeza, Alonso Rodríguez a. Pellín, José del C. Cuevas Sierra (a) Chan mozo, Dolo Gamboa (de Nunkiní, cocinero del mejor chicharrón), Lesh Mijangos, Milo Mijangos. Los de la segunda generación: *Ermilo Avilés a.Culás, *Armando Ordóñez e hijo (Pach), Carlos Tzeek Cahún, *Gaspar Lira e hijo (Eugenio), *José Herrera, Eduardo Balam, Luciano Gamboa, Ich Mijangos, Ernesto Rodríguez, *Fernando Trejo a. Chatarra, etc. Las verduleras: *Eulalia Haas, *Juanita Tuyub, *Matilde Chi, *Ángela Yam, *Margarita Cohuó, Tomasa Uc, *Margarita Tun, *Gabina Tuyub, Pastora Huchín, Rita Chi, Margarita Chi, Marciala Canché,  Ramona Pech, Antonia Ucán, Felipa Cahuich, *Altagracia Tzuc, esposa de Rubén Cih, Sara Cahuich, Jacinto Ku (a)  Poy, papá de Net, don Candil Estrada (productor) y Enrique Reyes (a) Sulfa como mayorista, etc. Los tenderos: don Eliezer Canto sustituido por Ermilo Flores, don Desiderio Osorio por don Ermilo Caamal (a) Eldo, y Magdaleno Sosa (a) Madal, Leocadio  Güémez (a) don chel, Chito Moo, Jorge May Kantún.  De venta de  pescados: don Pocarito y la tía Goya; esta mujer se distinguía no solo porque vendía en el mercado sino que deambulaba por todo el pueblo pregonando su mercancía (cazón asado) expuesta en canastas o tenates: una canasta enorme en la cabeza y un tenate agarrado con el antebrazo. Panaderos en domingo: Juan Soto, Julio Escobar Brito, Felipa Reyes y el Sr. Manuel Lara. Longanicera: doña Julia Gutiérrez. Atole y tamales: Gabina Tuyub, Ramona Ek Librada Canché y Faustina Kantún.

Antojitos tradicionales: Don Lap Cervera. Este simpático señor por haber sido un personaje sin par, merece unas cuantas líneas ya sea por los sabrosos antojitos que vendía (tacos de carne y huevo, tostadas, garnachas, salbutes), que no tardaban en las vitrinas de exhibición, o por el gusto de escribir en un pizarroncito, como  aquéllos que obsequiaba la coca cola, versos rimados que daban cuenta de los acontecimientos más significativos del pueblo, pero en sentido chusco. Un periódico creativo, obligado a ser leído por placer o necesidad. Ese prestigio ganado en buena época por lo delicioso de su comida tradicionallo conservó su hijo Alfonso Cuevas a. Concho, ahora instalado en el mercado actual, pero con la única diferencia de que el heredero les dio nombre de acuerdo a la clase de antojitos: a los salbutes, rusos por el color colorado del condimento o machos por tanto huevo; a los tacos, telescopios y a las tostadas, rompemuelas.

En el mercado como en otros lugares del mundo habrán surgido retazos de la vida diaria que a través del tiempo se vuelven anecdóticos y causan la alegría de muchos y el enfado de pocos (los protagonistas), tal es el caso experimentado por el Sr. Marcelino Balam, matancero de profesión, y figura representativa del vestuario tradicional: calzones blancos de manta cruda, delantal de cotín azul bajo con un fondo a rayas, camisa blanca con un pequeño corte del pecho al cuello y sombrero de araña.

Tenía la costumbre, como buen tablajero, de proponer, a grito forzado, sus chanchamitos de seso matizándolos de la siguiente manera:

─¡Acérquense, marchantitas! ¡Acérquense! ¡Vengan a probar sus chanchamitos de puro seso! ¡Sí, de puro seso! ¡De puro…!

De pronto lo interpelaba un hijo suyo con problemas de esas llamadas de capacidades diferentes:

─¡Dicen que son de seso, pero son de pura madre!

Detalle de la pintura "Mercado Municipal", realizada en el año 2000 por el artista calkiniense Marco Chab Yah
 

Y para evitar que el vástago lo siguiera contradiciendo, el padre lo tranquilizaba ofreciéndole coca cola cuando bien podía haber prevenido el bochorno si se la hubiera dado con anticipación, pues esa era la reacción del joven cuando su padre no quería consentirlo.

En el gobierno del C. Rubén Heriberto Uribe Avilés (1986-1988), en el lugar  del mercado, fue creada La plaza del maestro como un reconocimiento a la docencia y la cultura. Resplandece en un extremo un teatro semicircular en cuyo lado recto se encuentran instaladas seis columnas griegas (símbolos de la sabiduría ateniense o sea la Atenas del Camino Real como lo bautizó el extinto Gobernador Alberto Trueba Urbina), y en el centro, sobre un pedestal, un libro abierto con los nombres de seis distinguidos maestros ya extintos: Emma L. Rodríguez Berzunza, José M. Estrada Mijangos, Carmela Puc Herrera, Pedro A. Castilla Sosa, Pastor Rodríguez Estrada y (¿?).

En las postrimerías del gobierno Municipal del Prof. Mario Berlín Mijangos (1983), el mercado se clausuró (existía la idea de convertirla en una tienda de artesanías) por varias razones: ya era insuficiente para la atención de los usuarios y además en los domingos de compra la avenida principal se abarrotaba en exceso que exponía la integridad de los consumidores y como colofón, Calkiní ya necesitaba crecer por el rumbo donde se había programado la construcción de la nueva plaza. Esta decisión, en un principio, causó congoja en el corazón de los calkinienses, tal vez haya sido por la fuerza de la costumbre (41 años de vida) o la lejanía del nuevo local, sin embargo, con el paso de los años el pueblo comprendió que esa decisión fue acertada para salvaguardar el progreso de un pueblo, ya que era una necesidad ineludible para una sociedad no conformista. Ciertamente las autoridades ya preveían la mejoría del terruño, y si no contaban con la aprobación del pueblo, que ese era el camino democrático para las grandes decisiones, sí contaban con las del cabildo que son los representantes del pueblo, no se equivocaron, pues  el tiempo les dio la razón. Calkiní fue creciendo, como hasta ahora, y tiene otro rostro: la del desarrollo.

El espacio donde se ubicó el mercado nuevo (una manzana completa, entre la calle 19 y la 21) pertenecía al señor Lucas Canul. Para convencerlo de que cediera esa propiedad le pagaron con justeza el valor catastral, y si acaso se resistía se les argumentó que el municipio tenía la suficiente autoridad legal para hacerlo cambiar de actitud si de por medio había un beneficio colectivo. No había otro camino más que ceder.

En diciembre de 1983 el mercado nuevo fue inaugurado por el  gobernador del estado, el Ing, Eugenio Echeverría Castellot, cuando era presidente municipal el Profr. Ismael  Estrada Cuevas (a él se le atribuyen  los trámites de la construcción).

 
Actual Mercado Municipal (década de 1990)
 

Muchos de los locatarios, en un principio, se resistieron a ocuparlo, pero a final de cuentas claudicaron con excepción de dos: Magdaleno Sosa y Ermilo Caamal. En el trienio de gobierno municipal del Dr. José Estrada Mijangos (1997-2000) se llevó a cabo entre los locatarios una encuesta para darle nombre al mercado y se propusieron dos candidatos: La vendedora de antojitos (tamales y atole) Gabina Tuyub y el matarife José del Carmen Cuevas. La mayoría se inclinó por el segundo con el argumento sugestivo de que el oficio practicado por el elegido era de tradición familiar, aunque no  tomó en cuenta que para aquella distinción también se requería cuando menos una pizca  de comportamiento ético.

Este mercado es amplísimo, sólo que en los domingos de venta se reduce. Cuenta con techo de losa de cuatro aguas en cuyo centro se eleva un cubo cubierto de material transparente que funciona como tragaluz  Está formado de tres secciones. Al centro cuenta, con dos naves amplísimas, una detrás de otra, con dos alas en ambos lados.

Durante la presidencia de la C. Martha Patricia fueron agregados en el lado izquierdo doce puestos. Esta parte comienza con el estacionamiento, enseguida, dos tirones en triple fila de tiendas de venta de todas especies y al final, un tinglado dedicado a los chicharroneros, que están peleados con la salud y que debería buscársele una solución. En el centro, inicia con una amplio parque, pero que ha perdido su función y la estética debido a que se utiliza como zona de venta provisional ya sea sobre tendidos en el piso o por las  tiendas de techo de lona sostenidas por un enmarañado de sogas (un problema no resuelto por las autoridades desde hace mucho tiempo); inmediatamente, sigue una nave en donde se encuentran colocadas las vendedoras de verduras, y luego, otra en donde están acomodados los comerciantes de cárnicos (aves, res y mariscos); en la parte derecha comienza con unos juegos infantiles y continúa con una doble fila de puestos de toda clase de comidas, después las oficinas de la administración y el cuarto frío y finalmente un estacionamiento de descarga.

Un mercado nuevo que empieza a funcionar después de las siete de la mañana a diferencia del antiguo que cobraba vida, terminando la misa de las cuatro de la mañana.

Algunos de los trabajadores del mercado antiguo aún se mantienen en actividad en el nuevo (se señalan con asteriscos).

Hoy, esta plaza ya no se percibe tan lejana como la primera vez y representa un símbolo indiscutible del desarrollo de Calkiní. Ambos mercados, hermanados por el tiempo, ya forman parte de la historia local y serán recordados siempre como parte de la vida cotidiana de la sociedad calkiniense.

 

El 27 de diciembre de 1999 fue develada una placa (rústica) con el nombre que le pusieron al mercado. Foto: familiares de José "Carmito" Cuevas Sierra
 
 
Fuente: Andrés Jesús González Kantún, 21 de julio de 2012 / Imagen y fotos: Andrés González Kantún; Ernestina Herrera Cuevas; Francisco Cauich Pat; Narciso Cuevas Flores; y pintura de Marco Chab Yah. Archivo de Santiago Canto Sosa