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Cuando anduvo Dios sobre la tierra/ - Amílcar Zúñiga Pliego*

 
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Llegó pidiendo posada, con facha de pordiosero, lleno de granos y llagas. Por su aspecto repugnante, era rechazado por los moradores de los lugares por donde pasaba. Tocó en la casa de una pareja de ancianos, que al ver el aspecto de aquél hombre, se conmovieron y uno de ellos dijo:

-Pase usted, pobre hombre, se nota que viene cansado y hambriento.

-Tenemos solamente un poco de frijol y tortillas. -Dijo la viejita a su esposo-.

-Pues mataremos una gallina para que el señor se alimente bien y pueda recuperarse pronto -Añadió el viejo.

Le ofrecieron lugar donde acomodarse, y mientras el viejito salía a agarrar el pollo, la esposa ponía a calentar el agua para pelarlo. Casi terminado de pelar el pollo, los viejitos oyeron la voz del huésped que se dirigía a ellos:

-Cuando terminen de pelar el pollo no tiren las plumas, recójanlas todas, hasta las más chicas, y métanlas al gallinero.

Los viejitos hicieron lo indicado, sin comprender por qué. Después de haber comido juntos un delicioso caldo de gallina y haber conversado un rato, llegó la hora de dormir y el anciano dijo al visitante.

-Duerma usted en la cama, se ve que necesita descansar. Nosotros dormiremos en la hamaca.

Durmieron como indicaron y a la media noche los viejitos despertaron de repente, (Dios los había despertado), y vieron que la cama era un hermoso altar. Sin embargo, de la misma forma, inmediatamente después volvieron a dormirse; quedaría como un simple sueño.

A la mañana siguiente, después de desayunar, se despidió dando las gracias por las atenciones recibidas. Apenas se había despedido el visitante, la viejita se dispuso a arreglar la cama. Al empezar a hacerlo, se dio cuenta de cierta cantidad de dinero que había quedado bajo la cobija e inmediatamente salió corriendo a alcanzar al señor.

-¡Eh! -le dijo-. Tome señor, se le ha caído en la cama.

-No -contestó-. Tómalo para ti, es mi manera de agradecer tu hospitalidad, a donde voy no lo necesito -dio la vuelta y paso a paso se perdió en la lejanía.

Mientras tanto, la viejita regresó a la casa. Al abrir el gallinero se encontró con una gran cantidad de gallinas y pollitos que habían salido de las plumas y plumitas guardadas en el gallinero el día anterior.

Recopilado de la Sra. Alicia Latourniere

 

* Amílcar Zúñiga Pliego reside en Palenque, Chiapas / Fuente: Pushcagua de cuentos palencanos. Selección y nota introductoria de Amílcar Zúñiga Pliego. Palenque, Chiapas; s/fecha; 92 Págs.