Posteriormente, se trasladó a la ciudad de Hecelchakán, para cursar la Secundaria en la Escuela Federal “Cabalán Macari”. Al terminar sus estudios, motivado por el deseo de superación, y gracias al apoyo familiar, viajó a la ciudad de Mérida, para inscribirse en la Escuela Preparatoria de la Universidad de Yucatán. Una vez concluido el Bachillerato, decidió prepararse para ingresar a la Facultad de Medicina, pues permanecía en él, el deseo de ser médico para servir a la gente del pueblo y ayudarla en cuestiones de salud.
Una vez aprobado el examen correspondiente, se inscribió para cursar la carrera de Médico General en la Universidad Autónoma de Yucatán. Gracias al apoyo de sus padres y especialmente, de su hermano José que radicaba en Ciudad Victoria, Tamaulipas, culminó satisfactoriamente su preparación académica.
Comenta –para ayudarme y tener unos pesos, decidí trabajar en mi tiempo libre, como empleado de piso en San Francisco de Asís-. De esa manera, afirma, “como no habían becas de gobierno, tenía que buscar la forma para ganar un dinerito extra, pues era mi compromiso estudiar, terminar la carrera y titularme”. Sin importar el sacrificio ni los desvelos, la responsabilidad como estudiante y la perseverancia, lo guiaron al logro de sus metas.
Realizó su servicio social de 1982 a 1983 en Kanasín, Yucatán. Dice “hubiera querido hacerlo en Bécal, pero no tenía convenio la Universidad con la Secretaría de salud de Campeche, por lo que tuve que atender a los habitantes del municipio de Kanasín”.
Recuerda que sus padres y hermanos, lo acompañaron a la ceremonia de graduación en Mérida, y sin que él supiera, Don Pastor y Doña Lucila, organizaron en Bécal, una fiesta para celebrar tan importante acontecimiento familiar.
Con el título de Médico en sus manos, decidió retornar a la tierra donde aprendió a leer y escribir, el lugar donde dio sus primeros pasos … su pueblo querido: Bécal.
El 14 de febrero de 1984, el joven doctor Víctor Manuel, de regreso a casa, con los conocimientos, el entusiasmo y deseo ferviente de abrir las puertas de su consultorio, empieza a trabajar en su consultorio particular. Así, durante 30 años ininterrumpidos, las 24 horas de los 365 días del año, el Doctor Chuc, como lo conocen en el pueblo, brinda sus servicios a la comunidad becaleña: mujeres embarazadas, niños, ancianos… personas de todas las edades han acudido hasta él.
Afirma el Doctor… “quise ser médico porque en el pueblo siempre hace falta un doctor, me di cuenta que el Dr. Rosado era apreciado por la gente, y ya tenía edad. Las familias (en su mayoría tejedoras), no tenían recursos para estar yendo a consultar a Mérida o Campeche. Pensé ser doctor para servir a mi pueblo. Jamás me interesó un cargo administrativo ni político. Para mí tener el consultorio fue mi ilusión y lo logré”.
Entre tantas satisfacciones profesionales, recuerda: haber salvado la vida a mujeres en trabajo de parto y a las criaturas, ¡salvar la vida es lo más emocionante para un médico! También tiene presente, cuando llegó a su auxilio una persona que tuvo un cuadro de bronco-aspiración durante la comida –se estaba ahogando Don Galo- cuando acudí a su domicilio, “enseguida utilicé las técnicas de resucitación… y se salvó el señor. Su familia me colmó de agradecimientos”.
Una de las anécdotas chuscas que recuerda: “una noche llega a la casa, desesperadamente Pinocho (Miguel Laviada) ¡Doctor, doctor, venga a mi casa, mi mamá está muy mal… Tomo mi maletín, llegó apresudaramente y me encuentro a Doña Candita Acosta, en su hamaca y me pide… Doctor acérquese, acérquese más… estoy bien, no me pasa nada… se los dije porque estos mentecatos Racata (Rafael Laviada) y Pinocho estaban peleando, y se me ocurrió… gritar, quejarme de dolor… y les pedí que lo fueran a ver para que se aquietaran… Gracias y disculpe.
Está casado con la señora Luisa Yolanda Escalante López, tienen dos hijos, Víctor Rubén y Luisa Yolanda.
Después de tres décadas de ejercer su profesión y servir a su pueblo, dice sentirse agradecido. Comenta “se siente uno bien, cuando anda por las calles del pueblo y alguien te saluda, te agradecen por la mejoría del paciente, la salud del niño o que ya está fuera de peligro el enfermo. Esas satisfacciones me motivan a dar lo mejor de mi profesión, a actualizarme y estar dispuesto a esperar el llamado o la consulta de un nuevo paciente”.
Honor a quien honor merece.
Su mensaje para la juventud es el siguiente:
“Que se pongan a estudiar, no importa su condición social. El estudio es la única manera de salir adelante y poder vivir con cierta tranquilidad. Estudiar una carrera, desempeñar un trabajo sin buscar más que el bienestar de uno mismo y de nuestra población”.
Bécal, Calk., Cam. Febrero de 2014 |