u k’ay t’an aj mek’tan ik’e’
utz báxal
(los poemas del poeta son juego bueno)
Hace
medio Katun estuve en Calkiní voz con voz al lado de Waldemar
Noh Tzec. Era el año 1998 y presentamos y leímos
su libro Noj Bálam (El grande jaguar), fue un
nuevo reencuentro cíclico de hombres y de mujeres mayas,
de amigos y de poetas. Ahora reiniciamos el tzikbal,
volvemos a hablarnos. Yo –antes– había empezado
a transitar por el Camino Real campechano y yucateco
y había visto de muy cerca a los hombres y a las mujeres
mayas y había oído y escuchado las palabras mayas
de los abuelos y de los niños. Desde 1982 en Nohcacab-Sta.Elena,
ya en el Puuc, los menes y los poetas del Mayab
no me han dejado de contar y de cantar recreaciones del pasado
y creaciones del presente. Eran ya entonces –lo supe muy
pronto– las voces mayas de siempre, las voces de los precisos
signos jeroglíficos de las estelas y de los códices,
las voces danzantes del arquero flechador de los Cantares
de Dzitbalché, las voces esclavas y libres de héroes
legendarios como Nachí Cocom, Jacinto Kan Ek’, Cecilio
Chi’, Loreto Bak, Cresencio Poot o Felipe Carrillo Puerto.
Son esas voces silenciosas y alegres que murmuran, gritan y cantan
desde Bacalar a Tizimín, desde Izamal a Nohkah Santa Cruz,
desde Sakí a Ticul, desde Espita a Motul, desde Sotuta
a Hopelchén, desde Maní a Calkiní,... voces
que siguen hablando en las firmes ciudades de Campeche, T’Ho
y Chetumal. Son voces peninsulares antiguas, ni coloniales ni
colonizadas, voces más antiguas que las de los Chilam
Balam, voces recias como la ceiba, voces seguras como el
sacbé, voces claras como el cenote.
Y
de esas voces mayas lejanas e íntimas que merecen mi respeto
y que deben respetarse, nacen y se engrandecen las palabras de
Waldemar Noh Tzec, maestro de poetas, poeta de maestros, maestro
y poeta del pueblo maya. Waldemar ejerce siempre de maestro y
ejerce siempre de poeta, sabe que aquel que lee sus versos debe
escucharlos, por eso repite versos y palabras, para que aquel
que lee –el lector– los y las repita a aquel que no
lee y para que aquel que lo escucha los y las lea, porque todos
leemos las voces. El maestro es dzib-hombre y es bálam-maya;
la tierra, la vegetación, los animales, la lluvia, el sol,
el cielo,... todo es maya en el Mayab, digo es y digo
fue y puedo decir –Waldemar me lo facilita– será
porque fue y es. Los mayas crean el maíz y construyen ciudades,
programan el Tiempo para siempre y para siempre inventan
las palabras y los números. Los poetas mayas no duermen
nunca, los poetas mayas no dejan de escribir nunca, ahora le toca
el turno –el turno cíclico– a Waldemar Noh
Tzec, ahora él es el poeta maya de los poetas mayas; los
poetas de ayer lo vigilan, los poetas de hoy le acompañan
y los poetas de mañana lo esperan. Es el poeta de los sabios
y del pueblo sabio, es el poeta humilde que deshumilla a su pueblo,
un pueblo orgulloso que lo respeta, que lo mira y que lo deja
ser poeta porque es un maestro que sabe qué lengua usan
ellos y sabe usarla él, es el poeta maya de los mayas y
las palabras –como los bacabes– sostienen al mundo
y a los mayas... y los mayas tienen la palabra.
Waldemar
Noh Tzec domina y mima la lengua maya lo que le permite aprovechar
y usar debidamente todos los recursos literarios y ofrecernos
un espléndido tzeek-discurso narrado en verso. Así
en el nivel fónico-fonológico sabe que la repetición
de fonemas –ya sean reiterativos o contrastantes–
produce los efectos acústicos deseados (voces) a través
de aliteraciones, paranomasias o sinonimias. Cuando se trata del
nivel morfosintáctico (reduplicaciones, simetrías,...)
Waldemar no duda en buscar la armonía vocálica propia
de la lengua maya recurriendo, además, y ya en el nivel
léxico-semántico, a perfectas metáforas y
alegorías. Todos estos recursos rebasan la (re)construcción
lingüística y hacen del difrasismo o paralelismo el
eje central de un texto narrativo de sorprendente forma poética.
El viaje verso a verso que nos ofrece Waldemar Noh Tzec es un
viaje largo en el tiempo, ancho en el espacio, es un viaje que
empieza y que reinicia la narración frente el sepulcro
del hermano maya Cecilio Chi’ y termina con el encuentro
del hermano de sangre, de linaje, de lengua, con el hermano maya
Jacinto Kan Ek’. Los versos de Waldemar son una narración
para el hermano Ses y en su recorrido quebrado aparece el canto
y la guitarra de Víctor Jara (Ah Dzidz Jul), aparece
luego la Mukata palestina, la mukata maya del entierro
y del sepulcro ante la fuerza y la fama del (Chan Nuxi’)
viejo querido Yasser Arafat y aparece, finalmente, La lengua de
Albert Einstein, sabio jugador de los juegos bellos y
buenos del amor y sabio jugador de los juegos feos y malos de
la guerra el Beto de la gran bomba!-. Einstein es Al Bel Ain
Tam (Hijo del Camino Caimán de lo Profundo), Arafat
es Yaj Tzel Al Aj Pat (Costado Herido Hijo del Alfarero),
Jara es Bik T’on Jaj Laj (Cuidado de No Humillarte
Verdad que Abofetea). Einstein, Arafat, Jara, hermanos nuestros
–dice Waldemar– pero extranjeros de lenguas extrañas,
no como Jadz In T’on Kan Ek’ (Golpea el Humillarme
Estrella Cuatro), no como nuestro –sangre y lengua–
hermano Jas.
Viaje
de centenares de versos y de palabras, narración de mil
frases poéticas en donde el lenguaje de las voces se vuelve
ritual, se vuelve chilam(n), se vuelve cantar,... Waldemar
conoce de memoria el pasado y el presente, conoce de memoria las
palabras y las usa con memoria, son palabras mayas con memoria
maya pero sacrificadas, en ocasiones, a un mundo triste que afortunadamente
ha descubierto Waldemar y nos lo entrega en versos largos, en
versos cortos,... Ante el sepulcro de Cecilo Chi’ se hace
acompañar de Jacinto Kan Ek’ y ante la memoria de
Jacinto Kan Ek’ se hace acompañar de Cecilio Chi’,
son los hermanos a los que les cuenta su vida, sus vidas. Waldemar
narra en verso y versifica narrando, tiene los recursos lingüísticos
eficientes y los cimientos culturales suficientes. Es maya como
su lengua, y con la lengua maya se hace hombre, héroe y
poeta, el poeta que recuerda u mo’ol bálam
(la garra de jaguar), aj jul ik’ (el flechador
de los vientos), k’uk’ul t’an (la palabra
emplumada), u xit’a’an’ xik’ ma’lay
ik’ (las alas abiertas del huracán), el poeta
que no olvida el noj bej (camino real), que repite bin
in ka’ k’asik in kántech (voy a reiniciar
mi narración para ti), que afirma xinbalnaji a k’aba
(caminó tu nombre) y que dice muk kal (entiérrenlo
con su voz). Y cómo no admirar la tabil pax (guitarra)
de Aj Dzidz Jul (Víctor Jara), el Kala’an
ik’ yétel u tzo’otz kij ta pol
(el viento ebrio con los cabellos del henequén en tu cabeza)
de Aj báxal miatz (el sabio jugador Beto Einstein),
o el muk, muk’ y muuk (entierro-sepulcro,
fuerza y fama) de Yum Yas (Yasser Arafat).
Se
narran aquí historias importantes, se narran las batallas
de la vida hasta la muerte de hermanos nuestros (u tial in
kántech kanbe’n / u ba’te’el
u kuxtalil tak u kímil k-lak’o’ob), y
caminan aquí (xinbalnají) los discursos
y las palabras en el libro de mi corazón (ti’
u pik ju’un in puksi’k’ale’). Por
eso leyendo las voces de Waldemar –el poeta que confía
en el linaje, en el rostro y en la lengua mayas– descubrimos
que los corazones de Jacinto Kan Ek’ y Cecilio Chi’
han florecido y han fructificado:
| tu
tunben kol ik’tanil |
en
la milpa nueva de la poesía |
| tu
tunben kol kánil |
en
la milpa nueva de la narración |
| tu
tunben kol baldzámil |
en
la milpa nueva del teatro |
Waldemar
es poeta de Calkiní y del Mayab, pero es un poeta
que busca y encuentra donde sea y como sea las palabras, un poeta
que, ayer, también hoy, pasea sus palabras por la imperial-mexicana
Tenochtitlan y por los altos chiapanecos de selvas-zapatistas,
un poeta que ofrece sus voces a las flores mapuches y a las piedras
palestinas para que los sabios –Einstein y los demás–
entiendan las palabras-entrañas de Jacinto y de Cecilio
en unos versos cantados para ellos y que ellos –esos mayas
de siempre– han heredado en la memoria de Waldemar Noh Tzec,
guerrillero de las letras, defensor de los cuerpos. De Segimon
Serrallonga (1930-2002), también excelente poeta y buen
amigo, que escribió siempre en catalán, son estos
versos: Quan tot es fa extrem / només dolor
pot / acréixer la vida (Cuando todo se hace
extremo / sólo el dolor puede / acrecentar la vida). Y
es así, como los poetas sabios, que son los poetas del
pueblo, son los únicos poetas que saben narrar versos y
que saben conocer a la gente, son los poetas de las palabras y
de los corazones. Por esto, Waldemar Noh Tzec, sé que tú
eres un hombre feliz porque cantas la tristeza de la tragedia
y la fuerza de la resistencia, el amor más íntimo
y el odio más lejano, la frugalidad de la derrota y la
infinidad del triunfo, por eso el amigo te quiere cerca y el enemigo
te quiere lejos, por eso los coloniales heridos no te pueden callar
porque el poeta sabe que u jit’tus aj tuse’ k’as
báxal (las mentiras tejidas del mentiroso son juego
malo) y los mayas valientes escuchan tu palabra que fructifica
como la ceiba, que alegra las plazas de los pueblos y que penetra
en nuestras memorias. Waldemar Noh Tzec, eres tú un hombre
feliz porque te has preocupado y te has ocupado de tu pueblo y
de todos los pueblos –de los calkinís del
cuerpo y del alma- y lo has hecho con las palabras sabias de tu
lengua de siempre, con las voces de ese pasado mañana que
es el futuro del Mayab.
Manlleu,
Catalunya, febrero 2008.
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