A
veces pienso que ya no existo,
los dioses del poder piensan por mí.
Ya
está bien de tragarse mi vida
y de abortarme la alegría de ser yo.
- Me digo tantas veces-.
Déjenme
hacer el camino
hacia mi mismo y olvídense que vivo.
Quiero
ser yo y mi vida,
el autor de lo que soy por Él, mi Dios.
Cesen,
pues, los dioses de aquí abajo
de manchar el libro de la existencia
con crímenes que son un asesinato
a la poesía que se gesta porque sí.
Transgredir
leyes naturales que son luz,
no es sólo culpa del que lo hace,
también de los que adoctrinan para hacerlo.
Dejad,
pues, que el nasciturus quiera ser él
y su vida, porque ya tiene vida,
el autor de lo que va a ser por Él, su Dios.
Vivir
es un poema que a todos nos pertenece.
Quién es nadie para matar por poder, ¡poder!
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