Calkiní, 21 de diciembre de 2005
 
Versos de Navidad
 
 

Santiago Canto Sosa deja constancia de su inclinación hacia la literatura para niños en el libro "De todos modos".

En ese volumen de 84 páginas, de Ediciones Navel de Papel, de Bacalar, Quintana Roo, en 1996, el poeta vincula rimas lúdicas con palabras de intensidad lorquiana, con el propósito de acercar a los infantes de edad preescolar y primaria hacia motivos periódicos: aspectos escolares, marinos, del hogar y navideños, como se puede apreciar en las siguientes estrofas.

Representación de una pastorela. Escuela "Carmen Meneses", de Calkiní. Diciembre de 2005.
 
La Rama

Es verde cruz una rama
que cargan algunos niños;
las hojas clavan el aire
muy dentro de sus ojitos.
Un par de globos al frente
se mecen, como aquel río
de luz que nace en el pecho
sagrado de Jesucristo.

Con una sola guitarra,
amiga de los sonidos,
la Rama pide posada
en brazos de los chiquillos.


Peregrinos

José y María
buscan posada;
él caminando
y ella cansada
sobre un burrito
de orejas blancas.

¿Dónde dormir
mientras el alba
cura sus rostros
que el sol quemara?
¿Dónde pasar
la noche pálida?

José y María
siguen su marcha
hasta un remanso
de tibia paja.
Dichosos los hombres
que los escuchaban…


Pandero y sonaja

Pandero y sonaja,
sonaja y pandero;
un árbol de niños
con voz de corderos
y un mar que susurra
el nombre del Verbo.

Pandero y sonaja
sandalias de cuero
y una gorra verde
abierta en el viento
al nacer un niño
en brazos del sueño.

Pandero y sonaja
sonaja y pandero.
¿Quién pide cariño
sino sus diez dedos
que torpes levantan
su gemir al cielo?

Donde va la noche
mando mis obsequios
para el rey nacido
en cuna de siervos.
Pandero y sonaja,
sonaja y pandero.


Pastorela

Baruc es un pastorcillo
alegre como las uvas;
tiene un corazón manzano
y una pera por ternura.
Su mano es un platanar
y cinco nueces sus uñas;
su mujer doña Sarita
vende mangos, vende frutas.

Pastorela, pastorela.

Hay un diablo entre la gente
que incendia los corazones;
hay un demonio sin cola,
sus piernas son dos melones.
Su cabeza es un tomate
maduro como las coles;
guarda su trinche de día
para lucirlo en la noche.

Pastorela, pastorela.

Vino el arcángel Gabriel
y anunció su testimonio:
Ha nacido en un portal
el Señor de los Tesoros.
Sara, Baruc y su pueblo
ríen con dientes de coco.
Satanás y algunos hombres
llenaron el manicomio.

Pastorela, pastorela.

Los ojos de Vicentito

Vicente, mira las velas,
velas y di cómo son,
no dejes que el viento apague
las mechas, hijas del sol.

¡Velas! ¡Velas! ¡Compren velas!
pregona el niño menor
entre los pobres periódicos
que a veces le dan calor.

¡Dame una vela! –le pido–,
pero él me regala dos.

Foto: Santiago Canto Sosa