CORO
Abandónate
a tus sentidos.
La noche no es tan oscura como para cerrar los ojos.
Usa nuestra voz, confía en su galope,
monta la yegua de una constelación oculta.
Levantamos muros sobre pentagramas,
anclamos pilotes en la sangre,
una puerta se abre a la memoria.
VOZ
1
Bultos
y bultos de salitre humedecen
la bodega del tendero donde las ratas
prueban la mercancía antes que los hombres.
Allí, de niño, hurté un juguete
roto,
ponía en la balanza menos peso
para igualar el equilibrio de mis actos.
Fui el aprendiz de brujo con la escoba
que lustraba los ladrillos
del rompecabezas que todavía no resuelvo.
Voces, no soy quien huye,
las hallo en el insomnio
o en el ánade que puntea bajo el cielo.
VOZ
2
Abro
mis ojos en la zona difusa
que protege el sexo de la virgen,
sus peces gozan la humedad
de la entrepierna, boquean
en la noche este placer.
Todo sea, menos agua,
porque el río
te oculta en su transparencia.
Abres y cierras bajo tu falda
el ojo del vaso.
Pero las voces no tienen
la turgencia de una fruta,
pero las voces no sangran
si las tocan los remordimientos,
pero las voces tienen dientes...
CORO
Usa
nuestras voces como máscara,
aroma tu baño con las hojas rituales,
unge con miel tu cuerpo,
invita a las hormigas,
danza hasta perderte.
La carne es deliciosa en sangre
si se trincha con el látigo
o se aroma en la brasa.
Ven donde los dientes
entre hojas de lechuga
nacen al gozo del hartazgo.
Para tu lengua el vidrio en puntas
del picante que la escuece
en su pez agónico,
poca sal en los muslos,
bastante en la nuca.
Para tu lengua el curso del afluente.
Abandónate a los sentidos.
VOZ
1
¿A
qué venimos a este jardín lleno de estatuas?
Hermanos, coronemos la vida con lumbre;
démosle luna en mármol,
seamos murmullo,
hojas que se lleva la ventisca
antes que el polvo las bese,
antes que la lluvia las pudra,
antes que ciñan la frente de los muertos.
VOZ
2
Ese
árbol, ¿lo conozco?
No sé si bajo la luna se hizo hembra:
trae un olor espeso a leche agria,
un olor como el engrudo de las brujas
en el caldero de su bajo vientre.
Vine dispuesto a herir las voces
y, después de mancilladas,
ponerlas en la fuente
para que la luna se tornase roja.
CORO
El
viento,
ángeles de vidrio:
escucha.
Aman nuestros ojos,
la luna les untó su lengua.
Escucha.
Ángeles de cal lamen la llaga:
escucha.
Se cubren con chales espesos,
usan nuestras máscaras en la calle
que desemboca en los peldaños de Babel.
Escucha la confusión:
una daga en el cogote del buey,
monedas para las prostitutas del templo,
el esplendor de una torre de arena.
LAS
2 VOCES
Colgué
en mi cuarto el vellocino para que me guiara,
pero la piel de onagro enturbia los deseos.
Acuso a las voces que me dan el placebo de un rostro
cada día.
Acúsolas por el cáliz que vertió
incandescencia
bajo mis pies en fuga.
Mil veces me llamaron por mi nombre,
mil veces, dientes en celo, me llamaron.
Y mil veces culpé a todos de mi flaca voluntad.
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