Narrativa
   
Miguel Ángel Suárez Caamal:
La araña flacucha
Para mi sobrino Omar

 

Esta era una araña que siempre estaba flaca.

-Yo no sé qué voy a hacer -se decía a sí misma-. Quiero estar gorda y robusta como mis vecinas. Pero ellas no me quieren decir qué hacen para estar llenitas. Y yo no sé qué haré para dejar de estar flacucha.

Entonces decidió cambiarse de domicilio. Pensaba que posiblemente los bichos que comiera en otro lugar, la alimentarían mejor.

Y así lo hizo. Sin avisar a ninguna de sus compañeras se fue por otros montes, pues esta araña era una araña del monte. Al llegar al lugar que escogió para vivir, se puso a tejer su casa. Ya cuando terminó dijo, mientras secaba su sudor:

-¡Ah, qué bueno que terminé! Ya es noche y deseo descansar.

Y desde luego, se dispuso a dormir en su nueva casa. Casi se dormía, cuando a lo lejos, distinguió a unos bichitos como tintilantes estrellas que pasarían por su trampa de saliva. Se preparó muy contenta para recibirlos.

-¡Qué bueno! -dijo-. Ahora sí viene mucha comida y creo que dejaré de estar flaca para siempre.

Y al pasar por su telaraña, quedaron atrapados bastantes bichitos como para que tuviera comida durante un año. Apenas se fueron los que se salvaron, la Araña Flacucha se puso a comer, a comer, a comer, a comer y a comer. ¡Y claro!, esta araña quedó gorda como ella deseaba.

Sin embargo, sintió de pronto, que algo caliente le quemaba por dentro. Dando gritos, cayó al suelo con la barriga gordísima pero bien tostada. Aquellos bichitos que tragó eran luciérnagas y le habían chamuscado la panza.

 

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Fuente: Revista "Cal-k'in" No. 2. Ayuntamiento de Calkiní, Campeche. 1992. 44 pp.