Junio de agua, de últimos gritos escolares. Junio de polvo húmedo.
La revista Génali palindroma su número: 88. Es la repetición de la escritura; tinta que cae como el agua de junio; y el eco de las voces escolares que dentro de cuarenta días se despedirán del trabajo académico.
Junio de truenos, de relámpagos que apagan la luz eléctrica. Junio de papel cibernético. Junio de estrellas mojadas.
Junio
de versos y prosas. Nos toca leer los versos de Víctor,
Estela, Luis David, Francisco; las prosas de José Santiago
y, otra vez, Víctor. Nos toca sentir el agua de junio y
la frescura de las letras.
Junio
llega con calor, pero con líquidas sustancias; llega con
noches tristes, pero con alegres días. Y es junio, vaticinado
por Ramón Iván Suárez Caamal en un fragmento
del soneto "Mes de lluvias":
Junio:
no han de tardar los aguaceros
que laven el desgano de las chozas;
perfumarán el aire las mimosas,
la ruda y el llantén, los limoneros.
Se romperá aquel cántaro que encierra
las fuertes lluvias de la temporada
sobre los blancos huesos de la tierra.
(Memorial
de sueños; 1981)
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