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| Calkiní,
29 de abril de 2005 |
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En
1924, cuando José Vasconcelos estuvo a cargo
del Ministerio de Educación Pública
en nuestro país, propuso que existiera un
día para celebrar a los niños y niñas
de México; desde entonces, el 30 de abril,
se ha convertido en una fecha de valor social, cultural,
afectiva y comercial, para expresar de diversas
maneras, el amor y la comprensión hacia los
niños mexicanos.
Si
bien es cierto, que las niñas y los niños
son la esperanza del mundo; también, son
el presente de la sociedad; por ellos, existen desafíos,
responsabilidades y obligaciones, para garantizarles
un mundo mejor; pues, desde la aprobación
de la Declaración Universal de los Derechos
Universales de los Niños, y hasta ahora,
aún quedan tareas y compromisos por cumplir.
En
este Siglo, el futuro de los niños es incierto.
Es verdad, que el avance científico, el desarrollo
de la informática, la medicina, el deterioro
ambiental, la calidad educativa y la necesidad de
un sistema de valores personales; son condiciones
reales que amenazan la calidad de vida de los infantes;
al mismo tiempo, son recursos que los padres de
familia, maestros, profesionistas, servidores públicos
y gobernantes, deben capitalizar, para garantizar
los derechos universales del niño; desarrollando
programas de calidad para satisfacer las necesidades
de salud, educación, cultura, deporte, seguridad
y bienestar para los futuros ciudadanos.
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Dioney |
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Irasema |
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Este
“Día del niño”, resurge el motivo
de reflexión. Las niñas y los niños de
todo Campeche, (y de México) merecen atención
especial en su formación; uege que desde el hogar, se
fomente el respeto por su propia familia; enseñen valores,
acuerden normas, desarrollen hábitos, porque es precisamente,
en ese ambiente, donde se adquieren las primeras experiencias
de socialización y de aprendizaje. Es el primer grupo
social que ofrece amor, seguridad, protección y bienestar
necesarios, para todo individuo; en síntesis, la familia,
es fuente viva de aprendizaje y crecimiento personal.
Durante
la infancia se requiere básicamente de ayuda, cuidados
y amor de los adultos; los padres de familia y los maestros,
son testigos de diversos éxitos, retos, dificultades
y aprendizajes en esta etapa del desarrollo humano. Durante
esa etapa de la vida, los pequeños desarrollan capacidades
para conocer el mundo; se agilizan los procesos de construcción
de identidad, desarrollo afectivo y habilidades para establecer
relaciones interpersonales. Realmente, es sorprendente el potencial
y la energía de los infantes, mismos que deben aprovecharse.
Por esas razones, conviene analizar y reflexionar sobre la labor
de padres y educadores, para favorecer el adecuado desarrollo
y aprendizaje de las niñas y los niños; porque
no basta con romper piñatas, obsequiar dulceros, regalar
juguetes, organizar festivales, invitar a payasos y rifar bicicletas,
el 30 de abril; si durante el resto del año, la vida
familiar y las experiencias escolares, están matizadas
de agresiones, maltrato, actitudes negativas , ejemplos y valores
que desvirtúan la formación de la personalidad
en el niño.
Considero
que el “Día del niño”, nuevamente
se convierte en la mejor oportunidad para retroalimentar las
concepciones que se tienen de la niñez; enriquecer prácticas
educativas hacia el respeto a las diferencias de los niños,
cultivar valores y actitudes positivas en el hogar y en la escuela,
para que desde temprana edad, los pequeños crezcan con
autoestima, en un ambiente de armonía y convivencia;
de respeto y aceptación, de bienestar, seguridad física
y emocional. Todos las niñas y niños merecen ser
felices; su presente depende de nosotros; su futuro es responsabilidad
compartida de la sociedad.
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Fuente:
Texto enviado por Teresita Durán. 28/04/2005 / Fotos:
Santiago Canto Sosa |
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