Calkiní, 11 de enero de 2011
 
Familia y escuela a favor de la alimentación

Por Teresita Durán Vela

 

El problema del sobrepeso y la obesidad en los infantes mexicanos, generó encuentros y diferencias entre las dependencias gubernamentales, los medios de comunicación y la sociedad; no se trataba de reconocer culpables, sino de aceptar la situación crítica y de emergencia en la que se encuentra la población infantil de nuestro país. Finalmente, el gobierno federal giró instrucciones para que la Secretarías de Salud y Educación –previa revisión y aprobación del poder legislativo- pusiera en operación medidas para cambiar el panorama y promover una cultura del cuidado de la salud.

 

Después de meses de discusión, en agosto de 2010, se publicó en el Diario Oficial de la Federación, el “Acuerdo nacional de salud alimentaria. Estrategia contra el sobrepeso y la obesidad”. Si bien fue un logro, el impacto del Programa de acción en el contexto escolar, continuó provocando discusiones y críticas severas por parte de los medios de comunicación y personas con ideas contrarias a tal iniciativa.

La publicidad ha incrementado el consumo de alimentos azucarados, comida rápida con alto contenido en grasas y sales; junto con ello, el sedentarismo y ausencia de ejercicio, son causales principales de la problemática. ¿Por qué legislar hasta ahora? Respuestas muchas. Medidas para prevenir y atacar la problemática se definieron. Por la salud, bienestar y mejora de la calidad de vida de los pequeños, no se podía postergar tales decisiones. La meta, cambiar la posición del horroroso primer lugar, disminuir los índices de obesidad en la población mexicana, promover una cultura de hábitos buenos para la alimentación, modificar criterios en el expendio y distribución de alimentos y bebidas en las escuelas, inculcar la modificación de prácticas en la preparación del refrigerio de los escolares y en general en la dieta familiar.

Finalmente, el protocolo y la logística en Salud y Educación, terminaron por impulsar los fundamentos que avalan las decisiones preventivas y correctivas en contra de la obesidad infantil; aunque esas disposiciones por sí solas no garantizan una disminución de los índices de obesidad, si proponen acciones que llevadas a cabo por las instancias repercutirá en la organización de los planteles escolares, en el cambio de la oferta de alimentos y bebidas, el desayuno escolar, las actividades físicas y al aire libre, incluso el menú preparado en el hogar.

Para combatir desde la escuela, el sobrepeso y la obesidad, se requiere la participación permanente de autoridades, jefes de sector, supervisores, directores, maestros, alumnos, padres y madres de familia. La familia tiene una función educadora determinante en la adquisición de hábitos de sus integrantes; ante tal emergencia, las prácticas cotidianas en pro de una alimentación sana, es recomendable que ésta sea equilibrada, suficiente, adecuada y variada. Como una forma de incentivar a las familias, existe la publicación “Cómo preparar el refrigerio escolar y tener una alimentación correcta. Manual para madres, padres y toda la familia”, cuya finalidad es contribuir a la mejora de las prácticas y calidad de la alimentación desde el hogar.

En la medida que directivos y maestros apliquen los lineamientos y los padres de familia, se esfuercen por colaborar, paulatinamente se lograrán cambios en los menús de refrigerio escolar, una dieta equilibrada, entorno familiar saludable –libre de comida chatarra y con tiempo para la actividad física- y en general, una vida saludable. Si bien, los usos y costumbres de comunidades y familias son diversos, con voluntad y disciplina, puede cambiarse la cultura. Los maestros tienen que empezar en su familia, y las familias tienen que participar para que sus hijos sean sanos. El ejemplo es el mejor medio para aprender el “bien comer”. Ese sería un buen proyecto personal para iniciar este año.

Para la segunda década de este siglo, la situación debe modificarse, ceder la posición 1 a nivel mundial para pasar al bloque de naciones con índices bajos de obesidad. Mas que un reto oficial en materia de salud y educación, es una oportunidad para impulsar el desarrollo humano mediante la cultura de la prevención de enfermedades, una vida digna, sana y segura para todos.

San Francisco de Campeche, Cam. Enero de 2011.

 
 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán; 11/01/2011 // Foto: Santiago Canto Sosa