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Noj Tzeek con memoria/ - Francesc Ligorred*

 
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(A manera de prólogo)


u k’ay t’an aj mek’tan ik’e’ utz báxal
(los poemas del poeta son juego bueno)

Hace medio Katun estuve en Calkiní voz con voz al lado de Waldemar Noh Tzec. Era el año 1998 y presentamos y leímos su libro Noj Bálam (El grande jaguar), fue un nuevo reencuentro cíclico de hombres y de mujeres mayas, de amigos y de poetas. Ahora reiniciamos el tzikbal, volvemos a hablarnos. Yo –antes– había empezado a transitar por el Camino Real campechano y yucateco y había visto de muy cerca a los hombres y a las mujeres mayas y había oído y escuchado las palabras mayas de los abuelos y de los niños. Desde 1982 en Nohcacab-Sta.Elena, ya en el Puuc, los menes y los poetas del Mayab no me han dejado de contar y de cantar recreaciones del pasado y creaciones del presente. Eran ya entonces –lo supe muy pronto– las voces mayas de siempre, las voces de los precisos signos jeroglíficos de las estelas y de los códices, las voces danzantes del arquero flechador de los Cantares de Dzitbalché, las voces esclavas y libres de héroes legendarios como Nachí Cocom, Jacinto Kan Ek’, Cecilio Chi’, Loreto Bak, Cresencio Poot o Felipe Carrillo Puerto. Son esas voces silenciosas y alegres que murmuran, gritan y cantan desde Bacalar a Tizimín, desde Izamal a Nohkah Santa Cruz, desde Sakí a Ticul, desde Espita a Motul, desde Sotuta a Hopelchén, desde Maní a Calkiní,... voces que siguen hablando en las firmes ciudades de Campeche, T’Ho y Chetumal. Son voces peninsulares antiguas, ni coloniales ni colonizadas, voces más antiguas que las de los Chilam Balam, voces recias como la ceiba, voces seguras como el sacbé, voces claras como el cenote.

Y de esas voces mayas lejanas e íntimas que merecen mi respeto y que deben respetarse, nacen y se engrandecen las palabras de Waldemar Noh Tzec, maestro de poetas, poeta de maestros, maestro y poeta del pueblo maya. Waldemar ejerce siempre de maestro y ejerce siempre de poeta, sabe que aquel que lee sus versos debe escucharlos, por eso repite versos y palabras, para que aquel que lee –el lector– los y las repita a aquel que no lee y para que aquel que lo escucha los y las lea, porque todos leemos las voces. El maestro es dzib-hombre y es bálam-maya; la tierra, la vegetación, los animales, la lluvia, el sol, el cielo,... todo es maya en el Mayab, digo es y digo fue y puedo decir –Waldemar me lo facilita– será porque fue y es. Los mayas crean el maíz y construyen ciudades, programan el Tiempo para siempre y para siempre inventan las palabras y los números. Los poetas mayas no duermen nunca, los poetas mayas no dejan de escribir nunca, ahora le toca el turno –el turno cíclico– a Waldemar Noh Tzec, ahora él es el poeta maya de los poetas mayas; los poetas de ayer lo vigilan, los poetas de hoy le acompañan y los poetas de mañana lo esperan. Es el poeta de los sabios y del pueblo sabio, es el poeta humilde que deshumilla a su pueblo, un pueblo orgulloso que lo respeta, que lo mira y que lo deja ser poeta porque es un maestro que sabe qué lengua usan ellos y sabe usarla él, es el poeta maya de los mayas y las palabras –como los bacabes– sostienen al mundo y a los mayas... y los mayas tienen la palabra.

Waldemar Noh Tzec domina y mima la lengua maya lo que le permite aprovechar y usar debidamente todos los recursos literarios y ofrecernos un espléndido tzeek-discurso narrado en verso. Así en el nivel fónico-fonológico sabe que la repetición de fonemas –ya sean reiterativos o contrastantes– produce los efectos acústicos deseados (voces) a través de aliteraciones, paranomasias o sinonimias. Cuando se trata del nivel morfosintáctico (reduplicaciones, simetrías,...) Waldemar no duda en buscar la armonía vocálica propia de la lengua maya recurriendo, además, y ya en el nivel léxico-semántico, a perfectas metáforas y alegorías. Todos estos recursos rebasan la (re)construcción lingüística y hacen del difrasismo o paralelismo el eje central de un texto narrativo de sorprendente forma poética. El viaje verso a verso que nos ofrece Waldemar Noh Tzec es un viaje largo en el tiempo, ancho en el espacio, es un viaje que empieza y que reinicia la narración frente el sepulcro del hermano maya Cecilio Chi’ y termina con el encuentro del hermano de sangre, de linaje, de lengua, con el hermano maya Jacinto Kan Ek’. Los versos de Waldemar son una narración para el hermano Ses y en su recorrido quebrado aparece el canto y la guitarra de Víctor Jara (Ah Dzidz Jul), aparece luego la Mukata palestina, la mukata maya del entierro y del sepulcro ante la fuerza y la fama del (Chan Nuxi’) viejo querido Yasser Arafat y aparece, finalmente, La lengua de Albert Einstein, sabio jugador de los juegos bellos y buenos del amor y sabio jugador de los juegos feos y malos de la guerra el Beto de la gran bomba!-. Einstein es Al Bel Ain Tam (Hijo del Camino Caimán de lo Profundo), Arafat es Yaj Tzel Al Aj Pat (Costado Herido Hijo del Alfarero), Jara es Bik T’on Jaj Laj (Cuidado de No Humillarte Verdad que Abofetea). Einstein, Arafat, Jara, hermanos nuestros –dice Waldemar– pero extranjeros de lenguas extrañas, no como Jadz In T’on Kan Ek’ (Golpea el Humillarme Estrella Cuatro), no como nuestro –sangre y lengua– hermano Jas.

Viaje de centenares de versos y de palabras, narración de mil frases poéticas en donde el lenguaje de las voces se vuelve ritual, se vuelve chilam(n), se vuelve cantar,... Waldemar conoce de memoria el pasado y el presente, conoce de memoria las palabras y las usa con memoria, son palabras mayas con memoria maya pero sacrificadas, en ocasiones, a un mundo triste que afortunadamente ha descubierto Waldemar y nos lo entrega en versos largos, en versos cortos,... Ante el sepulcro de Cecilo Chi’ se hace acompañar de Jacinto Kan Ek’ y ante la memoria de Jacinto Kan Ek’ se hace acompañar de Cecilio Chi’, son los hermanos a los que les cuenta su vida, sus vidas. Waldemar narra en verso y versifica narrando, tiene los recursos lingüísticos eficientes y los cimientos culturales suficientes. Es maya como su lengua, y con la lengua maya se hace hombre, héroe y poeta, el poeta que recuerda u mo’ol bálam (la garra de jaguar), aj jul ik’ (el flechador de los vientos), k’uk’ul t’an (la palabra emplumada), u xit’a’an’ xik’ ma’lay ik’ (las alas abiertas del huracán), el poeta que no olvida el noj bej (camino real), que repite bin in ka’ k’asik in kántech (voy a reiniciar mi narración para ti), que afirma xinbalnaji a k’aba (caminó tu nombre) y que dice muk kal (entiérrenlo con su voz). Y cómo no admirar la tabil pax (guitarra) de Aj Dzidz Jul (Víctor Jara), el Kala’an ik’ yétel u tzo’otz kij ta pol (el viento ebrio con los cabellos del henequén en tu cabeza) de Aj báxal miatz (el sabio jugador Beto Einstein), o el muk, muk’ y muuk (entierro-sepulcro, fuerza y fama) de Yum Yas (Yasser Arafat).

Se narran aquí historias importantes, se narran las batallas de la vida hasta la muerte de hermanos nuestros (u tial in kántech kanbe’n / u ba’te’el u kuxtalil tak u kímil k-lak’o’ob), y caminan aquí (xinbalnají) los discursos y las palabras en el libro de mi corazón (ti’ u pik ju’un in puksi’k’ale’). Por eso leyendo las voces de Waldemar –el poeta que confía en el linaje, en el rostro y en la lengua mayas– descubrimos que los corazones de Jacinto Kan Ek’ y Cecilio Chi’ han florecido y han fructificado:

tu tunben kol ik’tanil en la milpa nueva de la poesía
tu tunben kol kánil en la milpa nueva de la narración
tu tunben kol baldzámil en la milpa nueva del teatro

Waldemar es poeta de Calkiní y del Mayab, pero es un poeta que busca y encuentra donde sea y como sea las palabras, un poeta que, ayer, también hoy, pasea sus palabras por la imperial-mexicana Tenochtitlan y por los altos chiapanecos de selvas-zapatistas, un poeta que ofrece sus voces a las flores mapuches y a las piedras palestinas para que los sabios –Einstein y los demás– entiendan las palabras-entrañas de Jacinto y de Cecilio en unos versos cantados para ellos y que ellos –esos mayas de siempre– han heredado en la memoria de Waldemar Noh Tzec, guerrillero de las letras, defensor de los cuerpos. De Segimon Serrallonga (1930-2002), también excelente poeta y buen amigo, que escribió siempre en catalán, son estos versos: Quan tot es fa extrem / només dolor pot / acréixer la vida (Cuando todo se hace extremo / sólo el dolor puede / acrecentar la vida). Y es así, como los poetas sabios, que son los poetas del pueblo, son los únicos poetas que saben narrar versos y que saben conocer a la gente, son los poetas de las palabras y de los corazones. Por esto, Waldemar Noh Tzec, sé que tú eres un hombre feliz porque cantas la tristeza de la tragedia y la fuerza de la resistencia, el amor más íntimo y el odio más lejano, la frugalidad de la derrota y la infinidad del triunfo, por eso el amigo te quiere cerca y el enemigo te quiere lejos, por eso los coloniales heridos no te pueden callar porque el poeta sabe que u jit’tus aj tuse’ k’as báxal (las mentiras tejidas del mentiroso son juego malo) y los mayas valientes escuchan tu palabra que fructifica como la ceiba, que alegra las plazas de los pueblos y que penetra en nuestras memorias. Waldemar Noh Tzec, eres tú un hombre feliz porque te has preocupado y te has ocupado de tu pueblo y de todos los pueblos –de los calkinís del cuerpo y del alma- y lo has hecho con las palabras sabias de tu lengua de siempre, con las voces de ese pasado mañana que es el futuro del Mayab.

Manlleu, Catalunya, febrero 2008.

 
 

*Francesc Ligorred Perramon es lingüista por la ENAH (México, DF. 1979-1985) y ha sido investigador en la UADY (Mérida, Yuc. 1993-1999) especializándose en el estudio de la literatura maya contemporánea. Ha publicado, entre otros, los libros Consideraciones sobre la literatura oral de los mayas modernos, Lenguas indígenas de México y Centroamérica, U Mayathanoob ti ddzib / Las voces de la escritur, Presencia catalana en la península de Yucatán o Mayas y Coloniales. En la actualidad reside en Catalunya –reponiéndose de una grave enfermedad- y se encuenra preparando el estudio Los Mayas tienen la Palabra. / Fuente: Cecilio Chi' Yétel Jacinto Kan Ek' Ti' K-k'ajlay. Waldemar Noh Tzec. Col. Ah-Canul 9. Ayuntamiento de Calkiní, Campeche, noviembre de 2008; 120 págs.