Tu cruz vino del árbol de la vida,
nació de una madera solidaria.
Para cargar tu muerte legendaria
un árbol ofreció su copa herida.
En ella, la resina de tus venas
bañó de luz el rostro del pecado.
El mundo te olvidó, crucificado
en su propia maldad, en sus cadenas.
Por eso, cuando miro a mis hermanos
clavar en sus miradas la discordia
recuerdo el sacrificio de tu cruz.
Ella ofreció su vida por tus manos
en busca de la paz y la concordia...
a cambio de tu savia, buen Jesús. |