Calkiní, 11 de agosto de 2010
 
Realidades y amenazas para la juventud

Por Teresita Durán Vela

 

Durante las etapas del desarrollo humano, las relaciones interpersonales, los vínculos afectivos, los valores sociales, la cultura y la educación familiar, juegan un papel determinante en la historia de vida cada individuo. Especialmente, en la juventud, la fortaleza física y la vitalidad, son potentes generadores de proyectos y decisiones. Es una fase de transiciones significativas, del presente repentino a la búsqueda de un futuro exitoso. Sin embargo, para los hombres y mujeres de 15 a 29 años de edad, ese sendero no siempre es fácil; para algunos se convierte en un laberinto del cual no encuentran la salida.

Rosario Misionero. Foto: Parroquia San Luis Obispo, de Calkiní (2009)
 

La vida de los jóvenes de este siglo, está amenazada: desempleo, falta de oportunidades escolares, adicciones, pobreza, violencia, acceso a información indiscriminada, un presente light y escasez de valores, con ofertas para hacerse millonario en poco tiempo y sin gran esfuerzo. Estos son algunos de los principales peligros, vulneran los sentimientos y emociones de los muchachos y muchachas. En México, el 26.2 % de la población es joven (según Encuesta del INEGI, 2009). Para el año 2008, en el rubro de delincuencia, el 47.4 de los delitos del fuero común, los responsables resultaron jóvenes; en tanto, que los delitos del fuero federal cometidos por jóvenes representó el 41.4% (Ver Encuesta Nacional de dinámica demográfica, México, 2009), tan sólo esos indicadores, ilustran, las condiciones y el estilo de vida de miles de mexicanos, en pleno crecimiento y desarrollo personal. No se diga de la violencia en el noviazgo entre los jóvenes, otro asunto que debe atenderse por las dependencias gubernamentales, sociedad civil, escuelas y familias.

¿Por reflexionar sobre esas realidades? El presente de la juventud está en riesgo de acelerar cambios sociales que transformarán radicalmente la vida de los pueblos y ciudades de nuestra entidad. Por ello, considero pertinente, comentar que la celebración del “día internacional de la juventud” a realizarse el 12 de agosto, reviste especial motivo, para detenerse a analizar realidades y amenazas. Si bien, la Asamblea General de la ONU, a través de los Asunto de la Juventud, promovió esa declaración, es tiempo de evaluar las políticas públicas que al respecto se han implementado, al menos en el estado de Campeche: ¿Qué ha hecho el Instituto de la Juventud a 10 años de su creación? ¿Cómo están participando las escuelas? ¿Qué resultados se obtienen con los Congresos juveniles y las propuestas se convierten en acciones? ¿Existe un Plan Estatal como lo sugiere el Estatuto Orgánico del Instituto de la Juventud en Campeche aprobado en septiembre de 2003? ¿Cómo funciona el Instituto de la juventud en municipios como Candelaria, Calkiní o Hopelchén, si las unidades de promoción social, organización y participación juvenil están en Carmen y Campeche? ¿Es suficiente Poder Joven? Habrían otros cuestionamientos sin responder.

Las sirenas de las ambulancias o las luces rojas del semáforo, son señales de alerta. Miles de jóvenes indígenas en los pueblos dejaron de estudiar, otros se dedican al campo o a la pesca; algunos más, tienen alguna adicción, viven una relación de pareja con violencia, son delincuentes o andan desesperados buscando un trabajo porque tienen hijos que mantener. Las bandas de rock, los Congresos o los festivales de música, son formas superficiales de sensibilización; urgen acciones decididas para ofrecer justicia y solidaridad a los jóvenes en situaciones de vulnerabilidad.

La juventud es una etapa decisiva en la vida, es ideal para la realización personal, concluir una carrera profesional, tener un empleo, formar una familia, servir a la comunidad, participar en el desarrollo social, cultural, económico y político. Es la oportunidad para definir el proyecto de vida que la persona aspira y se merece; celebrar el “Dia de la juventud” es para reconocer el potencial de un pueblo ávido de crecimiento, no significa negar la realidad de la fuerza de su gente; sino por el contrario mejorar las condiciones de vida para prevenir futuros mayores problemas sociales.

“Juventud, divino tesoro…”

San Francisco de Campeche, Cam., 10 de agosto de 2010

 
 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán; 11/08/2010 // Foto: Parroquia San Luis Obispo; 2009