Calkiní, 23 de agosto de 2006
 
Adultos mayores: símbolo de recuerdos y experiencia
 

Por Teresita Durán Vela

 

Las décadas de vida de los adultos mayores, son señal del pasado que hoy admiramos; un pasado que enseña que la vida, es la encomienda para crecer y trascender. Por eso, es digno dedicar un mes de admiración, respeto y gratitud, a los adultos mayores. Agosto, es el mes de los adultos mayores, el tiempo especial para los jóvenes grandes… los adultos en plenitud.

Matrimonio Qui-Naal
 

En homenaje a todas las personas que forman ese selecto grupo, dedico estas líneas con todo respeto, porque antes de llegar a esa etapa de la vida, durante años, entregaron vitalidad, creatividad y capacidad para hacer de su existencia, un pasado de recuerdos y aventura; un presente inimaginable y un futuro de sorpresas.

Cuando la vida regala la oportunidad de avanzar un peldaño más, la vejez es una etapa singular en la existencia humana; una edad abierta a la vida, no como equivocadamente algunos creen, que cumplir más de 60 años y obtener la credencial del INSEN, ya es suficiente para entregarse al olvido, la soledad o la muerte; por el contrario, cumplir tantos años, es una oportunidad para seguir acumulando experiencias, disponer de mayor tiempo libre para disfrutar de las actividades de la casa y la familia; sentirse productivos y creativos; pues, en verdad, son escogidos por el Creador, para seguir en este mundo, -injusto en ocasiones- pero con ventanas abiertas para ver el sol al despertar, el brillo de las estrellas al anochecer y la claridad de la luna, dibujando una sombre al caminar.

Cuando el hombre o la mujer rebasa los 80 años, es probable que necesite más ayuda, viva con mayores restricciones y tenga padecimientos propios del envejecimiento, es innegable que la piel pierde elasticidad y las arrugas se reafirman, en fin, los cambios físicos son irreversibles. Una mirada en el espejo es una forma de hacer un repaso por la vida, recordar sucesos del pasado, unir episodios, situaciones agradables y hasta momentos de tristeza o dolor.

Durante el proceso de envejecimiento de los adultos mayores, la familia juega un papel importante, se convierte en el oasis de compañía, ayuda, apoyo y comprensión.

El adulto mayor en casa, implica responsabilidades, atención, gozo; brinda oportunidades a toda la familia para admirar la sabiduría del abuelo o la abuela, sentirse orgulloso de las experiencias y la autoridad que representa, así como los momentos de alegría que tantas veces compartió. Quienes tienen la fortuna de convivir con un adulto mayor, aún pueden dedicar parte de su tiempo, expresarle afecto, porque a esa edad, los problemas de salud pueden agudizarse y sus días con nosotros, irán disminuyendo.

La vida de los adultos mayores puede ser diferente, si atendemos sus necesidades. La compañía es el mejor bálsamo para la soledad; un abrazo afectuoso equivale a la mejor vitamina del día; una mirada acompañada de sonrisas, llega al alma y hace a un lado malestares y dolores. Las visitas y los paseos son un buen pretexto para revivir imágenes de ayer, cuando tomados de la mano y bajo la mirada de los abuelos, los pequeños disfrutaron su compañía; ahora, ellos necesitan de la mano firme, el brazo fuerte, la mirada tierna o la palabra alentadora, para seguir adelante. Estos calmates altamente afectivos, y en dosis necesarias, son la mejor medicina para el espíritu, la alegría y la ilusión de las personas de la tercera edad.

No importa que día del año sea hoy, aún estamos a tiempo de hacer ese repaso por la vida de los adultos mayores, apreciando recuerdos y experiencias; porque la vejez no empieza a los 70 años, es cuestión de actitud ante la vida, alguien dijo que empieza el día en que uno comienza a vivir de sus recuerdos.

 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán Vela. 13 de agosto de 2006 / Foto: Santiago Canto Sosa. 2003.