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En
verdad, las recomendaciones de organismos internacionales, como
la UNESCO, los Objetivos del Desarrollo del Milenio y el Programa
para la Evaluación Internacional de Estudiantes (Programme
for International Student Assessment, PISA) refieren la urgencia
de fortalecer la calidad de la educación, fomentar el
desarrollo de competencias para la vida y potenciar el aprendizaje
de los estudiantes.
En
México, los esfuerzos en la búsqueda de mejores
resultados –al menos- en educación básica,
no cesan. El diseño de planes y programas de estudio
por campos formativos, el enfoque de competencias para la vida,
el desarrollo humano pleno e integral de los alumnos, la transformación
de la práctica docente, la gestión escolar e institucional,
y los Consejos Escolares de Participación Social, son
algunas estrategias sugeridas por la Secretaría de Educación
Pública, para movilizar nuestra posición de los
últimos lugares a posiciones más decorosas.
Este
primer decenio del S. XXI será crucial para el futuro
de la educación, la moneda está en el aire. Los
esfuerzos por ampliar la cobertura, indican que hay más
escuelas que a finales del S. XX; los avances de la tecnología
de la información y la comunicación, ofrecen otros
medios para la enseñanza y el aprendizaje; el rol de
los padres y la estructura familiar está sufriendo modificaciones,
las actitudes y valores de los maestros se ha diversificado.
En el proceso de la educación, intervienen factores internos
y externos. La escuela es el contexto ideal para crear ambientes
de aprendizaje que desarrollen competencias y capacidades; es
uno de los escenarios ideales para el desarrollo moral, por
tanto, requiere fortalecer su responsabilidad social en la formación
y el potencial del ser humano; su función es la palanca
capaz de impulsar el desarrollo.
Por
otra parte, las condiciones actuales orientan la diversificación
de prácticas y la construcción de nuevos paradigmas
en los docentes. La presente generación de estudiantes,
forma parte de una población con más posibilidades
de acceso a la información y a la cultura; los maestros
de hoy, requieren ser más creativos, dinámicos,
participativos, críticos, con nuevas habilidades; su
capacidad de asombro y de aprendizaje, serán sus fortalezas.
El maestro no puede darse el lujo de estancarse, optar por el
rezago o aceptar la mediocridad. Es un ser inteligente, pensante
y tienen el potencial para desarrollar otras competencias docentes.
Cada
ciclo escolar es una oportunidad para crecer en lo personal
y profesional, quien acepta su profesión como parte de
su proyecto de vida, tendrá expectativas de superación;
convertirá el aula en un verdadero laboratorio para aprender,
disfrutará cada clase con la misma emoción que
los educandos y no dejará de sorprenderse del aprendizaje
de sus alumnos. Los maestros del S. XXI tienen un panorama diferente,
ellos serán – si se proponen- los promotores del
cambio; hoy día, es necesario actualizarse. Si bien,
ya no es el único poseedor de los conocimientos, sí
es una luz que ilumina el saber de los demás. Por tanto,
es necesaria una actitud democrática, con principios
éticos profesionales, sólida formación
pedagógica, académica, con amplia formación
cultural, autonomía personal, capacidad de innovación
y personalidad creativa. Un ser autogestor de su propio aprendizaje,
cuya motivación y espíritu de superación
lo guíen a actitudes de cambio positivo para el logro
de sus metas.
¡Enhorabuena
maestros y maestros! La educación abre caminos.
San
Francisco de Campeche, Cam., 24 de agosto de 2010 |