El viento
es una caricia sobre el escritorio,
en el silencio del papel
reposan los sueños
la flor,
la máquina escribe
muchas palabras ajenas,
el día es una canción olvidada.
La
vida se escurre
entre el calendario
y el reloj
¿bueno?
Un momento por favor;
el café se enfría
como el alma a veces
y la semana
se va en un avión de papel
a esperar el domingo
el sábado;
las horas se archivan
sobre la tinta y las carpetas,
la mano escribe
los recados que la vida dejó.
La
tarde
es una fiesta
sin teléfonos sin datos
sin asuntos pendientes
hoy febrero de mil novecientos noventa
y cinco.
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