Quiso
la autora efectuar la presentación de su libro en la comunidad
de Nunkiní, municipio de Calkiní, del estado de
Campeche; pues el contenido del texto es producto de una investigación,
que durante varios años, estuvo llevando a cabo en la citada
población.
Con
este trabajo, a decir del antropólogo mayista Mario Humberto
Ruz, “Nunkiní ingresa al mundo de la etnografía
maya por la puerta grande, y despliega ante nosotros su tenaz
aferrarse a prácticas milenarias al mismo tiempo que su
capacidad para insertarse en la modernidad”.
Su
autora, la antropóloga Cessia Esther Chuc Uc, es originaria
del poblado de Bécal, del municipio de Calkiní.
Es mayahablante. Hizo sus estudios de secundaria en la Escuela
Técnica de Calkiní. Su carrera, en la Universidad
Autónoma de Yucatán. Durante algunos años
trabajó en el Centro Coordinador Maya del Instituto Nacional
Indigenista, lo que le permitió compenetrarse con las comunidades
del área maya de los estados de Campeche y de Yucatán.
Actualmente trabaja en la Universidad Autónoma de Campeche,
y el libro que presenta forma parte de un aspecto académico
para obtener su grado de maestría
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Ts’ayatsil:
El don de la reciprocidad entre los mayas contemporáneos,
es el nombre de la obra.
Para
clarificar, analicemos algunos términos de ese título:
*
Ts’ayatsil, es una expresión maya
que puede traducirse como “ limosna y misericordia que uno
hace” ( Ramón Arzápalo Marín);
*
Don, en este caso, se aplica en la acepción
de cualidad, característica, habilidad, talento, modo de
ser.
*
Reciprocidad, entendida como corresponder; aportando
por algo recibido. Es una actitud que nace de la convicción
de que hay que mantener el equilibrio con el entorno natural y
social, y por lo mismo, proviene de lo más íntimo
del ser. Verla como una obligación nulifica la reciprocidad.
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El
maya es un gran observador de la naturaleza y, desde siempre,
se ha dado cuenta de la estrecha relación que con ella
tiene. No es el hombre y la naturaleza; sino el hombre como parte
de la naturaleza. Sabe su dependencia de ella: el aire, el agua,
la tierra, el sol; todos estos elementos aportan para la vida
humana, y por lo mismo, el hombre, debe corresponder por lo que
recibe y por eso es agradecido.
Una
actitud que ha superado el egoísmo de creer que estamos
en este mundo sólo para recibir beneficios de la naturaleza
y de la sociedad.
En
las actividades productivas agropecuarias de los nunkinienses,
han logrado persistir rituales a través del devenir histórico
del pueblo maya, y existe ese afán de reciprocar por los
dones que de la naturaleza recibe.
Percibe que para mantener la vida es necesario un reciclar constante,
y sólo restituyendo es posible la permanencia en el mundo.
Reitero, sabe que es uno con la naturaleza, que es parte de ella
y que a ella se debe. Es este un concepto muy arraigado en la
cosmovisión de los antiguos pueblos americanos.
Por
lecturas nos hemos enterado de aquella anécdota cuando
un presidente de los Estados Unidos de Norteamérica le
dirige una carta a un jefe indio, pidiéndole que le venda
la tierra. Éste se extraña por la solicitud que
le hacen y razona: me pide que le venda la tierra, cuando la tierra
no es nuestra, sino que nosotros somos de la tierra.
Así
mismo, vemos que está en la misma sintonía el filósofo
y poeta hindú Rabindranath Tagore, cuando expresa: “El
mismo torrente de vida de vida que corre por mis venas, corre
por el mundo y danza con ritmo…”, es la vida misma
que se manifiesta en el pasto, en las plantas, en los ríos
y arroyos que corren, en las mariposas, en los ciervos y en todo
lo que nos rodea.
Tienen
la perspectiva de los grandes visionarios que han llegado a vislumbrar
que los seres vivos no estamos separados, que somos uno, una misma
cosa.
………………………
Este
libro trata de Nunkiní. Nos informa de su ubicación
geográfica, su historia, su gente, sus costumbres, sus
tradiciones (los osos del carnaval, el ts’ulik’aak),
del uso del idioma maya como lengua principal. Sus actividades
productivas: la milpa, la horticultura, la floricultura, la apicultura,
la ganadería. Nos presenta los rituales con que agradece
a los dioses de la naturaleza: el t’akunaj
(la primicia) y el janlikool (comida de milpa),
que a un principio eran exclusivas del cultivo del maíz,
actualmente se han extendido a las actividades hortícola,
apícola y ganadera. La persistencia del sacerdote maya
(J-meen), y su preponderante papel en la preservación
de los ritos ancestrales. Las fiestas profanas como la vaquería
y las corridas de toros, etc. Es un libro para conocer; pero para
conocer muy bien a Nunkiní.
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Resumo
el contenido del libro con la siguiente comparación:
Imagino
una construcción material hecha de piedra, que de pronto
recibe la impetuosidad de una fuerte corriente de agua sobre ella.
De
ese impacto pueden resultar varias cosas; sin embargo, selecciono
dos:
1.
Que la corriente de agua arrase la construcción de piedra;
las riegue, y si éstas no son consistentes las desintegrará
y las convertirá en polvo que se diluirá en el líquido
y no quedará huella visible de aquella edificación.
2.
Que la construcción de piedra, a pesar de la fuerte corriente,
por su sólida cimentación, pueda mantenerse en su
lugar, y aunque remojada, logre resistir y allí estar las
dos –agua y construcción- compartiendo el mismo espacio.
Lo
enunciado en el primer punto es una metáfora de lo que
sucedió con muchas culturas prehispánicas ante la
fuerza del conquistador.
En
Nunkiní, sin lugar a dudas, se ha dado lo expresado en
el punto dos. La cultura maya ha sido tan resistente que ha pervivido
a los embates a través del devenir histórico, como
la conquista y la evangelización.
En
Nunkiní se habla el idioma español, pero persiste
como lengua espontánea el maya. Hay gente que viste a la
usanza occidental pero un gran porcentaje de ciudadanos conserva
el traje maya actual. El 99.9% de la población es católica,
pero los productores agropecuarios, y con ellos sus familias,
continúan practicando los rituales ancestrales para agradecer
a los dioses de la naturaleza. Hay sacerdote católico para
el culto religioso y para los rituales de las actividades agropecuarias
está el jmeen.
Esto
hace de Nunkiní una comunidad muy especial.
La
corriente o flujo de agua que rodea la construcción nunca
se ha detenido ni se detendrá. Actualmente son los avances
de la civilización los que agitan el líquido; sin
embargo, hay plena confianza porque la construcción material
haya almacenado “una experiencia tal” que le garantizará
una larga existencia en los años por venir.
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