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Durante
las etapas del desarrollo humano, las relaciones interpersonales,
los vínculos afectivos, los valores sociales, la cultura
y la educación familiar, juegan un papel determinante
en la historia de vida cada individuo. Especialmente, en la
juventud, la fortaleza física y la vitalidad, son potentes
generadores de proyectos y decisiones. Es una fase de transiciones
significativas, del presente repentino a la búsqueda
de un futuro exitoso. Sin embargo, para los hombres y mujeres
de 15 a 29 años de edad, ese sendero no siempre es fácil;
para algunos se convierte en un laberinto del cual no encuentran
la salida. |
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La
vida de los jóvenes de este siglo, está amenazada:
desempleo, falta de oportunidades escolares, adicciones, pobreza,
violencia, acceso a información indiscriminada, un presente
light y escasez de valores, con ofertas para hacerse millonario
en poco tiempo y sin gran esfuerzo. Estos son algunos de los
principales peligros, vulneran los sentimientos y emociones
de los muchachos y muchachas. En México, el 26.2 % de
la población es joven (según Encuesta del INEGI,
2009). Para el año 2008, en el rubro de delincuencia,
el 47.4 de los delitos del fuero común, los responsables
resultaron jóvenes; en tanto, que los delitos del fuero
federal cometidos por jóvenes representó el 41.4%
(Ver Encuesta Nacional de dinámica demográfica,
México, 2009), tan sólo esos indicadores, ilustran,
las condiciones y el estilo de vida de miles de mexicanos, en
pleno crecimiento y desarrollo personal. No se diga de la violencia
en el noviazgo entre los jóvenes, otro asunto que debe
atenderse por las dependencias gubernamentales, sociedad civil,
escuelas y familias.
¿Por
reflexionar sobre esas realidades? El presente de la juventud
está en riesgo de acelerar cambios sociales que transformarán
radicalmente la vida de los pueblos y ciudades de nuestra entidad.
Por ello, considero pertinente, comentar que la celebración
del “día internacional de la juventud” a
realizarse el 12 de agosto, reviste especial motivo, para detenerse
a analizar realidades y amenazas. Si bien, la Asamblea General
de la ONU, a través de los Asunto de la Juventud, promovió
esa declaración, es tiempo de evaluar las políticas
públicas que al respecto se han implementado, al menos
en el estado de Campeche: ¿Qué ha hecho el Instituto
de la Juventud a 10 años de su creación? ¿Cómo
están participando las escuelas? ¿Qué resultados
se obtienen con los Congresos juveniles y las propuestas se
convierten en acciones? ¿Existe un Plan Estatal como
lo sugiere el Estatuto Orgánico del Instituto de la Juventud
en Campeche aprobado en septiembre de 2003? ¿Cómo
funciona el Instituto de la juventud en municipios como Candelaria,
Calkiní o Hopelchén, si las unidades de promoción
social, organización y participación juvenil están
en Carmen y Campeche? ¿Es suficiente Poder Joven? Habrían
otros cuestionamientos sin responder.
Las
sirenas de las ambulancias o las luces rojas del semáforo,
son señales de alerta. Miles de jóvenes indígenas
en los pueblos dejaron de estudiar, otros se dedican al campo
o a la pesca; algunos más, tienen alguna adicción,
viven una relación de pareja con violencia, son delincuentes
o andan desesperados buscando un trabajo porque tienen hijos
que mantener. Las bandas de rock, los Congresos o los festivales
de música, son formas superficiales de sensibilización;
urgen acciones decididas para ofrecer justicia y solidaridad
a los jóvenes en situaciones de vulnerabilidad.
La
juventud es una etapa decisiva en la vida, es ideal para la
realización personal, concluir una carrera profesional,
tener un empleo, formar una familia, servir a la comunidad,
participar en el desarrollo social, cultural, económico
y político. Es la oportunidad para definir el proyecto
de vida que la persona aspira y se merece; celebrar el “Dia
de la juventud” es para reconocer el potencial de un pueblo
ávido de crecimiento, no significa negar la realidad
de la fuerza de su gente; sino por el contrario mejorar las
condiciones de vida para prevenir futuros mayores problemas
sociales.
“Juventud,
divino tesoro…”
San
Francisco de Campeche, Cam., 10 de agosto de 2010 |