ENERO
ENERO era un plato vacío
sobre “la mesa crepuscular” de un lunes.
Hoy es una pintura donde se aprecian calles
bautizadas por la lluvia,
ciclópeas casas –en eterna vigilia–,
hojas de papel periódico, danzantes,
mudándose discretamente a barcos,
a diminutos barcos, libres
como el corazón de un hombre
al soltar la paloma de su canto.
Enero era toda habitación de la memoria iluminada por tus ojos,
tus dispersos ojos, en desorden:
el rompecabezas y mis manos fracasadas.
Hoy únicamente es la mariposa negra
que ronda nuestra casa.
Mi madre dice que pronto tendremos visita.
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