Conocí a
Doña Carmen de la Fuente, en una de
las sesiones de otoño de la Casa Maya; una mujer exitosa,
con una memoria privilegiada y una sensibilidad singular, para
expresar con fuerza, el valor de la palabra y exaltar la magia
de la poesía. Es considerada vivo testimonio de dos
siglos, pues desde 1918 vio la luz y hasta hoy (enero 2008),
sigue con toda la brillantez del pensamiento, evocando
recuerdos de su vida laboral, en las escuelas prevocacionales
y vocacionales del insigne Instituto Politécnico Nacional.
En su discurso, relata con objetividad –siempre que
la ocasión lo permite-, el legado del Gral. Lázaro
Cárdenas a la nación; y se apasiona cuando narra
algunos sucesos del movimiento estudiantil del 68.
Doña
Carmen de la Fuente es una mujer de méritos académicos,
por su desempeño en instituciones de educación
media y superior, en el Distrito Federal; formadora de múltiples
generaciones de mexicanos. Ingresó al “Poli” como
maestra de Español, Literatura Castellana y Literatura
Universal.
Su
gran pasión por la lengua española
y su sensibilidad humana, le han permitido engarzar el conocimiento
y las emociones, en verdaderas estrofas llenas de vida; su
forma de interpretar la realidad social la han llevado a dar
voz a la represión y al silencio de los menos protegidos;
su filosofía ante la vida, el trabajo y el pueblo, alimentan
el manantial de sus creaciones literarias: desde el verso libre
hasta la elegancia del soneto. Su poesía es profunda;
su dramaturgia, ensayos y periodismo cultural, la han consolidado
como fuente viva de las letras mexicanas y ejemplo de
lucha femenina, en tiempos difíciles, durante el siglo
XX.
Es
autora de la letra del himno al Instituto Politécnico,
mismo que se interpretó por vez primera el 19 de agosto
de 1961, en la ceremonia del XXV aniversario de su fundación.
He aquí un fragmento.
(Coro) Su libertad México
crea
surge
la Patria, nace la luz;
nos
convoca tu voz, Politécnico;
nos
conduce tu amor, juventud.
En
dinámico anhelo conjugas
las dos
fuerzas de un mundo viril;
es la ciencia,
crisol de esperanzas,
es la técnica,
impulso motriz.
Guinda
y blanco, indómita almena
que defiende tu
ardor juvenil,
oriflama en las
lides gallardas
en tus manos triunfal
banderín.
Tiene
en su haber los libros: “Viajera por
un siglo” (edición del IPN/CONACULTA), “De
la llama sedienta” (1952), “Las ánforas
de abril”, “Entre combate y tregua” (dos
títulos con el mismo nombre), “Procesión
de la memoria”, “Como la luz”, “Lázaro
Cárdenas, palabra de hombre”; además de ensayos,
artículos de crítica y otros trabajos, publicados
en revistas de lengua hispana, nacionales como extranjeras.
Hace
poco menos de un lustro, recibió las “Llaves
de la ciudad”, de manos del entonces Presidente Municipal,
Lic. Fernando Ortega Bernés. En octubre de 2004, en
la Sala de Cabildo del Palacio Municipal, presentó el
poemario “De amores visibles e invisibles”, una
edición de la Colección Rosa Naútica de
Casa de Maya de la Poesía, con el apoyo solidario del
Frente de Afirmación Hispanista, que dirige el Dr. Fredo
Arias de la Canal.
¡Qué forma
de honrar la poesía
mexicana!
De
su obra “De amores visibles e invisibles” (editada
en Campeche, 2004), comparto los siguientes fragmentos:
“La última luz” (Fragmento)
La última
luz que se derrama sobre la tierra
no es el abrir de las flores
sino el cerrar de sus corolas.
La última luz es un adiós,
un llanto,
un sollozar en la penumbra.
Cuando fue la mañana, abriéronse las flores.
A la luz de la tarde, se cierran las corolas.
“Dos perlas” (Fragmento)
Yo que amo el mar como un dios
de antiguas epopeyas,
extraje de su seno dos misteriosas perlas:
una encierra en los visos del nácar
las memorias del agua,
el abismo secreto del orbe submarino.
La
otra, naturaleza cálida,
es pluma, encaje, adorno de la vida,
caracol que ríe y canta,
aligera pesares de la tierra.
Doña
Carmen de la Fuente deja sentir su fuerza, cada vez que alguien
interpreta el himno del “Poli”;
permite al pensamiento navegar cada instante y alimenta
el espíritu de los poetas y amigos de Casa Maya de la
Poesía, cada vez que sus pies tocan suelo campechano;
alimenta su alma de frescura y su mirada, reposa en el bello
atardecer que adorna la bahía.
Ella
sigue hilvanando versos, recuerdos y esperanzas; mientras
los demás,
seguimos sus huellas…
San Francisco de Campeche, Cam. Enero de 2008. |