HIJOS
DEL FIN DEL MUNDO. Imagine Ediciones, Madrid, 2009, 220 págs.
PREMIO LLANES DE VIAJES 2009
La
literatura sobre el Camino de Santiago es extensa. Desde la Edad
Media hasta hoy mismo los diversos caminos que llevan a Santiago
de Compostela son frecuentados por todo tipo de personas. Una
vez son religiosos carismáticos, católicos profundos
o creyentes encantados. En otras ocasiones son gentes con espíritu
de aventura, estudiantes de fin de carrera o jubilados de inicio
de su libertad. Las rutas son largas, a veces penosas, otras animadas
por la buena compañía.
Por
ejemplo Gregorio Morán escribió un libro titulado
“Nunca llegaré a Santiago” (Anaya&Mario
Muchnik, Madrid 1996) que, en 273 páginas nos va contando
su recorrido desde Roncesvalles a ¡Finisterre¡”
o sea que, realmente, no llega a ver el Obradoiro, pero sí
nos deja profundas reflexiones de una caminata inolvidable.
Cristina
Cerezales Laforet en “El camino de las grullas”( Ediciones
Destino, Barcelona, 2008). nos dice que, para ella, “el
Camino de Santiago supone un recorrido espiritual”. En este
caso son 420 páginas para contarnos una experiencia vital
para la autora.
Ahora
una escritora, joven y decidida, como es Espido Freire nos ofrece
un delicioso relato titulado “Hijos del fin del mundo”
subtitulado “De Roncesvalles a Finisterre” Con él
ha recibido el Premio Llanes de Viajes 2009, o sea en su cuarta
convocatoria, que convoca el Ayuntamiento de la villa marinera
asturiana y que publica Imagine Ediciones. Con este título
el Premio se consolida llegando a su cuarta edición. En
2006 el galardonado fue Juan Eslava Galán por su “Viaje
a la Costa”, en 2007 ganó Ángela Vallvey con
“El viaje de una hoja de lechuga” y en 2008 tuvimos
el libro de Gustavo Martín Garzo por “Los viajes
de la cigüeña”. Debemos aplaudir iniciativas
como ésta, que ya ponen en práctica otras instituciones
asturianas, y que no sólo favorecen a los escritores galardonados
sino que, además de dar a conocer un patrimonio cultural
y unos paisajes, suponen una importante ayuda de las organismos
autonómicos a la capacidad creativa de los autores. Bien,
“Hijos del fin del mundo” se configura, según
la propia autora, como “un libro de infancia, y un libro
de viajes, y un libro de historias recuperadas”. En este
caso, además, contiene importantes referencias memorialísticas.
La autora, hija de gallegos, nacida en Bilbao y actual vecina
de Madrid, tiene en España su mejor paisaje. Por eso, tras
varios intentos no cuajados de iniciar su propio Camino de Santiago,
de repente aparece en Saint Jean-de-Pie-de-Port, allí donde
su mezclan sus tres idiomas, el gallego familiar, el euskera de
su infancia y juventud estudiantil y “el castellano como
lengua puente”, escribe la autora, “la que finalmente
elegí para escribir y para expresarse”. En esta labor
Espido Freire, Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad
de Deusto, debutó como novelista con “Irlanda”
(1998), publicando “Donde siempre es Octubre” posteriormente
y un poemario titulado “Alland la blanca” (Plaza&Janés,
Barcelona, 2002):”Buscar Alland es hallar la isla de los
muertos;/en las noches lóbregas las almas toman los barcos/y
navegan el amanecer”. Siempre el viaje. La peregrina penetra
en España y va recorriendo el mundo de las leyendas, hablando
con los compañeros, disfrutando el paisaje, recordando
otros tiempos. Así nos brevemente historias como la de
Leonor de Aquitania, la verdadera gesta de Roldán y el
despego de Carlomagno. Cuando viaja de Roncesvalles a Pamplona
se nos aparecen figuras como las de Hemingway y su mundo de aventura
y verbena; luego son los paisajes, los bosques vascos o el mundo
de la Diosa Encina que conoció de niña; las historias
de la rabia o la lepra en tiempos lejanos y la inútil muerte
de Felicia, Duquesa de Aquitania, que recuerda al llegar al Alto
del Perdón, en Estella, cerca del Monasteio benedictino
de Irache, de donde nació por cierto la primera universidad
Navarra.. A todo esto ha ido transcurriendo la propia historia
de la autora, los viajes con su familia desde Bilbao a Galicia,
con la petición de la niña de detener el coche para
poder coger unas campánulas (militropes, dice ella), el
amor a los prados y a la casa solariega, los miedos de la niña
ante los animales aparentemente domésticos que incluso
llegan a atacarla como es el caso de la vaca Mora, la relación
intensa con quienes siguen en Galicia al no haber elegido el desarraigo
de la emigración que, a veces, proporciona una vida mejor…Por
Logroño ya el vino es un compañero eficaz y a veces
calenturiento pero la caminante elige algo diferente: “La
naranja se entrega como un dios menor que supiera que, antes o
después, se reencarnará en una vida mejor”.
Por Viana las rememoraciones son de César Borgia, de Juan
Albret, Luis de Beaumont. (“Los grandes hombres siempre
han despertado emociones encontradas”, escribe). Burgos
ya es Castilla después de haber pasado por Nájera,
Valvanera, San Millán de la Cogolla. Y ahí llega
la historia terrible de los Siete Infantes de Lara o como el despecho
causa la muerte del inocente Hugonell, que viajaba con sus padres
hacia la tumba del Apóstol. Las historias del Cid, los
malvados infantes de Carrión, el Rey Alfonso VI llamado
El Bravo, de Atapuerca ahora. Hay unas páginas dedicadas
a un lugar misterioso llamado Arroyo San Bol y hay discusiones
interesadas acerca de los significados del Camino.”O lo
sientes, o no lo sienten” dicen los místicos. En
otros momentos la autora, con cierto aire jocoso, describe la
incansable audacia de aquellos que intentan acercarse a las jovencitas
que caminan a su lado, intentando mil pretextos para llegar a
intimar y, también, los rasgos de generosidad de muchas
personas que se van conociendo, o relata casos concretos como
el David, un muchacho enfermo a quien acompaña y cuida
su novia que, sin embargo, quiere ser obligado protagonista del
recorrido. La historia de Santiago y Juan, de su padre Zebedeo
o su madre Salomé de Betsaida nos lleva a Juan el Bautista
y a Jesús, el hijo de David. “Santiago, según
cuentan, era apacible y callado y poseía un agudo sentido
de la justicia. A diferencia de su hermano menor sería
el primero en morir y en sufrir martirio”. El relato de
cómo el cuerpo del Apóstol llega a Galicia y como
el obispo Teodomiro, en el siglo IX conoce la existencia de su
sepultura nos permiten saber que un asturiano, el Rey Alfonso
II El Casto “se entusiasma con el descubrimiento”.
Momento culminante del relato: “El legado que deja el rey
Alfonso, pese a que muere sin hijos, se extiende durante generaciones.
La peregrinación a Santiago se convierte en un constante
fluir de franceses a los que les queda más cerca este lugar
que Roma, no digamos ya que Tierra Santa”. Pero el camino
sigue. León: Frómista, Sahagún, Astorga y
varias historias románticas, Ponferrada, el Bierzo y ¡Galicia¡.
Ahí vuelven con más énfasis los recuerdos,
el memorialismo al estilo del leonés de Manzaneda de Torío
Andrés Trapiello, el Cebreiro ahora ya verde y apropiándose
del caminante. En este caso no hemos recorrido el camino de la
Costa, la grandeza de Llanes, la plenitud de Ribadesella, la estampa
mercantil de Villaviciosa, la mar cántabra azul y divina
de Cudillero o Tapia de Casariego para llegar a Vegado y saltar
a la Galicia eterna pero Espido Freire no sólo llega a
Santiago, como no llega a culminar el periodista Gregorio Morán
sino que va más allá. Su meta oculta, o su segundo
destino, era, es, San Andrés de Teixido, aquel lugar al
que hay que ir vivo sino quieres ir de muerto. El fin del mundo
es solo una materia de trabajo, un espacio para la recreación
y el sentimentalismo. Finisterre no es más que el principio
de una nueva vida. Y esa es la tiene lugar cuando, dice Espido
Freire, “algunos viajeros se reúnen para ver la puesta
de sol”.
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Manuel Quiroga Clérigo nació
en Madrid, el 2 de junio de 1945. Es Doctor en Ciencias Políticas
y Sociología. También es poeta, crítico literario,
narrador y autor teatral. Colaborador en las principales publicaciones
literarias de España e Hispanoamérica, con más
de 2,000 trabajos de crítica literaria, creación
poética, entrevistas, reportajes, ensayos, etc. Ha publicado
los libros de poesía Fuimos pájaros rotos,
Homenaje a Neruda y Vigía, entre otros. Ha participado
en numerosos congresos nacionales e internacionales, conferencias,
presentaciones, etc. Autor de prólogos de obras ajenas
e incluido en diversas antologías, entre las que merecen
citarse: 2ª Antología del Resurgimiento (Barcelona,
1980), Premio Ricardo Vega (Madrid, 1991). Es 1994, presentó
el libro "Poesía Contemporánea en Lengua Maya"
-compilado por su compatriota Jaime B. Rosa- en la Casa de Cultura
de Calkiní. La edición fue patrocinada por cinco
ayuntamientos de Valencia, España. / Fuente:
Texto enviado por el autor, el 1° de febrero de 2010.
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