¡Te quiero, chiquillo,
de la misma forma que a la luz
en plena tempestad!
Amo, chiquillo,
las saltarinas mariposas de tus ojos,
los cascabeles que repican en tu boca,
la piel cordero de tus manos
y la blanca paloma de tu alma.
Quiero beber tu infantil dulzura
con sabor a frescos álamos.
Me gusta tener en silencio
la inocencia de tus travesuras.
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