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"Camino de las aguadas"

Monumento a los Sombreros
 
Reseña histórica
Croquis de la localidad

 

Por Alicia E. Gómez Montejo

 

El nombre de BÉCAL posiblemente sea la castellanización del vocablo maya BEL-KAH, es decir "Camino que conduce al pueblo". Sin embargo, existe otra versión que defiende la procedencia de Bécal del vocablo BEL-HA, que en castellano quiere decir "Camino de agua", ya que según comentarios de los viejos pobladores, había una corriente de agua que cruzaba el centro del poblado, -en lo que actualmente es el subsuelo del Palacio Municipal-, almacenándose en un pequeño cenote.

Conforme transcurría el tiempo, el manto de agua fue aminorando hasta llegar a su completa desaparición, entonces, el nombre del poblado se transforma en BEL-CAN, "Camino de culebras".

Cuando los españoles llegaron a estas tierras mayas, cambiaron el sentido fonético y prosódico de muchas poblaciones, de ahí que BEL-CAN, se transforma en Bécal, nombre con que se le conoce en la actualidad.

A la sección Municipal de Bécal corresponden:
a) El pueblo de Bécal, Cabecera de la Sección.
b) Los pueblos de Isla Arena y Real de Salinas.
c) Los ranchos de Asunción, Dolores, San Antonio Florida, San Felipe, San Francisco, Tanchí.

Así como en múltiples civilizaciones antiguas se desconoce la fecha exacta de su fundación, Bécal no es la excepción. De acuerdo con estudios realizados, su fundación probablemente comprende la segunda etapa de la civilización Maya-Quiché, que dejó testimonio de sus conocimientos, actividades y costumbres en la Península de Yucatán, en el siglo XV. Sin embargo, la región norte del actual Estado de Campeche, es más conocida como asiento del antiguo señorío de los hermanos Canul; hecho que se verifica hacia el año 1441, a partir de la desintegración de Mayapán, formada por los cocomes, xiues e itzaes.

Los hermanos Canul fundaron su cacicazgo en lo que actualmente comprende los municipios de Calkiní, Hecelchakán y Tenabo. El cacicazgo Ah-Canul, cuya ciudad principal se asentaba en Calkiní, al mando de Tzab Canul, el mayor de los hermanos, tenía preponderancia en las siguientes poblaciones: Tepakán, Bécal, Dzitbalché, Nunkiní, Sahcabchén, Pucnachén, Pocboc, Pomuch, Halachó, Maxcanú, Chocholá, Tenabo y Bacabchén.

El cacicazgo Ah Canul se fortaleció significativamente, aunque tuvo una duración breve, ya que un siglo después, llegaron los españoles . El jefe del cacicazgo en Calkiní, hombre amable y pacífico, juró obediencia a los Montejo prometiéndoles no estorbar sus empeños de colonización. En efecto, después de dos intentos fallidos para sojuzgar la Península de Yucatán, los españoles proyectaron su último intento de conquista entre 1540 y 1541. Para llevar a cabo esta empresa contaron con la valiosa ayuda de los descendientes de Tzab Canul, como sus aliados. En las instrucciones del Adelantado Montejo a su hijo El Mozo se afirma esta relación de compañerismo: "...entrad en la provincia de Acanul, llevando muy gran recado en la gente que llevaredes, no hagan daño ni mal tratamiento a los indios de la dicha provincia, pues que todos aquellos están de paz, y siempre han deseado que los españoles fuesen a poblar aquellas provincias..."

Después de la Conquista, en recompensa a los soldados españoles por sus hazañas, se les concedieron encomiendas, consistentes en donación de tierras e indios que constituyan una heredad. Bécal estuvo en poder de un español de apellido López, pero hacia el año de 1785, se sabe que pertenecía a la encomendera doña Francisca del Puerto.

Durante el transcurso de la Colonia, la firme voluntad -militar y religiosa- del conquistador se impuso y así, el indígena subyugado, cambiando la devoción a sus dioses por el temor al castigo cristiano, trabajó fuertemente para destruir sus antiguos centros ceremoniales y utilizar las piedras labradas en la edificación de la Iglesia Católica y de su amplio convento. Construcción iniciada en 1570 y concluida en 1630, aunque algunos afirman que ésta finalizó en el año de 1697. La iglesia, ubicada en el centro del poblado, posee la majestuosidad propia de las construcciones coloniales.

Precisamente en este período, Bécal sufrió pérdida de población. Cimientos de antiguas edificaciones en los alrededores del perímetro actual del poblado, que con el correr del tiempo han quedado sepultadas por la erosión, son vestigios que demuestran que la extensión de la comunidad era mayor durante la época colonial.

Estas huellas indelebles de siglos pasados, robustecen la creencia de que Bécal poseía mayor número de pobladores. La mortandad que sufrió la población, fue a consecuencia de la carestía del maíz y la aparición de enfermedades.

El largo tutelaje a España finalizó después de casi tres centurias en la región, cuando advino la Independencia, con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México en 1821, al mando de don Agustín de Iturbide, quien inmediatamente se hizo coronar como Emperador de México.

Bécal, siempre en defensa de los ideales de libertad, no fue ajeno a circunstancias que acontecían en la esfera nacional. En aquel tiempo, el Capitán General de la Provincia de Campeche, don Melchor Álvarez, convocó a una Junta Militar en el pueblo de Bécal, donde él y la mayoría de los asistentes acordaron adherirse al Plan de Casa Mata, iniciado en Veracruz y promulgado con el objetivo de expulsar del gobierno a don Agustín de Iturbide, para instalar el régimen republicano en la Nación.

El apoyo de la población de Bécal al mencionado Plan, que después contó con la aprobación de las ciudades de Mérida y Campeche, fue llamado EL PRONUNCIAMIENTO DE BÉCAL; acto que se acordó por la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de la ciudad de las murallas el 4 de marzo de 1823.

Acontecimiento de renombre en toda la Península de Yucatán, fue la Guerra de Castas, iniciada el 30 de julio de 1847, en el pueblo de Tepic, por Cecilio Chi y Jacinto Pat, indígenas mayas que se rebelaron para exterminar la injusticia social. Esta guerra convulsionó toda la región, durante los primeros cinco años fue sangrienta, extinguiéndose finalmente a principios del siglo XX, durante el período presidencial de Porfirio Díaz.

Resulta un tanto peculiar que en Bécal, el asedio de los mayas sublevados haya sido casi inexistente. Si tomamos en cuenta que Bécal sufrió de hambrunas y enfermedades que mermaron su población en la Colonia, se pensaría que esto hubiese sido un punto a favor de los sublevados. Una población casi inexistente representaba un dique fácil de doblegar por parte de sitiadores, pero el incesante trabajo en cuanto a manufacturas de barro y artesanías había deparado un renacimiento poblacional en Bécal, por lo que cuando los clarines de guerra sonaron, como bien afirmaba José T. Cervera: "Los habitantes de Bécal, distinguiéndose los indígenas al mando de su capitán Jacinto Collí, la pusieron en defensa y pasado el peligro de ser invadidos con la recuperación de Ticul y Nohcacab, ocurrieron a la defensa de Dzitbalché amenazado por los sublevados que ocupan Bolonchenticul".

Digno es de alabarse, la cooperación que existió entre las diferentes poblaciones que se vieron amenazadas por el ataque de los indígenas sublevados, ya que no sólo los becaleños defendieron su poblado, sino que gallardamente se dirigieron a sus vecinos en Dzitbalché para prestarles auxilio.

Finalizado el peligro de esta guerra, se presentó en 1853, otra amenaza: una epidemia de cólera. Y nuevamente la laboriosidad en el trabajo vino al rescate de los becaleños, quienes a través de constancia se recuperaron de esta lamentable situación, y retomaron el lugar de un pueblo próspero.

El año de 1857 marcó la separación de la Península en dos entidades políticas diferentes, Campeche y Yucatán. El pueblo de Bécal y otros del Camino Real, junto con los pueblos de Champotón, los Chenes y el Partido del Carmen expresaron su deseo de formar parte del incipiente Estado de Campeche. De tal manera que el 3 de mayo de 1858, los representantes de Yucatán (Alejando García, José Antonio Cisneros y Nicolás Rendón), en unión con la comisión de Campeche (Nicolás Dorantes y Ávila y José García Poblaciones), celebraron un Convenio de División Territorial en el que se fijaron los límites y, Bécal quedó, como fue el deseo de su población, dentro del territorio campechano.

Nuestro país por aquel entonces, atravesaba un momento difícil, una encrucijada. El Lic. Benito Juárez, como Presidente de la Nación, hizo frente a una intervención armada patrocinada por Francia y su emperador Napoleón III. Dicha intervención tenía como objetivo implantar un monarca extranjero en suelo mexicano: Maximiliano de Habsburgo. Esta tentativa logró un éxito momentáneo, pues de nuevo un Imperio se instauró en nuestro país y sus efectos se dejaron sentir en Campeche y en todo el Camino Real, ya que en 1864, Bécal, recibió la visita de la esposa de Maximiliano, la emperatriz Carlota, quien durante su estancia en la comunidad se alojó en casa del principal terrateniente de la región, don Sixto García, persona que legaría a su hijo del mismo nombre, sus cuantiosos bienes.

Con la ejecución de Maximiliano en 1867, se restableció el republicanismo, la forma de gobierno representativa y liberal. Pero en el ambiente rural todavía se respiraba el orden político, económico y social impuesto por los conquistadores, lo que dio origen a la aparición de numerosos latifundios, que representaban el vasallaje de otros tiempos que se negaban a morir. Esta triste situación se reafirmó aún más a partir del régimen de Porfirio Díaz, y representó la época del poder absoluto de los latifundistas y la miseria de la clase trabajadora.

Bécal fue a principios del siglo XX, el centro de operaciones del hacendado Sixto García López. La casa donde departía todos sus asuntos administrativos y funcionaba como su centro de trabajo, la llamaban Uchben Pakin-A o "casa de material". Este hombre contaba con bastante poder económico que le dejaba la administración de sus veintidós fincas donde criaba ganado, y se cultivaba el henequén y el jipi.

Precisamente, el origen de la industria sombrerera se remonta a la época del esplendor de las haciendas, porque en la figura de don Sixto García, se dio luz a este proyecto, cuando dicho señor viajó al Petén de las Flores, en Guatemala y trajo la planta de jipi, que crecía silvestre, la plantó y ordenó luego su especial cuidado y cultivo en sus grandes extensiones.

Un indio llamado Tino Chi, fue el primero, o uno de los primeros, en fabricar un sombrero de palma de jipi, para el señor Sixto García, y de esta manera se inició la empresa artesanal basada en la manufacturación del jipi.

Con el surgimiento de la Revolución iniciada por Francisco I. madero (cuyo propósito era romper las cadenas de un sistema económico inoperante donde el pueblo no encontraba justicia social), la sujeción opresiva de las haciendas, estaba condenada a morir. Don Sixto García López, no estuvo de acuerdo con el movimiento armado que atentaba contra sus intereses y amenazaba con arrebatarle sus numerosas propiedades. Su odio a la Revolución se pudo apreciar cuando estorbó el paso de las tropas revolucionarias al mando del General Salvador Alvarado, enviadas por el Presidente don Venustiano Carranza, para sujetar a quien había ocupado por la fuerza el gobierno del Estado de Yucatán, el Coronel Abel Ortiz Argumedo.

Don Sixto García hizo frente a las tropas carrancistas en la hacienda de Blanca Flor, aportando gran número de campesinos armados, con el fin de detener el paso de éstos a Yucatán, tratando de evitar que los postulados de la Revolución fueran puestos en práctica, lo que representaba el fin de las haciendas. En los enfrentamientos las tropas carrancistas se impusieron, por lo que el Coronel Argumedo y Sixto García huyeron para salvar la vida.

Al triunfo de la Revolución, las tiendas de raya dejan de existir y cesa la esclavitud de los peones, quienes al verse libres se dispersaron y dirigieron a las ciudades de Calkiní, Bécal y Hecelchakán y en aquellos lugares habitaron. Es entonces cuando se inician las mejoras materiales a las poblaciones y se impulsa la manufacturación de artesanías a base del jipi en Bécal.

En el fragor de la lucha revolucionaria junto con todo este éxodo que salía de las entrañas de las haciendas, y los nuevos adelantos que se daban en materia social, se otorgó a Bécal, a partir del 1º de enero de 1916, la categoría de Junta Municipal de Calkiní.

En 1930, tuvo lugar la fundación de la Sociedad Cooperativa "Sombreros Becaleños del Norte" con nueve socios, obteniendo reconocimiento oficial de acuerdo con la Ley General de Cooperativas, su primer gerente fue el señor Pedro Cauich. Esta sociedad cooperativa se inició con la instalación de una tienda de abarrotes, una tortillería y un molino de granos, que hacían más placentera las funciones normales basadas en la venta de diversas artesanías, principalmente los sombreros.

En 1963, se constituyó la Sociedad Cooperativa de Producción de Sombreros de Jipi y Palma, R.L., su primer gerente fue el señor Gualberto Salazar Centeno, junto con 209 socios que aportaban una cuota de 100 pesos por socio.

Estas asociaciones explican la importancia de las artesanías en Bécal, sobre todo las basadas en la manufacturación de fibras naturales como el jipi, que ha permitido desarrollar productos como zapatos, carteras, bolsos, aretes, portafolios, gorras; artesanías que por su perfección y extraordinario acabado, constituyen un orgullo para el pueblo becaleño al ver que el trabajo de sus manos goza de amplia aceptación, ya que los turistas nacionales y extranjeros lo aprecian y adquieren.

El desarrollo del comercio del jipi se ha agilizado porque las principales vías que unen a Bécal con el Camino Real, se encuentran en buen estado, máxime con la reciente construcción de una carretera de concreto, que entronca con Calkiní, a escasos siete kilómetros de este poblado. Esta autopista inicia en Calkiní y se une al antiguo Camino Real junto a Maxcanú en el Estado de Yucatán.

Las artesanías tienen su fecha de lucimiento en la fiesta principal para expender los pruductos del jipi y del huano bom, la Feria del Jipi, celebrada del 25 de abril al 1 de mayo. Destacan igualmente, la Fiesta Popular del mes de abril, cuando las tradicionales vaquerías junto con los bailes de jarana, se mezclan en vehemente religiosidad ante la procesión de la imagen de la Virgen María en el atrio parroquial. El Carnaval también goza de gran aceptación, así como la Fiesta de la Amistad (en honor de la Santa Cruz), consistente en actos profanos y religiosos.

Aunque se desconoce con certeza la fundación de Bécal, ciertamente se afirma que ella siempre ha poseído la grandeza y el esplendor del ayer, presente a través de la fisonomía física y cultural de quienes la habitan, dignos herederos del pasado maya, que junto con el legado ibérico hacen de esta población una de las más atrayentes de la geografía estatal.

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Alicia E. Gómez Montejo. Las H. Juntas Municipales del Estado de Campeche. Una breve descripción. LVII Legislatura del Congreso del Estado. Campeche, Cam. 2002. 176 pp. Foto: Santiago Canto Sosa