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Por
Teresita Durán Vela
¡Diciembre
ha llegado! El espíritu de las fiestas decembrinas ya
está presente en las calles, edificios, parques y hogares;
luces de colores, flores de nochebuena, ángeles, campanas,
bastones y esferas lucen el brillo de los colores de la Navidad.
No hay duda, en esta época del año, las estrellas
también brillan intensamente y la luna mira silenciosa
desde el cielo, el andar de las personas.
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La
magia de la Navidad envuelve con una atmósfera de alegría,
los sentimientos de chicos y grandes; la inquietante espera
para abrir los regalos, crea un ambiente de expectación;
estos días de celebración, cambian la rutina de
algunas personas, pues no siempre, los escenarios en la familia
o en la vida personal, se iluminan con tantas luces; a veces,
se atraviesan momentos de tristeza, dolor, pobreza o enfermedad.
No a todas las personas, la Navidad ilumina sus pensamientos.
Bueno…
en estos días, es tiempo de abrir el corazón,
para regalar abrazos, buenos deseos y sonrisas; la temporada
para hacer un recuento de emociones y tomar decisiones: perdonar,
ofrecer una mano amiga, compartir el pan, hacer una obra de
caridad o tan sencillo como desear ¡Feliz Navidad!
Fíjese,
no es necesario gastar dinero para conseguir un regalo; a veces
los tenemos, y no nos damos cuenta. La navidad es motivo de
celebración de la vida, la amistad, el amor; y esos detalles
no están cotizados, ni en la mejor bolsa de valores del
mundo; son bienes espirituales, sin etiquetas o rebajas; tan
sólo regalos sinceros que podemos intercambiar con otras
personas; además son inagotables, pues se multiplican
cada vez que se comparten. Este año, procure no invertir
demasiado tiempo en conseguir qué obsequiar, mejor haga
un recuento de sus sentimientos y valores, y con el mejor papel,
envuélvalo para deslumbrar a la persona que lo recibirá.
Así, ganará tiempo para hacer otras acciones,
en lugar de ir de tienda en tienda; sus regalos, seguramente
los tiene en la mano.
Los
regalos de la Navidad son inagotables, cada ser humano tiene
entre un repertorio por escoger; es cuestión, de seleccionar
el mejor para la persona especial. Por ejemplo:
A
los niños, puede regalarles alegría y felicidad.
A los jóvenes, respeto y comprensión.
A los ancianos, sonrisas y abrazos.
A los enfermos, compañía y oraciones.
A los amigos, solidaridad.
A los hermanos, sinceridad.
Al esposo o esposa, fidelidad.
A Papá y Mamá, gratitud.
A Dios, fe y amor.
Amable
lector, usted es una persona afortunada, puede regalar tanto
como desee, sin solicitar crédito o pagar en efectivo;
es cuestión de voluntad. Ojalá sus regalos para
estas fiestas, perduren por mucho tiempo, mejor si son para
toda la vida.
¡Feliz
Navidad!
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