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Los
días pasan rápidamente
cada instante es tan simple
tan común,
tan extraordinario,
tan bello.
Los
carruajes de los vendedores de agua
recorren mi espalda cada tarde de octubre
con las llantas chillando al besar las piedras
cantando.
Los
dias pasan tan rápido
( ya no tengo fuerzas).
El
tiempo permite vivir,
los recuerdos te mantienen en el limbo.
Para que nos dio Dios los recuerdos?
Para mantenernos vivos?
Con la esperanza de sobrevivir quizá.
Tal vez para no cometer los mismos errores,
las mismas maneras de morir
y morir.
El
recuerdo
mantiene a los muertos en sus tumbas,
a los vivos dentro de sus sueños.
Los
niños corren,
con baleros y trompos
Las niñas,
con rehiletes y timbombas.
Los
sapos y los cocodrilos son felices.
Yo también,
el manglar también.
Los
días pasan rápidamente
y mis hijos crecen lentamente cada hora;
mis actividades enzimáticas
y mi amor por nena también.
La
ciudad se ilumina sola,
con su horrendo maquillaje blancuzco
(hecho de salitre y coco).
Se apasiona por el sol,
por el mar y las guitarras.
Mis
días pasan rápidamente,
y me siento feliz,
como niño en la feria,
jugando en los carritos chocones.
Madres
e hijos juegan,
tienen las sabia virtud de amarse,
de quererse y olvidarse
Los
recuerdos este día
pasan como luces de navidad,
cada una con un color,
un sabor,
una necesidad:
la quiero,
me quiere.
El
mundo gira,
y nadie nos persigue.
Podemos vivir y morir locos
pero nunca en soledad.
Halifax Nova Scotia, Octubre
2001.

Fuente:
Enviado porInternet. Julio de 2002.
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