Ambas,
circunstancias influyeron determinantemente, en los electores,
quienes convencidos, del ejercicio del derecho constitucional
para elegir a sus representantes, acudieron con responsabilidad,
a la casilla correspondiente para emitir el sufragio, en
cada una de las boletas destinadas para ello; algunos, lo
hicieron como condición para obtener la despensa, conservar el
empleo en la administración pública o simplemente,
porque el amigo o el compadre, necesitaba del voto seguro del
familiar; incluso unos cuantos, se presentaron a votar, sin
la convicción de que su voto cuenta , decide el futuro
de la familia y proyecta el progreso de un pueblo.
Sin
embargo, cualquiera que haya sido el motivo de la participación,
los campechanos rebasamos, la media nacional de votantes, pues
según el IFE (PREP), el porcentaje de votantes en el
país, representó un 58.9%; en tanto que en el
estado de Campeche, se contó con la participación
del 65.16 % del padrón electoral; este dato coloca a
la entidad entre los primeros cuatro estados con mayor número
de votantes, después de Tabasco (68.37), Distrito Federal
(68.08) y Yucatán (66.92).
Con
estos resultados, los habitantes del sureste del país,
dieron cuenta, de la participación ciudadana en el proceso
electoral; desde luego, no justifica la abstención de
quienes se negaron este derecho, pero, sí representa
un avance a nivel de participación en los procesos políticos
y cívicos; con la esperanza y el compromiso moral de
ser protagonistas y promotores de los valores de la democracia:
pluralidad, tolerancia, respeto, diversidad, justicia y verdad.
Los
ciudadanos que participaron en la fiesta cívica
popular del 2 de julio, bien sea como votantes, funcionarios
de casilla, representantes de partidos, observadores o defensores
del voto, cumplieron responsablemente, con la tarea asignada;
afortunadamente, en un ambiente de orden, con cierto suspenso,
nerviosismo y presión conjunta entre las mismas personas
asignadas, en cada una de las casillas; los comicios de este
año, han sido calificados como históricos, prueba
de ello, son los resultados preliminares, las declaraciones
de los candidatos, el triunfo y derrotas de los partidos, esto
evidencia, la transición de la sociedad, a una vida
democrática.
Ante
los resultados anunciados por el Instituto Electoral, tanto
a nivel federal como estatal, el conteo de los votos, el
registro y análisis de cada una de las actas, los
resultados de procedimientos estadísticos y las decisiones
de los consejeros, así como, las opiniones de los representantes
de los partidos políticos, son recursos suficientes
para la validez y confiabilidad de los resultados, para que
se respete el voto emitido por cada ciudadano, porque un voto
hace la diferencia, un voto es decisivo para ganar o perder.
Esta
jornada electoral, sin duda, fue diferente para todos. Ha
sido, la antesala de futuros proyectos políticos,
un ejemplo de civilidad. Los comicios del 2006, serán
para la historia de los institutos políticos, los más
competitivos; quizá, el detonador de cambios radicales
en la estructura de algunos o el fortalecimiento de principios
e ideologías, cualquiera que sean los efectos, en mi
opinión, los ciudadanos, habremos de continuar participando
en la consolidación de la democracia, apegados a derecho
y convencidos de la fuerza cívica, que sostiene la libertad,
el respeto y la dignidad. |