Calkiní, 21 de diciembre de 2005
 
El valor de la Navidad
 
 

"El valor de la Navidad" es el texto que da título a esta sección. Teresita Durán Vela revela su innata comprensión hacia los más disímbulos aspectos culturales y espirituales. Es un tema generalizado.

En este fin de año, es propicio hacer un balance de los propios acontecimientos, de la vida personal que con las experiencias ajenas conforman el devenir de una comunidad.

En estas fiestas decembrinas, valdría la pena reconocer el valor de lo realizado (positivo o negativo) en nuestras familias.

Nacimiento y árbol navideño. Explanada del Palacio Municipal de Calkiní. 2005.
 
El valor de la Navidad

Las fiestas decembrinas una vez más, han llegado; pareciera que el tiempo transcurre a gran velocidad, que muy pronto los arbolitos, luces, nacimientos y regalos volvieron a robarnos la emoción para preparar la llegada de la navidad.

Las fiestas decembrinas, son ideales para la convivencia familiar, el diálogo y la amistad, motivos reales para estrechar vínculos afectivos, consolidar valores y fortalecer la espiritualidad en cada una de las personas. Afortunadamente, durante estos días, se disfrutan los valores culturales en muchas familias: desde escoger las lucecitas para el arbolito, hasta poner el nacimiento incluyendo las posadas, regalos y reencuentros amistosos. Los sentimientos salen del cofre de los recuerdos, para expresar afecto y buenos deseos a los seres queridos.

Navidad es tiempo de reflexión, es una de las épocas del año, matizada de emociones, recuerdos y fiestas, y no porque hayan bailes y regalos; sino por la esperanza de vivir en armonía entre los hombres, por la generosidad para dar al prójimo necesitado, por el respeto al pensamiento del otro, por el amor y la fe de la humanidad.

Gracias al espíritu de la Navidad, hombres y mujeres de buena voluntad, siguen la luz de la estrella de Belén para iluminar su andar en esta vida. La esperanza renace en Navidad y se acompaña por las bendiciones de la llegada de El Salvador, “paz en la tierra a los hombres”, es el regalo que la humanidad se niega a recibir.

Vivir la Navidad, seguramente es el mejor bendición que los cristianos acogen en su corazón, para convertirlo en el motor que impulsa el espíritu y la mente de las personas para hacer el bien; desechar rencores, envolver perdones, sanar el alma de tristezas y dolor, iluminar el rostro con una sonrisa, ofrecer pan y dar la mano al necesitado.

Navidad es tiempo de amar.

Deseo sinceramente que en estas fiestas navideñas, el calor del Niño Jesús, el brillo de la estrella Belén, la esperanza de una vida digna, la fe por un mundo mejor, sean los regalos que los Reyes Magos traigan para usted y sus seres queridos.

Feliz Navidad.

Foto: Santiago Canto Sosa