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Comentario de "Ts'ayatsil: El don de la reciprocidad entre los mayas contemporáneos", de Cessia Chuc Uc/ - Carlos Suárez Arcila*

 
Portada
El texto fue leído en la presentación del libro de Cessia, en la comunidad de Nunkiní, el 12 de junio de 2009.
 

Quiso la autora efectuar la presentación de su libro en la comunidad de Nunkiní, municipio de Calkiní, del estado de Campeche; pues el contenido del texto es producto de una investigación, que durante varios años, estuvo llevando a cabo en la citada población.

Con este trabajo, a decir del antropólogo mayista Mario Humberto Ruz, “Nunkiní ingresa al mundo de la etnografía maya por la puerta grande, y despliega ante nosotros su tenaz aferrarse a prácticas milenarias al mismo tiempo que su capacidad para insertarse en la modernidad”.

Su autora, la antropóloga Cessia Esther Chuc Uc, es originaria del poblado de Bécal, del municipio de Calkiní. Es mayahablante. Hizo sus estudios de secundaria en la Escuela Técnica de Calkiní. Su carrera, en la Universidad Autónoma de Yucatán. Durante algunos años trabajó en el Centro Coordinador Maya del Instituto Nacional Indigenista, lo que le permitió compenetrarse con las comunidades del área maya de los estados de Campeche y de Yucatán. Actualmente trabaja en la Universidad Autónoma de Campeche, y el libro que presenta forma parte de un aspecto académico para obtener su grado de maestría

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Ts’ayatsil: El don de la reciprocidad entre los mayas contemporáneos, es el nombre de la obra.

Para clarificar, analicemos algunos términos de ese título:

* Ts’ayatsil, es una expresión maya que puede traducirse como “ limosna y misericordia que uno hace” ( Ramón Arzápalo Marín);

* Don, en este caso, se aplica en la acepción de cualidad, característica, habilidad, talento, modo de ser.

* Reciprocidad, entendida como corresponder; aportando por algo recibido. Es una actitud que nace de la convicción de que hay que mantener el equilibrio con el entorno natural y social, y por lo mismo, proviene de lo más íntimo del ser. Verla como una obligación nulifica la reciprocidad.

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El maya es un gran observador de la naturaleza y, desde siempre, se ha dado cuenta de la estrecha relación que con ella tiene. No es el hombre y la naturaleza; sino el hombre como parte de la naturaleza. Sabe su dependencia de ella: el aire, el agua, la tierra, el sol; todos estos elementos aportan para la vida humana, y por lo mismo, el hombre, debe corresponder por lo que recibe y por eso es agradecido.

Una actitud que ha superado el egoísmo de creer que estamos en este mundo sólo para recibir beneficios de la naturaleza y de la sociedad.

En las actividades productivas agropecuarias de los nunkinienses, han logrado persistir rituales a través del devenir histórico del pueblo maya, y existe ese afán de reciprocar por los dones que de la naturaleza recibe.
Percibe que para mantener la vida es necesario un reciclar constante, y sólo restituyendo es posible la permanencia en el mundo. Reitero, sabe que es uno con la naturaleza, que es parte de ella y que a ella se debe. Es este un concepto muy arraigado en la cosmovisión de los antiguos pueblos americanos.

Por lecturas nos hemos enterado de aquella anécdota cuando un presidente de los Estados Unidos de Norteamérica le dirige una carta a un jefe indio, pidiéndole que le venda la tierra. Éste se extraña por la solicitud que le hacen y razona: me pide que le venda la tierra, cuando la tierra no es nuestra, sino que nosotros somos de la tierra.

Así mismo, vemos que está en la misma sintonía el filósofo y poeta hindú Rabindranath Tagore, cuando expresa: “El mismo torrente de vida de vida que corre por mis venas, corre por el mundo y danza con ritmo…”, es la vida misma que se manifiesta en el pasto, en las plantas, en los ríos y arroyos que corren, en las mariposas, en los ciervos y en todo lo que nos rodea.

Tienen la perspectiva de los grandes visionarios que han llegado a vislumbrar que los seres vivos no estamos separados, que somos uno, una misma cosa.

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Este libro trata de Nunkiní. Nos informa de su ubicación geográfica, su historia, su gente, sus costumbres, sus tradiciones (los osos del carnaval, el ts’ulik’aak), del uso del idioma maya como lengua principal. Sus actividades productivas: la milpa, la horticultura, la floricultura, la apicultura, la ganadería. Nos presenta los rituales con que agradece a los dioses de la naturaleza: el t’akunaj (la primicia) y el janlikool (comida de milpa), que a un principio eran exclusivas del cultivo del maíz, actualmente se han extendido a las actividades hortícola, apícola y ganadera. La persistencia del sacerdote maya (J-meen), y su preponderante papel en la preservación de los ritos ancestrales. Las fiestas profanas como la vaquería y las corridas de toros, etc. Es un libro para conocer; pero para conocer muy bien a Nunkiní.

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Resumo el contenido del libro con la siguiente comparación:

Imagino una construcción material hecha de piedra, que de pronto recibe la impetuosidad de una fuerte corriente de agua sobre ella.

De ese impacto pueden resultar varias cosas; sin embargo, selecciono dos:

1. Que la corriente de agua arrase la construcción de piedra; las riegue, y si éstas no son consistentes las desintegrará y las convertirá en polvo que se diluirá en el líquido y no quedará huella visible de aquella edificación.

2. Que la construcción de piedra, a pesar de la fuerte corriente, por su sólida cimentación, pueda mantenerse en su lugar, y aunque remojada, logre resistir y allí estar las dos –agua y construcción- compartiendo el mismo espacio.

Lo enunciado en el primer punto es una metáfora de lo que sucedió con muchas culturas prehispánicas ante la fuerza del conquistador.

En Nunkiní, sin lugar a dudas, se ha dado lo expresado en el punto dos. La cultura maya ha sido tan resistente que ha pervivido a los embates a través del devenir histórico, como la conquista y la evangelización.

En Nunkiní se habla el idioma español, pero persiste como lengua espontánea el maya. Hay gente que viste a la usanza occidental pero un gran porcentaje de ciudadanos conserva el traje maya actual. El 99.9% de la población es católica, pero los productores agropecuarios, y con ellos sus familias, continúan practicando los rituales ancestrales para agradecer a los dioses de la naturaleza. Hay sacerdote católico para el culto religioso y para los rituales de las actividades agropecuarias está el jmeen.

Esto hace de Nunkiní una comunidad muy especial.

La corriente o flujo de agua que rodea la construcción nunca se ha detenido ni se detendrá. Actualmente son los avances de la civilización los que agitan el líquido; sin embargo, hay plena confianza porque la construcción material haya almacenado “una experiencia tal” que le garantizará una larga existencia en los años por venir.

 
 

* Carlos Fernando Suárez Arcila nació en Calkiní, en 1943. Ejerció la profesión de maestro en escuelas primarias y secundarias de los estados de Jalisco y Campeche (se jubiló en 1997). Fue regidor de Educación, Cultura y Deporte en dos ocasiones: En 1983-85, durante la administración municipal del Ismael Estrada Cuevas; y en 1989-1991, siendo alcalde Andy Uribe Cuevas. Prologó el libro "Historia Gráfica de Calkiní" (1982), de Manuel Herrera Pech; y participó -con artículos- en libros editados por la SECUD, y en la elaboración de guías didácticas sobre la enseñanza de la literatura. En julio de 2006 publicó "Ecos", su único libro. / Fuente: Ecos (Relatos, diálogos, reflexiones). Carlos Fernando Suárez Arcila. Maldonado Editores del Mayab. Mérida, Yucatán, 2006. 126 Págs.