Como
primera urgencia está la vida,
que es el primer verso de amor,
injertado por Dios para vivir.
En
el poder vivir está la urgencia
segunda, que nadie puede abortar,
amparad vivir donde hay vida,
es ley de luz que nos permite ver.
De
la concepción a la muerte,
es la tercera urgencia ética,
que exige amar sin medida el mundo.
Estas
tres urgencias avivan lo que vive:
sólo el amor nos sostiene humanos.
Una
vez desabrigados de afectos,
la depreciación de la vida está servida
y los depredadores cazan a los débiles.
Abriguemos
de ternura ininterrumpida
lo que no ha de interrumpirse: amar.
Que
donde calza el amor calza la vida.
Vida que nadie puede vivir por los demás.
Que los demás tampoco pueden tronchar.
Vida que no es hábito, sino virtud.
En
virtud del verbo, ¡dejad la poesía que viva!
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