Calkiní, 26 de agosto de 2012
Jóvenes con un destino incierto
 

La falta de oportunidades para el trabajo es un claro problema nacional que el gobierno federal  no ha podido resolver y ni qué decir de los gobiernos estatales que cierran los ojos, pensando que ese problema sólo le compete al presidente. Se presume que se han creado bastantes empleos para menguar la necesidad de los mexicanos, pero es pura retórica y demagogia. El problema cada día se acrecienta y no tiene freno.

 

Pero lo más estrujante de  la realidad es que arrastra al barranco a la juventud en edad productiva, especialmente a  aquéllos que no han tenido la oportunidad de continuar sus estudio por causa de la pobreza y que son la mayoría. De la población del país, una cuarta parte, 29.7 millones, se encuentran en una situación de abandono y pertenecen a ese sector; reitero, los más pobres que van de los 15 a los 29 años.

Sí los jóvenes que terminan una carrera profesional sufren por conseguir un trabajo y si lo consiguen son mal pagados; es obvio que los no preparados están sentenciados a una vida de ignominia y en el último de los casos a terminar su vida en una fosa común, por dedicarse a actividades ilícitas o peligrosas como es el negocio del narcotráfico, que ya es una realidad inobjetable. La familia tiene que sobrevivir de alguna manera. Y aparte de aquéllos que ya vienen despuntando para la actividad laboral de modo que el problema quién sabe hasta cuándo vaya a terminar.

Ya es tiempo que las autoridades de todos los niveles se pongan las pilas y dejen de favorecerse a sí mismos y que dejen de pelearse como gatos y ratones para sacar suculentas tajadas para sus círculos de poder.

La educación sería la solución. Es mentira que se hayan incrementado los niveles de estudios en la educación media superior y superior, aún existe mucha deserción, y las autoridades, viviendo, como siempre, en el limbo. El gobierno federal —ya de salida por dedicarse a exterminar la turbulencia de la magia organizada, ya de por sí enraizada desde antes en los gobiernos autoritarios— sólo se preocupó por querer poner orden para ganar las futuras elecciones, pero sólo revolvió todo y se fue blanco porque el pueblo no quiso reconocer sus ansias de querer componer las cosas, salvo los lugares en donde la violencia se ha incrementado. Ahí los votos fueron a favor de su partido.

Es preciso que de ahora en adelante el nuevo gobierno, si quiere ganarse la voluntad del pueblo mexicano, debe continuar con el combate a la violencia con más inteligencia y luego tratar con manos de seda lo relativo a la educación actual como lo es la reforma educativa y concluirla hasta las últimas consecuencias y evaluar resultados, pues reiniciar otra será un cuento de nunca acabar como ha sido siempre. Se debe reconocer que la educación es la clave del desarrollo de un pueblo. Un pueblo educado se vale así mismo, aunque los resultados sean a un plazo mediato. La educación de calidad es la clave para brindarle a la juventud una forma digna para enfrentar la vida.

Dios quiera y se atienda esta prioridad insalvable, pues estaríamos expuestos a una potencial rebeldía, si no un estallido social, de esta juventud que ya no puede aguantar más la indolencia e incapacidad de los gobiernos rapaces que nos han mal gobernado, más preocupados por despellejar al vellocino de oro que pensar en el desarrollo de México. Aún creen que el mexicano se sigue chupando los dedos ¿Hasta cuando se acabará esta desgracia? Qué no se olvide que algunos países asiáticos recorrieron estos mismos caminos de desolación y ahora se han convertido en una economía emergente (Singapur, China, Corea del Sur) y la tabla salvadora fue la educación. Los profesionales de esos rumbos son obreros internacionales y no se esperanzan de lo que el gobierno les pueda ofrecer en trabajo. Más dinero a la ciencia y la tecnología.

¿Sueños guajiros?

 
 
 
 
Texto: Andrés González Kantún (andrescalkini@hotmail.com), 25 de agosto de 2012 / Fotos: Santiago Canto Sosa y MFCJ, 2012