(Año
de 1990 e.v., en una escuela secundaria de Kin - Cal, población
situada en la región del llamado "Camino del Rey")
Ese
día vi a Rosendo. De aquel muchacho alegre, jovial y vivaracho
no quedaba nada. Atribuí su estado a cuestiones propias
de su desarrollo, a la llegada de la adolescencia con ese flujo
de hormonas que inunda la sangre, modifica la bioquímica
y cambia la personalidad de nuestros jovenzuelos. Sin embargo,
al platicar con él, sospeché la existencia de algo
más que los consabidos problemas de la edad.
Dialogamos
largamente hasta que la conversación, como era mi propósito,
se enfocó en su persona, y consecuentemente, con el cambio
repentino que le estaba afectando.
Como
en el fondo mi joven interlocutor tenía el urgente deseo
de liberarse del peso que le oprimía el corazón,
me manifestó la pesadilla que le tenía postrado,
y casi llorando me dijo:
- De pronto surgió en mí un miedo terrible a la
muerte, y desde ese momento no puedo apartar esa idea de mi pensamiento.
No puedo dormir con tranquilidad, no siento ganas de comer, me
siento acosado. La idea me martiriza, me llena de terror y creo
que de seguir así me voy a volver loco. No puedo concentrarme
en nada, mucho menos en estudiar.
Después
de su confesión hubo un largo silencio. Él con su
mirada buscaba palabras que lo reconfortaran. Yo, dándole
vueltas a mis pensamientos, buscaba la forma de que pudiera entender
mi mensaje. Con decisión tomé la palabra y continué
la plática.
-
Tienes temor a la muerte porque ignoras mucho de ella; la ves
como extinción, como algo que acaba y aniquila, y no como
lo que realmente es.
Nuevamente
su mirada se hizo penetrante y me instaba a seguir hablando, lo
que aproveché para llevar el diálogo hacia donde
yo quería.
De
inmediato lo interrogué:
-
¿Conoces el mar?
-
Sí, sí lo conozco -contestó- y además
me he bañado en él.
-
¿Has visto con qué agua se van formando las olas
nuevas? -dije remarcando mis palabras.
Al
notar que la ventana hacia su conciencias se había abierto,
insistí:
-
Entonces ya has observado como con la misma agua de las que se
diluyen se forman las nuevas, y al diluirse éstas el proceso
continúa sin parar. Agua e impulso regresan al océano,
y de allí son tomados para continuar en una danza eterna
e interminable.
Vi
que mis palabras causaban el efecto que yo esperaba en el muchacho,
y aprovechando el momento continué:
-
Pues así es todo en la realidad circundante, no sólo
con las olas del mar, ese es el comportamiento de la naturaleza
y nuestra vida no tiene porque ser la excepción.
Como
si una venda se le hubiera caído de los ojos y la luz le
hiciera ver una nueva realidad, dijo:
-
Es muy clara y comprensible su explicación. No cabe duda
que a veces nuestros pensamientos, propios o heredados, nos maniatan,
nos condicionan y conducen hacia un callejón sin salida.
¡Qué importante es dialogar con nuestros semejantes,
pues su conceptos cambian nuestras ideas y nos hacen ver la vida
desde enfoques diferentes!
Yo,
con tono sentencioso, le dije:
-
Has de saber que la destrucción nunca se queda con la última
palabra; siempre de lo que aparentemente acaba renacen formas
nuevas. Percibe la existencia como algo que nunca termina, y si
esa etapa que llamamos VIDA ves que es pasajera, lógicamente
lo que llamamos MUERTE, ha de seguir el mismo comportamiento,
pues no ha de quedarse allí. Todo fluye, todo evoluciona
y en cierto momento se regresa a la fuente original. Tu cuerpo
físico está conformado de elementos tomados de la
naturaleza y hacia ella han de regresar para ser nuevamente retomados
por los siglos de los siglos...
Yo
sabía que las cosas no eran tan mecánicas como las
expresaba, que indudablemente son más profundas; pero en
ese momento dieron buen resultado.
Al
verlo reanimado le indiqué:
-
Todo está cambiando. Tu cuerpo físico, tus pensamientos
están cambiando a cada momento. La tarea consiste en que
busques los medios adecuados para llegar a esa parte de ti que
no cambia y es eterna; ese es tu yo verdadero, y cuando lo hayas
experimentado conocerás el secreto de la inmortalidad y
te darás cuenta que el miedo que ahora sientes se irá
desvaneciendo como lo hace la oscuridad ante los rayos del nuevo
día.
Anda
a la biblioteca y pide el relato sobre el Ave Fénix. Mucha
gente cree que no es más que una fantasía, porque
no han entendido su verdadera esencia. Yo te digo que encierra
una gran verdad.
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