Haz clic
 

El Ave Fénix/ - Carlos Suárez Arcila*

 
Portada
 

(Año de 1990 e.v., en una escuela secundaria de Kin - Cal, población situada en la región del llamado "Camino del Rey")

Ese día vi a Rosendo. De aquel muchacho alegre, jovial y vivaracho no quedaba nada. Atribuí su estado a cuestiones propias de su desarrollo, a la llegada de la adolescencia con ese flujo de hormonas que inunda la sangre, modifica la bioquímica y cambia la personalidad de nuestros jovenzuelos. Sin embargo, al platicar con él, sospeché la existencia de algo más que los consabidos problemas de la edad.

Dialogamos largamente hasta que la conversación, como era mi propósito, se enfocó en su persona, y consecuentemente, con el cambio repentino que le estaba afectando.

Como en el fondo mi joven interlocutor tenía el urgente deseo de liberarse del peso que le oprimía el corazón, me manifestó la pesadilla que le tenía postrado, y casi llorando me dijo:

- De pronto surgió en mí un miedo terrible a la muerte, y desde ese momento no puedo apartar esa idea de mi pensamiento. No puedo dormir con tranquilidad, no siento ganas de comer, me siento acosado. La idea me martiriza, me llena de terror y creo que de seguir así me voy a volver loco. No puedo concentrarme en nada, mucho menos en estudiar.

Después de su confesión hubo un largo silencio. Él con su mirada buscaba palabras que lo reconfortaran. Yo, dándole vueltas a mis pensamientos, buscaba la forma de que pudiera entender mi mensaje. Con decisión tomé la palabra y continué la plática.

- Tienes temor a la muerte porque ignoras mucho de ella; la ves como extinción, como algo que acaba y aniquila, y no como lo que realmente es.

Nuevamente su mirada se hizo penetrante y me instaba a seguir hablando, lo que aproveché para llevar el diálogo hacia donde yo quería.

De inmediato lo interrogué:

- ¿Conoces el mar?

- Sí, sí lo conozco -contestó- y además me he bañado en él.

- ¿Has visto con qué agua se van formando las olas nuevas? -dije remarcando mis palabras.

Al notar que la ventana hacia su conciencias se había abierto, insistí:

- Entonces ya has observado como con la misma agua de las que se diluyen se forman las nuevas, y al diluirse éstas el proceso continúa sin parar. Agua e impulso regresan al océano, y de allí son tomados para continuar en una danza eterna e interminable.

Vi que mis palabras causaban el efecto que yo esperaba en el muchacho, y aprovechando el momento continué:

- Pues así es todo en la realidad circundante, no sólo con las olas del mar, ese es el comportamiento de la naturaleza y nuestra vida no tiene porque ser la excepción.

Como si una venda se le hubiera caído de los ojos y la luz le hiciera ver una nueva realidad, dijo:

- Es muy clara y comprensible su explicación. No cabe duda que a veces nuestros pensamientos, propios o heredados, nos maniatan, nos condicionan y conducen hacia un callejón sin salida. ¡Qué importante es dialogar con nuestros semejantes, pues su conceptos cambian nuestras ideas y nos hacen ver la vida desde enfoques diferentes!

Yo, con tono sentencioso, le dije:

- Has de saber que la destrucción nunca se queda con la última palabra; siempre de lo que aparentemente acaba renacen formas nuevas. Percibe la existencia como algo que nunca termina, y si esa etapa que llamamos VIDA ves que es pasajera, lógicamente lo que llamamos MUERTE, ha de seguir el mismo comportamiento, pues no ha de quedarse allí. Todo fluye, todo evoluciona y en cierto momento se regresa a la fuente original. Tu cuerpo físico está conformado de elementos tomados de la naturaleza y hacia ella han de regresar para ser nuevamente retomados por los siglos de los siglos...

Yo sabía que las cosas no eran tan mecánicas como las expresaba, que indudablemente son más profundas; pero en ese momento dieron buen resultado.

Al verlo reanimado le indiqué:

- Todo está cambiando. Tu cuerpo físico, tus pensamientos están cambiando a cada momento. La tarea consiste en que busques los medios adecuados para llegar a esa parte de ti que no cambia y es eterna; ese es tu yo verdadero, y cuando lo hayas experimentado conocerás el secreto de la inmortalidad y te darás cuenta que el miedo que ahora sientes se irá desvaneciendo como lo hace la oscuridad ante los rayos del nuevo día.

Anda a la biblioteca y pide el relato sobre el Ave Fénix. Mucha gente cree que no es más que una fantasía, porque no han entendido su verdadera esencia. Yo te digo que encierra una gran verdad.

 
 

* Carlos Fernando Suárez Arcila nació en Calkiní, en 1943. Ejerció la profesión de maestro en escuelas primarias y secundarias de los estados de Jalisco y Campeche (se jubiló en 1997). Fue regidor de Educación, Cultura y Deporte en dos ocasiones: En 1983-85, durante la administración municipal del Ismael Estrada Cuevas; y en 1989-1991, siendo alcalde Andy Uribe Cuevas. Prologó el libro "Historia Gráfica de Calkiní" (1982), de Manuel Herrera Pech; y participó -con artículos- en libros editados por la SECUD, y en la elaboración de guías didácticas sobre la enseñanza de la literatura. En julio de 2006 publicó "Ecos", su único libro. / Fuente: Ecos (Relatos, diálogos, reflexiones). Carlos Fernando Suárez Arcila. Maldonado Editores del Mayab. Mérida, Yucatán, 2006. 126 Págs.